Los airdrops —ese reparto gratuito de tokens que tantos proyectos usaban para crear comunidad— tienen los días contados. Delphi Digital, la firma de investigación, acaba de soltar un jarro de agua fría: entre el 78% y el 94% de las carteras que recibieron seis tokens populares vendieron la mayoría en menos de 90 días. Dicho de otro modo, regalar monedas no fideliza, solo genera vendedores. Solo un 6% retiene a largo plazo.
El estudio rastreó 3,7 millones de carteras a lo largo de cinco años e incluye tokenes como Uniswap (UNI), Arbitrum (ARB), Jupiter (JUP) y Pudgy Penguins (PENGU), entre otros. En todos ellos la tasa de salida fue aumentando: al día 90, entre un 4% y un 11% más de monederos habían liquidado su posición que al día 30. La cifra que se suele citar de los 30 días no refleja el abandono real.
El 94% vende en 90 días: el dato que cambia el modelo
Lo que hace especialmente revelador el trabajo de Delphi es que la fuga de usuarios no se detiene tras las primeras semanas. La pendiente de abandono se acelera, lo que sugiere que los receptores de airdrops los tratan como un ingreso puntual que liquidan en cuanto pueden, no como una apuesta por el proyecto.
De hecho, solo el 6% de las carteras conserva los tokens más allá de ese umbral. Eso convierte al airdrop en una herramienta de marketing ineficaz para construir una base de usuarios comprometidos.
Las cuatro razones por las que los airdrops están muertos, según Delphi

El análisis identifica cuatro motivos que empujan el modelo hacia el agotamiento. El primero es el coste casi nulo de crear carteras sybil. Las herramientas automáticas permiten a los farmers —usuarios que coleccionan airdrops sin interés real— simular actividad a bajo precio, mientras la detección se vuelve poco fiable. Algunos protocolos, como LayerZero, invirtieron grandes esfuerzos en cazar a estos farmers, pero el gasto en detección supera con frecuencia los beneficios.
El segundo motivo apunta a una nueva hornada de emisores. Las tesorerías tokenizadas y las finanzas descentralizadas reguladas no van a repartir tokens a monederos anónimos. De hecho, muchos protocolos que se preparan para operar bajo MiCA en Europa limitarán las distribuciones a usuarios identificados, lo que reduce aún más el alcance de estas campañas. La presión regulatoria, encabezada por la Unión Europea, hace inviable un modelo basado en la opacidad.
Regalar tokens sin contraprestación ya no escala: los proyectos no pagarán cientos de millones a usuarios anónimos que se evaporan en un mes.
El tercer motivo es pura matemática. Delphi recuerda que Arbitrum entregó aproximadamente 1.160 millones de dólares en tokens a usuarios que abandonaron el protocolo en menos de un mes. La adquisición de usuarios, planteada como una inversión, arroja un retorno nefasto.
Y en cuarto lugar, los casos excepcionales no marcan tendencia. Hyperliquid (HYPE) pudo absorber las ventas gracias a recompras financiadas con más de 1.000 millones de dólares en ingresos. Jito (JTO) esquivó el farming porque su grupo elegible era pequeño. Ninguno de los dos invalida la regla general.
¿Y ahora qué? De la gratificación al rendimiento real
El mensaje de Delphi no es que desaparezcan las distribuciones de tokens —los lanzamientos seguirán— sino que las reglas del juego están cambiando. Mirando atrás, la fiebre de los airdrops estalló durante el verano DeFi de 2020 y el boom de los NFT de 2021, cuando cada nuevo proyecto competía por usuarios a golpe de reparto gratuito. Aquella estrategia funcionó mientras el mercado crecía y los precios subían. Pero ahora, en un entorno más maduro y bajo mayor escrutinio regulatorio, la fidelidad se compra con utilidad, no con regalos.
Ya se ven signos de este giro. MegaETH, una nueva capa 2 de Ethereum, ha bloqueado el 53% de su suministro condicionado a metas de rendimiento. El protocolo Pendle, por su parte, destina alrededor del 80% de sus ingresos a recompras para los stakers. Es decir, quienes mantienen y participan son recompensados con valor real que genera el propio protocolo.
Un trader independiente que rastreó 30 airdrops desde diciembre de 2024 encontró que solo uno seguía por encima de su precio de lanzamiento. El resto se habían desplomado, a menudo por encima del 90%. Eso refuerza la advertencia de Delphi y deja una pregunta abierta: ¿cómo se construirá comunidad cuando ya no baste con repartir tokens?
Creo que la respuesta pasa por modelos que vinculen la recompensa al uso real y a la permanencia. No es el fin de los airdrops, pero sí el comienzo de una tokenómica que exigirá, al fin, algo más que una cartera anónima.




