Uber ha agotado en cuatro meses su presupuesto anual dedicado a la inteligencia artificial y su presidente, Andrew Macdonald, cuestiona ahora el retorno de esa inversión. La compañía, que no ve una relación clara entre el aumento del consumo de tokens de IA y las funcionalidades que entrega a los usuarios, ha encendido las alarmas sobre la eficiencia del gasto en IA en las grandes cotizadas tecnológicas.
Según ha reconocido Macdonald en una entrevista con Rapid Response, el vínculo entre el creciente uso de Claude Code —un asistente de programación basado en IA— y las mejoras concretas que llegan a la plataforma de movilidad “aún no existe”. “Es muy difícil trazar una línea entre una de esas estadísticas y pensar que ahora estamos produciendo un 25% más de funciones útiles para los consumidores”, admitió el directivo.
El caso Uber es especialmente llamativo porque la empresa estadounidense, con una capitalización bursátil cercana a los 120.000 millones de dólares, ha elevado un 42% su inversión en tecnología en el último año, gran parte destinada a inteligencia artificial generativa y automatización. El agotamiento del presupuesto en solo cuatro meses sugiere que las previsiones internas se quedaron muy cortas, o que la voracidad de los modelos de lenguaje es mayor de lo estimado.
Claves de la operación
- El presupuesto anual de IA se consumió en cuatro meses. Uber reconoce que no hay una correlación directa entre el gasto en tokens para herramientas como Claude Code y las mejoras tangibles que reciben los usuarios de la aplicación de movilidad.
- Andrew Macdonald, presidente y COO, pone en duda el retorno. Según sus declaraciones, es “muy difícil” medir cuánto más útil se ha vuelto el producto por cada dólar invertido en IA. La empresa considera que el vínculo entre inversión y resultados “no está ahí todavía”.
- El gasto en tecnología subió un 42% en el último año. Gran parte de esa partida se ha dirigido a inteligencia artificial generativa, lo que eleva la presión sobre los equipos de desarrollo para justificar los costes ante un accionariado cada vez más atento a la rentabilidad.
El espejismo de los tokens: consumir más no significa ofrecer más
La métrica que utiliza Uber —el número de tokens procesados por Claude Code— no se ha traducido en una aceleración visible del time-to-market ni en un catálogo de funciones ampliado. “Es un problema de medición que afecta a toda la industria”, explican fuentes del sector. Las empresas están pagando por capacidad de cómputo sin una vara clara para medir el valor generado.
En el caso de Uber, el asistente de código se utiliza para escribir y revisar software internamente. Sin embargo, Macdonald admitió que la métrica de tokens consumidos es un indicador de actividad, no de impacto en el negocio. La pregunta, por tanto, es si la empresa está quemando efectivo en una carrera armamentística de IA sin horizonte de retorno.
Los analistas ya habían advertido que los gigantes tecnológicos estaban inflando sus presupuestos de IA sin una estrategia clara de monetización. El ajuste de cuentas, al que ahora se asoma Uber, podría replicarse en otras cotizadas que han prometido miles de millones en inversión para no quedarse atrás en la revolución de la IA generativa.
La inteligencia artificial no se paga con tokens: se paga con billetes, y Uber ya ha gastado los de todo un año.
La compañía no ha detallado el importe exacto reservado para IA, pero la rapidez con la que se ha agotado apunta a una infravaloración de los costes. Al mismo tiempo, el precio de los tokens de proveedores como Anthropic o OpenAI no ha dejado de subir, lo que añade presión sobre unos márgenes que ya son ajustados en el negocio de movilidad y reparto.
¿El fin de la fiesta inversora? Las tecnológicas se preparan para rendir cuentas
Uber no es la única que ha disparado su gasto en IA. En los últimos dieciocho meses, empresas como Microsoft, Google o Salesforce han multiplicado sus inversiones, pero ahora los inversores empiezan a pedir plazos y cifras de retorno. “El caso Uber es un termómetro de lo que puede venir en los próximos consejos de administración”, apunta un analista de renta variable consultado por esta redacción.
De hecho, en la última presentación de resultados de la compañía, el margen EBITDA ajustado apenas creció un 1,2% interanual, pese al aumento de la facturación. La presión para que la IA demuestre su valía va en aumento y Macdonald ha optado por la transparencia en lugar de las promesas vagas.
El movimiento de Uber podría desencadenar una revisión de los planes de IA en otras plataformas globales. Si una empresa que se apoya masivamente en algoritmos para fijar precios, rutas y predicción de demanda no encuentra el retorno, ¿quién lo hará?
Uber en España: la factura de la IA se cruza con la batalla por la movilidad
La presencia de Uber en España se remonta a 2014, cuando su desembarco provocó protestas del sector del taxi y un pulso regulatorio que desembocó en el Real Decreto 1057/2015 sobre vehículos de transporte con conductor (VTC). Más de una década después, la compañía estadounidense opera en más de 100 ciudades españolas, ha invertido más de 200 millones de euros en centros de desarrollo en Madrid y Barcelona y compite ferozmente con Cabify y otros operadores locales.
El gasto en IA es, en buena medida, una extensión de esa apuesta: algoritmos de precios dinámicos, sistemas de rutas optimizadas y ahora asistentes de código como Claude Code que se entrenan y ejecutan desde esos mismos hubs. Si el retorno de la inversión en IA se diluye, la presión no recaerá solo en la matriz de San Francisco, sino también en los equipos españoles que dependen de la financiación trasatlántica.
Ninguna empresa del IBEX 35 ha destinado porcentajes similares de su capex a IA generativa, pero el aviso de Uber podría enfriar las expectativas de inversores que observan los pilotos de inteligencia artificial en firmas como Telefónica o Indra. En un entorno en el que la contención de costes vuelve a cotizar al alza, la promesa de la IA debe aterrizar en la cuenta de resultados. Y, como muestra el ejemplo de Uber, el aterrizaje todavía no tiene fecha.




