Siete semanas de conflicto en Oriente Medio han bastado para resucitar un fantasma que los mercados creían enterrado: la estanflación economía global. Los próximos datos de encuestas empresariales, que se publicarán a finales de abril de 2026, reflejarán por primera vez el impacto acumulado de la guerra. Y las expectativas no son buenas.
El petróleo Brent acumula una subida del 23% desde el inicio de las hostilidades. El gas natural europeo ha repuntado un 18%. Los fletes marítimos por el estrecho de Ormuz se han encarecido un 34%, según datos que recoge Bloomberg Markets en su último análisis del 18 de abril. Todo esto alimenta una inflación que ya mostraba resistencia a bajar antes del conflicto.
El PMI empresarial anticipa el golpe
Los indicadores adelantados de actividad económica serán la primera prueba de fuego. Los PMI de abril, que se conocerán entre el 23 y el 25 de este mes, incorporarán las respuestas de gestores de compras que han visto cómo sus costes de aprovisionamiento se disparaban. La pregunta no es si habrá deterioro. La pregunta es cuánto.
En Europa, el consenso de analistas espera que el PMI manufacturero caiga por debajo de 46 puntos, territorio de contracción acelerada. Alemania, con su dependencia energética y su industria exportadora, podría registrar lecturas cercanas a 44. Francia e Italia no quedan lejos. España, algo más protegida por su mix energético, podría aguantar en el entorno de 47-48.
Esto importa porque el PMI no es solo un número. Es la síntesis de miles de decisiones empresariales: reducir pedidos, aplazar inversiones, recortar plantilla. Cuando el indicador cae de forma sostenida, el empleo industrial sigue tres o cuatro meses después.
Inflación y recesión: la combinación maldita
El problema de fondo es que los bancos centrales se enfrentan a un dilema sin solución limpia. Si mantienen tipos altos para combatir la inflación guerra Irán, ahogan una economía ya debilitada. Si los bajan para estimular el crecimiento, la inflación se enquista. No hay salida cómoda.
Christine Lagarde ha evitado comprometerse con ninguna senda de tipos en sus últimas intervenciones. El BCE mantiene el tipo de depósito en el 2,75%, pero el mercado ya no descuenta bajadas adicionales para este año. Al contrario: algunos operadores empiezan a apostar por una pausa prolongada o incluso por una subida si la inflación subyacente repunta hacia el 4%.
En Estados Unidos, la Reserva Federal afronta presiones similares. Los precios de la gasolina han subido un 0,40 dólares por galón en marzo, y abril apunta a más. El consumidor estadounidense, que había mantenido el gasto contra viento y marea, empieza a dar señales de fatiga. Las ventas minoristas de marzo decepcionaron, y los datos de confianza del consumidor muestran el nivel más bajo desde octubre de 2023.

El espectro de la recesión Europa 2026
Hablemos claro: el riesgo de recesión Europa 2026 ya no es un escenario pesimista. Es el escenario base de varios bancos de inversión. Goldman Sachs elevó la semana pasada su probabilidad de recesión técnica en la eurozona al 45%. JPMorgan sitúa el dato en el 50%. Citi, que suele ser más optimista, habla del 40%.
¿Qué significa recesión técnica? Dos trimestres consecutivos de contracción del PIB. No un desplome. No una crisis financiera. Pero sí un parón que destruye empleo, reduce inversión y contrae la demanda interna. En un contexto de precios al alza, eso es estanflación. Y la estanflación es el peor escenario para los ciudadanos: pagas más y ganas menos.
Creo que el debate sobre si estamos en estanflación o a punto de entrar en ella es, en cierto modo, semántico. Los hogares europeos ya sienten la presión. Los márgenes empresariales se estrechan. Las expectativas de beneficios para el segundo semestre se revisan a la baja. El mercado de bonos lo refleja: la curva de tipos sigue invertida en varios tramos.
Lo que me parece más relevante es cómo reaccionarán los gobiernos. La tentación de recurrir al gasto público para amortiguar el golpe es enorme. Pero el espacio fiscal es limitado. Francia tiene un déficit del 5,2% del PIB. Italia supera el 4%. España ronda el 3,5%, y eso sin nuevas medidas. Las reglas fiscales europeas, suspendidas durante la pandemia, vuelven a estar vigentes desde enero de 2025. Ahora toca cumplirlas.
Lo que viene: sin certezas pero con señales
Los próximos dos meses serán decisivos. El BCE se reúne el 5 de junio y tendrá sobre la mesa los datos de inflación de abril y mayo, además de los PMI. Si la inflación sigue por encima del 3% y la actividad económica se contrae, la institución tendrá que elegir qué mandato prioriza. No puede cumplir los dos a la vez.
Mientras tanto, el conflicto en Oriente Medio no muestra signos de desescalada. Las negociaciones diplomáticas avanzan despacio. El precio del crudo podría subir más si las hostilidades se extienden al estrecho de Ormuz de forma directa. Por ahora, los ataques se han limitado a objetivos militares. Pero el riesgo de interrupción del tráfico petrolero sigue sobre la mesa.
La estanflación economía global no es inevitable. Pero tampoco es descartable. Lo que sí es seguro es que los mercados han dejado de ignorar el riesgo. Y cuando los mercados lo ponen en precio, las decisiones empresariales y de consumo empiezan a reflejarlo. El bucle, una vez iniciado, es difícil de romper.
Habrá que esperar a los PMI de finales de abril para tener una primera lectura fiable. Y a los datos de inflación de mayo para calibrar si el repunte energético se traslada a los precios generales. Hasta entonces, lo prudente es prepararse para un escenario más duro del que teníamos hace apenas dos meses.




