DWS vaticina que el oro volverá a 5.000 dólares en 2026

La gestora del grupo Deutsche Bank sostiene que las dinámicas estructurales del metal siguen intactas y proyecta una nueva escalada hasta los 5.000 dólares por onza. La banca española ha aumentado discretamente la exposición al oro en sus carteras defensivas.

El precio del oro apunta de nuevo a los 5.000 dólares por onza en 2026, según la previsión de DWS, la gestora del grupo Deutsche Bank que vaticina un nuevo máximo histórico para el metal precioso.

Claves de la operación

  • DWS proyecta una vuelta a los 5.000 dólares. Taylor Smith, gestor de la firma, sostiene que las dinámicas estructurales que llevaron al oro a esos niveles siguen intactas y se reactivarán a lo largo de este año.
  • El oro consolida su papel como refugio frente a la deuda soberana. El interés institucional se mantiene firme por la presión sobre las cuentas públicas en EE.UU. y Europa, junto al riesgo geopolítico abierto en varios frentes.
  • Implicación directa para el inversor español. Los fondos cotizados sobre oro físico siguen captando flujos en la bolsa española y los gestores patrios elevan ponderación en carteras defensivas.

Por qué DWS insiste en los 5.000 dólares

La tesis de Taylor Smith no surge en el vacío. El oro ya tocó cotas históricas en los meses previos, y la gestora alemana entiende que la corrección posterior no ha desactivado los motores de fondo: tipos reales bajos en términos relativos, compras sostenidas de bancos centrales emergentes y desconfianza creciente sobre la sostenibilidad de la deuda estadounidense.

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Analizamos esta proyección con cierta cautela. Las previsiones a doce meses sobre materias primas tienen un historial irregular, y DWS no es ajena a ello. Sin embargo, el argumento de Smith se sostiene en variables estructurales, no en una apuesta táctica. Esa diferencia importa.

El metal se ha convertido, de hecho, en uno de los pocos activos que han batido al S&P 500 en los últimos veinticuatro meses. La cifra asusta. Conviene mirarla despacio.

De acuerdo con los datos del World Gold Council, las compras netas de bancos centrales se han mantenido por encima de las 1.000 toneladas anuales durante tres ejercicios consecutivos, un patrón sin precedentes en la serie histórica reciente. Polonia, China, India y Turquía concentran buena parte de esa demanda institucional.

El refugio que el dinero europeo ya no quiere soltar

El comportamiento del oro durante 2025 dejó una lectura incómoda para los gestores tradicionales: la correlación negativa con la renta variable que se daba por descontada se ha desdibujado. El metal ha subido con las bolsas y también ha aguantado en las correcciones. Eso lo convierte, paradójicamente, en menos predecible y más atractivo a la vez.

En España, los ETF respaldados por oro físico cotizados en BME Growth y los productos comercializados por las grandes gestoras han acelerado captaciones. CaixaBank AM, Santander AM y BBVA AM han elevado discretamente la exposición al oro en sus fondos perfilados defensivos, según se desprende de los informes trimestrales remitidos a la CNMV.

Y ahí está el matiz. El inversor minorista español, tradicionalmente reacio a las materias primas, ha entrado en oro vía fondo y vía ETF con un volumen que no se veía desde 2011. La diferencia respecto a aquel ciclo es que ahora el comprador no busca rentabilidad rápida: busca cobertura.

Observamos un cambio de fondo: el oro ha dejado de ser un activo táctico para una minoría y se ha convertido en posición estructural en las carteras conservadoras europeas.

Qué se juega el inversor si DWS acierta (y si no)

Llegar a 5.000 dólares por onza implicaría una revalorización notable desde los niveles actuales y una capitalización del mercado del oro físico que rebasaría con holgura los 22 billones de dólares. Para ponerlo en contexto: equivaldría a más del doble de la capitalización conjunta de las siete grandes tecnológicas estadounidenses al cierre del primer trimestre.

El precedente español pesa. Hace quince años, cuando el oro escaló hasta los 1.900 dólares en plena crisis del euro, la banca patria apenas tenía exposición indirecta al metal. La fotografía de hoy es distinta: BBVA, Santander y CaixaBank ofrecen producto estructurado vinculado a oro, y firmas como Renta 4 o Bestinver han incorporado el activo en sus modelos de asignación. La industria española de gestión, que durante décadas miró al oro con desdén anglosajón, lo ha integrado por la vía de los hechos.

Cabe recordar que la previsión de DWS no es unánime en el sector. Goldman Sachs sitúa el rango más conservador y JPMorgan ha rebajado expectativas en su última revisión sectorial. La pregunta incómoda es si los fundamentales que cita Smith —tensiones geopolíticas, déficits soberanos, compras de bancos centrales— pueden sostenerse sin un detonante adicional. La respuesta honesta es que no lo sabemos.

El próximo test llega con la publicación de los datos de inflación de la zona euro y con la reunión del BCE de junio. Si el banco central confirma el sesgo acomodaticio que el mercado descuenta, el oro tendrá un viento de cola adicional. Si no, la previsión de los 5.000 dólares se complica. El calendario manda.


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