Repsol y Eni han cerrado un acuerdo con el Gobierno de Venezuela para iniciar las exportaciones de gas natural a finales de 2031. El pacto, adelantado por Bloomberg este lunes, marca un punto de inflexión en las relaciones energéticas entre las petroleras europeas y Caracas tras años de tensiones diplomáticas y sanciones internacionales.
La noticia llega en un momento en que Europa sigue buscando alternativas para diversificar su suministro energético. Venezuela posee las mayores reservas probadas de gas natural de América Latina y las octavas del mundo. Que dos de las principales energéticas del continente apuesten por desarrollarlas dice mucho del cambio de viento geopolítico.
Un acuerdo que llevaba años gestándose
Según la información publicada por Bloomberg, el entendimiento entre Repsol, Eni y PDVSA contempla el desarrollo de campos gasíferos en aguas del Caribe venezolano. Las exportaciones comenzarían hacia finales de 2031, con volúmenes iniciales que no se han detallado públicamente. Lo que sí trasciende es que el destino principal sería Trinidad y Tobago, desde donde el gas podría licuarse y exportarse a mercados internacionales.
El esquema no es nuevo. Repsol y Eni ya operan en el país a través de la empresa mixta Cardón IV, que explota el campo Perla, uno de los mayores yacimientos de gas offshore de Latinoamérica. Pero la producción de Perla se destina al mercado interno venezolano. Este nuevo acuerdo abre por primera vez la puerta a la exportación directa, algo que Caracas había bloqueado durante décadas por razones políticas y de soberanía energética.
Trinidad y Tobago entra en la ecuación porque su infraestructura de licuefacción tiene capacidad ociosa. Sus propios campos maduros producen menos gas cada año. Conectar las reservas venezolanas con las plantas de Atlantic LNG permitiría revitalizar una industria que necesita moléculas con urgencia.
El contexto de sanciones y la flexibilización estadounidense
No se puede entender este movimiento sin hablar de sanciones. Estados Unidos mantiene restricciones sobre el sector petrolero venezolano desde 2019, aunque ha ido concediendo licencias específicas a Chevron y, de forma más limitada, a operadores europeos. En noviembre de 2025, Washington renovó la licencia general que permite ciertas operaciones en el país, y hay indicios de que podría ampliar su alcance en los próximos meses.
Repsol y Eni han operado en Venezuela bajo un régimen de excepciones. Sus actividades en Cardón IV cuentan con autorización del Departamento del Tesoro, pero cualquier expansión significativa —como la que implica este acuerdo de exportación— requiere luz verde adicional. Fuentes del sector citadas por Bloomberg indican que las conversaciones con la OFAC llevan meses en curso.
El Gobierno de Nicolás Maduro, por su parte, lleva tiempo intentando atraer inversión extranjera para reactivar un sector energético en declive. La producción petrolera venezolana cayó de más de 3 millones de barriles diarios en su pico a menos de 900.000 en los peores momentos de la crisis. El gas, menos afectado por las sanciones, representa una vía alternativa para generar divisas.

Lo que este acuerdo revela sobre la estrategia de Repsol
Para Repsol, Venezuela siempre ha sido un activo incómodo pero valioso. La compañía española fue una de las primeras europeas en apostar por el país en los años noventa, y ha mantenido presencia incluso en los momentos más difíciles. Su participación en Cardón IV le da acceso a reservas de gas que, en un escenario de precios favorables y marco regulatorio estable, podrían generar retornos significativos.
Pero hay riesgos evidentes. La situación política de Venezuela sigue siendo volátil. Las sanciones pueden endurecerse si cambia la administración en Washington o si Caracas da pasos que la comunidad internacional considere inaceptables. Y el historial de PDVSA como socio fiable no invita precisamente al optimismo: impagos, cambios unilaterales de contratos y falta de inversión en mantenimiento han sido la norma durante años.
Dicho esto, creo que el movimiento tiene lógica desde una perspectiva de cartera. Repsol está reduciendo su exposición al petróleo convencional y apostando por gas natural como combustible de transición. Venezuela, con sus reservas gigantescas y costes de extracción relativamente bajos, encaja en esa estrategia si —y es un si grande— las condiciones permiten operar con normalidad.
Eni sigue un razonamiento similar. La italiana ha sido más agresiva en buscar gas en África y Oriente Medio, pero Latinoamérica ofrece diversificación geográfica y, en el caso venezolano, proximidad a mercados atlánticos que demandan GNL.
El horizonte de 2031 puede parecer lejano, pero los proyectos gasíferos de esta escala requieren años de desarrollo. Si el acuerdo se firma formalmente en los próximos meses y las aprobaciones regulatorias avanzan según lo previsto, las inversiones iniciales podrían comenzar en 2027. Habrá que ver si el contexto político lo permite. Lo que está claro es que, por primera vez en mucho tiempo, hay un plan concreto sobre la mesa para monetizar el gas venezolano en mercados internacionales.
Queda una pregunta sin responder: qué papel jugará el Gobierno español en todo esto. Las relaciones diplomáticas entre Madrid y Caracas han pasado por fases muy distintas. Un proyecto de esta envergadura, liderado por la principal energética del IBEX, inevitablemente tendrá dimensión política. De momento, el Ministerio de Asuntos Exteriores no se ha pronunciado.




