Álvaro de María: Bitcoin redefine la propiedad y debilita al Estado

El divulgador Álvaro de María defiende en el canal de Juan Ramón Rallo que la autocustodia de bitcoin inaugura una forma de propiedad que escapa al control estatal. Rallo introduce matices al alcance real de esa tesis.

El debate sobre el papel del Estado en la era digital tiene en Bitcoin uno de sus catalizadores más incómodos. En una conversación reciente publicada en el canal de Juan Ramón Rallo, el divulgador Álvaro de María sostiene que la criptomoneda no es solo un activo financiero, sino una redefinición profunda del concepto de propiedad capaz, según él, de erosionar las bases sobre las que se sostiene el poder estatal moderno.

La tesis no es menor. Lo que plantea De María va más allá del clásico argumento monetario sobre la inflación o la independencia frente a los bancos centrales. Apunta a algo más estructural: la naturaleza misma de lo que significa poseer algo en un entorno donde nadie puede quitártelo por la fuerza.

Publicidad

Una propiedad que no necesita permiso del Estado

Durante la entrevista, De María explica que la propiedad, tal como la entendemos en Occidente, ha estado siempre mediada por el Estado. Una casa, una cuenta bancaria, un coche o incluso una empresa son tuyos en la medida en que un registro público, respaldado por el monopolio de la violencia estatal, así lo certifica. El Estado puede embargar, congelar, expropiar o gravar prácticamente cualquier bien tangible o financiero porque controla los registros que definen su titularidad.

Bitcoin, sostiene el invitado de Rallo, rompe ese esquema por primera vez en la historia. Quien custodia sus claves privadas posee de forma efectiva e incondicional sus bitcoins, sin necesidad de un tercero que valide o registre esa propiedad. La autocustodia convierte al individuo en soberano monetario, una posición que hasta ahora estaba reservada a los propios Estados.

El argumento de la disolución estatal

Aquí es donde el análisis se vuelve provocador. De María plantea que si una proporción significativa de la riqueza global migra hacia un activo que el Estado no puede confiscar ni inflar, la capacidad coercitiva y recaudatoria del aparato público se reduce de forma drástica. No desaparece el Estado de un día para otro, matiza, pero sí se debilitan sus dos pilares clásicos: el monopolio del dinero y la capacidad de gravar la riqueza acumulada.

Bitcoin no compite con el euro o con el dólar: compite con la idea misma de que el Estado pueda decidir qué es propiedad y qué no.

— Álvaro de María, en el canal de Juan Ramón Rallo

El razonamiento se apoya en una observación histórica. Los Estados modernos consolidaron su poder en paralelo a la centralización del sistema monetario, primero con la acuñación, después con la banca central y finalmente con el dinero fiat sin respaldo. Si esa cadena se rompe, argumenta De María, el modelo de Estado-nación tal como lo conocemos pierde una de sus herramientas más eficaces para financiarse y sostenerse.

Rallo introduce los matices

El propio Juan Ramón Rallo, conocido por su rigor analítico, no compra la tesis sin reservas. A lo largo de la conversación introduce matices relevantes. Recuerda que el Estado tiene capacidad para regular los puntos de entrada y salida del ecosistema cripto, los llamados on-ramps y off-ramps, y que mientras la mayor parte de la economía siga funcionando en moneda fiat, la presión fiscal y regulatoria seguirá siendo efectiva sobre el grueso de la población.

Además, plantea Rallo, una cosa es la teoría de la propiedad incautable y otra muy distinta la práctica cotidiana, donde la mayoría de los usuarios delegan la custodia en exchanges centralizados que sí están bajo jurisdicción estatal. La promesa libertaria de Bitcoin, en ese sentido, exige una alfabetización técnica que dista mucho de ser universal.

Más allá del debate ideológico

El intercambio entre ambos tiene también una dimensión filosófica que vale la pena destacar. De María insiste en que Bitcoin no debe entenderse únicamente como una herramienta de protesta antisistema, sino como una innovación institucional comparable, en su impacto, a la imprenta o a la propia aparición del dinero metálico. Cambia las reglas de un juego que llevaba siglos jugándose con las mismas piezas.

Rallo, por su parte, se muestra escéptico ante los pronósticos más maximalistas. Reconoce el potencial disruptivo de la red, pero advierte contra el determinismo tecnológico que asume que una innovación, por el mero hecho de existir, transformará automáticamente las estructuras sociales. La historia, recuerda, está llena de tecnologías revolucionarias que terminaron domesticadas por el poder establecido.

Implicaciones para el inversor y el ciudadano

Para el lector que sigue el ecosistema cripto desde una óptica financiera, la conversación aporta una capa adicional al análisis habitual. Más allá del precio o de la adopción institucional, lo que está en juego, según el planteamiento de De María, es una redefinición de la relación entre individuo y poder político que tendrá consecuencias a largo plazo, sea cual sea el desenlace.

Conviene leer el debate con cautela. Las tesis sobre la disolución del Estado mediante tecnología llevan décadas formulándose, y los Estados han demostrado una notable capacidad de adaptación. Pero también es cierto que el escenario regulatorio europeo y estadounidense de los últimos meses, con marcos como MiCA ya plenamente operativos en la Unión Europea, sugiere que las administraciones perciben el desafío como real, no como una distracción ideológica.

La pregunta de fondo, la que queda flotando tras escuchar a De María, es si estamos ante un cambio de paradigma comparable a los grandes saltos institucionales de la historia o ante una nueva clase de activo que terminará integrándose, dócilmente, en el sistema vigente. La respuesta, probablemente, no se conocerá durante esta década.

Puedes ver la conversación completa entre Juan Ramón Rallo y Álvaro de María a continuación:


Publicidad