Mantener relaciones saludables que protejan nuestra salud mental y bienestar emocional pasa por aprender a poner límites personales. Evitar decir “no” o negarnos a hacer algo por compromiso cuando, en realidad no lo deseamos, es uno de los focos de frustración más importantes a los que nos debemos enfrentarnos como sociedad.
Hay que apartar la idea de que establecer límites es una actitud egoísta y sustituirla por una visión de amor propio y autocuidado que debemos poner en práctica sin falta.
Vista previa
¿A qué nos referimos con límites personales?
Cuando hablamos de límites personales nos referimos a las normas que establecemos a la hora de aceptar ciertos roles y comportamientos en nuestras relaciones personales. Como pueden ser tanto físicos como emocionales, aprender a poner límites personales es crucial para proteger nuestra salud mental, pero también nuestro tiempo y energía.
Una persona con límites personales bien establecidos, al fin y al cabo, es una persona con menos resentimientos y frustraciones.
Aprender a poner límites personales, ¿por qué es tan complicado?
Pese a que aprender a poner límites personales es lo ideal para mantener el ánimo y forjar relaciones más sanas, la realidad es que hacerlo se complica por varias razones. El miedo al rechazo o a perder amistades con el tiempo son algunas de ellas. Otras, como la timidez o la falta de costumbre, pueden frenarnos también.
No obstante, es fundamental quitarnos esos miedos si queremos ser personas más equilibradas, y para ello nos vendrá bien saber una serie de consejos.
1. Primer paso: conocer nuestras necesidades
El bienestar emocional se consigue identificando nuestras necesidades. De hecho, el Consejo General de Psicología de España incide en su importancia. Por eso, uno de los primeros pasos que debemos dar si queremos aprender a poner límites personales es conocernos a nosotros mismos.
Teniendo claros nuestros valores y qué es lo que nos puede incomodar o molestar estaremos en el camino para empezar a poner barreras y hacernos respetar.
2. Decir “no” está bien
A la hora de aprender a poner límites personales es importante entender que un “no” a tiempo nos salvará de muchas situaciones incómodas. Aunque te resulte extraño, no tienes que justificarte ni dar explicaciones cuando no quieras hacer algo. Basta con comunicarlo de forma clara y respetuosa.
Bien es cierto que, al principio, puede que creas que te sientes más incómodo estableciendo límites que no haciéndolo, pero pronto notarás que no es así y la diferencia.
3. Aprender a poner límites personales es aprender a ser asertivo
Expresar lo que pensamos o necesitamos con claridad, siendo directos, pero también respetuosos, es la base de cualquier relación sana, y a la hora de establecer límites no iba a ser menos.
Aprender a poner límites personales es alejarse de la agresividad y, sobre todo, de la pasividad. No ceder y no culparse son dos metas que debes interiorizar, pero para que estas resulten deben comunicarse con asertividad. Así evitaremos malentendidos y conflictos.
4. Coherencia con nuestros límites y nosotros mismos
Aprender a poner límites personales también significa ser coherentes con ellos y mantenerlos. No podemos negarnos a hacer algo si luego cedemos siempre. Al final, si hacemos eso, no se nos tomará en serio, por lo que para que nos respeten es necesario mantener los límites.
5. No dejarse vencer por el sentimiento de culpa
Sentir culpa es parte del proceso de aprender a poner límites personales, sobre todo, la principio. No obstante, siempre hay que pensar que no se trata de hacer sentir mal a los demás, sino de no sentirnos mal nosotros.
Las relaciones sanas se basan en el respeto mutuo y el conocimiento de los límites del otro, por lo que no debemos temer expresar los nuestros, y mucho menos debemos sentirnos culpables.
6. Algunas áreas en las que deberías poner límites
Para aprender a poner límites personales también viene muy bien identificar las áreas en las que suele ser más necesario. Estas, de manera resumida, suelen ser el trabajo (para que no nos sobrecarguen), el tiempo (porque debemos tenerlo para nosotros) y las relaciones de pareja o familiares.
Existen otras áreas, como la tecnológica, en la que también es importante poner límites, sobre todo, por salud mental, pero la idea es que identifiquemos las que más afectan a nuestra vida.
Si queremos aprender a poner límites personales, como vemos, hay que pensar primero en uno mismo. No desde un punto de vista egoísta, desde luego, sino desde el amor y el respeto propios. Valorarnos y rodearnos de personas que respeten nuestros límites es el camino directo para el bienestar y la tranquilidad emocionales.





