Francis Holway (61), nutricionista deportivo: “Tu círculo de amigos puede influir más en tu longevidad que muchos suplementos”

El nutricionista deportivo Francis Holway sostiene que la longevidad no depende solo de dieta o suplementos: la calidad del círculo social, los hábitos cotidianos y el entorno influyen decisivamente en cuánto y cómo vivimos hoy.

La búsqueda de la longevidad, desde el inicio de la historia, se ha considerado una de las grandes obsesiones de la sociedad. En nuestro pasado, la receta de la vida eterna estaba escondida en fuentes misteriosas y en pociones mágicas. Hoy, sin embargo, la ciencia empieza a mirar hacia otro lugar: los vínculos humanos también pueden influir en cuánto vivimos.

El nutricionista deportivo Francis Holway, de 61 años, sostiene que factores tan simples como las relaciones personales, el entorno y los hábitos cotidianos podrían tener un impacto mucho mayor en la longevidad que muchas de las soluciones que hoy dominan el mercado del bienestar.

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Las zonas azules y el papel de los vínculos en la longevidad

Las zonas azules y el papel de los vínculos en la longevidad
Fuente: agencias

Durante las últimas décadas, el concepto de las llamadas “zonas azules” ha captado la atención de investigadores y divulgadores. Se trata de regiones del mundo donde, supuestamente, las personas viven más años que la media. El término fue popularizado por estudios difundidos por National Geographic, que analizaban lugares como Cerdeña, Okinawa o Ikaria.

Holway explica que estos estudios generaron un enorme interés científico, aunque también han recibido críticas metodológicas. “Siempre hay problemas con la forma en que se miden las estadísticas”, señala. En algunos casos, las explicaciones sobre la longevidad resultaron ser mucho más complejas de lo que se pensaba.

Uno de los ejemplos más curiosos ocurrió hace décadas en una región de Europa del Este donde se creía haber encontrado el secreto de vivir más años gracias al consumo de un yogur especial. Con el tiempo se descubrió que muchos habitantes habían alterado sus fechas de nacimiento para evitar el servicio militar. En la práctica, sus documentos indicaban edades hasta veinte años mayores de las reales.

Más allá de estas anécdotas, el nutricionista subraya que existe evidencia científica sólida sobre un factor que se repite en muchos estudios: el entorno social. Las personas que mantienen vínculos cercanos, amistades duraderas y una fuerte sensación de comunidad suelen mostrar mejores indicadores de salud a largo plazo.

En este sentido, Holway considera que el círculo social puede desempeñar un papel inesperado en la longevidad. Las conversaciones, las risas y el sentimiento de pertenencia generan efectos psicológicos que terminan impactando también en el organismo.

“Un grupo de amigos que te hace reír y con el que mantienes conexiones profundas puede ayudar a vivir más”, explica. La ciencia empieza a comprender que la longevidad no depende únicamente de la genética o de la alimentación, sino también de factores emocionales y sociales.

Hábitos simples que influyen más que el biohacking

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El debate sobre cómo alcanzar una mayor longevidad también ha dado lugar a una creciente industria del biohacking. Desde suplementos de última generación hasta gafas para bloquear la luz azul del móvil, muchas de estas herramientas prometen mejorar la salud celular.

Francis Holway cree que estas prácticas pueden tener cierto efecto, aunque advierte que no deberían ocupar el centro de la discusión. A su juicio, la base de la pirámide de la longevidad sigue siendo mucho más sencilla. En primer lugar aparecen los hábitos clásicos: una alimentación equilibrada, actividad física regular, descanso adecuado y un entorno saludable. También influyen la calidad del aire, el nivel de estrés del lugar donde se vive y el contacto con la naturaleza.

En ese contexto, el experto insiste en que la prevención de enfermedades asociadas al envejecimiento se apoya en decisiones cotidianas. Evitar el tabaco, reducir el alcohol y limitar el consumo de alimentos ultraprocesados son medidas que tienen un impacto directo en la longevidad.

Uno de los problemas actuales, explica, es el aumento de productos ultrapalatables y de alta densidad calórica. Este tipo de alimentos combina grasas, azúcares y sal de forma que estimulan el consumo excesivo, lo que a largo plazo puede afectar la salud cardiovascular y cerebral.

La investigación científica también explora otras áreas prometedoras. En los últimos años se han multiplicado los estudios sobre el efecto del ejercicio de alta intensidad y sobre suplementos como la creatina, que podría tener beneficios en la función cerebral. Sin embargo, Holway aclara que muchas de estas investigaciones todavía se encuentran en etapas iniciales.

Incluso en campos más futuristas, como las terapias destinadas a regenerar células o tejidos, la prudencia sigue siendo necesaria. Recientemente, la Food and Drug Administration de Estados Unidos aprobó ensayos clínicos que buscan explorar este tipo de tratamientos en humanos, un paso relevante pero todavía preliminar.


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