Como autónomo puedes trabajar en muchos sectores diferentes desarrollando actividades muy variadas. Pero, con independencia de a lo que te dediques, una parte fundamental de tu actividad será el trato con clientes. Esto puede ser un auténtico placer o convertirse en toda una pesadilla, por eso, conviene que conozcas los perfiles más habituales de consumidor.
Si trabajas por tu cuenta ya sabes que aquello de “el cliente siempre tiene la razón” no es aplicable en todos los casos, puesto que no siempre el consumidor está en lo cierto. Pero como profesional debes saber lidiar con los diferentes tipos de perfiles que pueden tener tus clientes. Esto te permitirá darles la mejor atención posible e incluso solucionar los conflictos de mejor manera en caso de que lleguen a surgir.
El temor del autónomo: el cliente invasor

Llamamos así a aquel cliente que no tiene ningún respeto por el tiempo personal del profesional, de manera que no le da ningún reparo llamarle a cualquier hora del día o de la noche para hacer consultas o comentar cosas que bien podrían esperar a un momento posterior. Este cliente no entiende horarios, de días libres ni de vacaciones.
La única forma de lidiar con este tipo de personas es marcar muy claramente los límites y mejor si se hace desde el principio. Para empezar, no atender llamadas fuera del horario de trabajo o no contestar correos electrónicos en fin de semana. El cliente que tiene este tipo de personalidad suele creer que el profesional contratado tiene que estar a su disposición 24/7 y hay que ser capaces de transmitirle que no es así.
El cliente desaparecido, un clásico para el autónomo

Como autónomo seguro que en más de una ocasión te has encontrado o te vas a encontrar con este tipo de cliente. En principio es una persona entusiasta con mucho interés en el producto o servicio que tú ofreces. Es posible que te haga gastar una gran cantidad de tiempo en brindarle toda la información que necesita para decidirse, o incluso que te haga valorar diferentes alternativas en cuanto a materiales, tiempos de trabajo, etc.
Todo esto no sería un problema si no fuera porque al final nunca vas a venderle el producto o servicio. Después de mostrar un interés elevado en lo que ofreces, al final acaba desapareciendo. Y decimos desapareciendo porque no es que te llame y te diga que no le interesa, es que sencillamente deja de dar señales de vida y nunca más vuelves a saber de él.
El cliente leal, el favorito del autónomo

Este es el cliente que todo profesional quiere tener. Quizá no compre tus productos o servicios todos los días, pero puedes estar seguro de que en cuanto necesite lo que tú ofreces va a adquirírtelo a ti. En la mayoría de los casos, una persona que muestra este tipo de lealtad es un cliente para toda la vida, por eso hay que cuidar muy bien a este perfil.
Otra de sus ventajas es que no solo compra él. Si está satisfecho con tus productos o servicios no va a dudar en recomendárselos a otros, así que un cliente leal puede llegar a ser una de tus mejores fuentes de marketing. Si llega un nuevo cliente recomendado por un cliente leal, no dudes en cuidarlo igual de bien, esto aumentará todavía más la fidelidad de ese cliente que te ha mandado un nuevo comprador.
El cliente que lo sabe todo

No vamos a negarlo, este es uno de los clientes con los que más complicado resulta lidiar como autónomo. No es que vaya a haber una confrontación, porque efectivamente no tiene que ser así, pero cuando damos con una persona que parece ser experta en lo que nosotros hacemos nos vamos a tener que enfrentar a muchas pegas y objeciones.
Sin embargo, no debemos olvidar que si esa persona ha acudido a nosotros es porque tiene interés en nuestro producto o servicio, así que lo mejor es poner en valor desde un primer momento nuestra experiencia y tener mucha mano izquierda, para poder aconsejar sin que el cliente sienta que estamos invadiendo su territorio.
El santo, el cliente soñado

Con esta denominación hacemos referencia a ese perfil de cliente que es realmente un bendito. Se deja aconsejar por el profesional y tiene en cuenta sus ideas y opiniones. Tiene las ideas claras sobre lo que quiere y sabe transmitirlas. Además, entiende a la perfección que puedan surgir inconvenientes.
Paga las facturas religiosamente y si ha quedado contento se puede convertir en un cliente fiel. Es, en líneas generales, una persona con paciencia y con un carácter tranquilo y dialogante. Hay pocos clientes de este tipo, pero cuando das con ellos puedes tener por seguro que los vas a recordar para siempre.
El consumidor tirano

De este también te vas a acordar para siempre, pero por todo lo contrario. Ten por seguro que, si puede, te lo hará pasar mal. No te ve como un profesional sino prácticamente como su esclavo. Debes hacer las cosas cómo él quiere y cuándo él quiere. No es solo que no sea capaz de atender a razones y no se pueda dialogar con él, es que con frecuencia resulta grosero y poco educado.
Lidiar con este tipo de personas es especialmente complicado. En estos casos es aconsejable poner pie en pared desde un primer momento y decirle a las claras que como profesional no vas a tolerar ciertas conductas. Si se pone especialmente difícil, al final te va a compensar más no trabajar para él.
El impaciente

Tiene la habilidad de aparecer en tu vida cuando menos tiempo tienes disponible y con la peculiaridad de venir hoy a encargar un trabajo que en realidad necesitaba para hace dos días, por lo que quiere que lo tengas listo ya mismo. Si entras en su juego y lo das todo de tu parte para entregar el trabajo en un tiempo récord, que luego no te extrañe si no te contesta al email, no te agradece el esfuerzo o tarda más de lo normal en pagar la factura.
Si quieres que de verdad te compense tu tiempo de trabajo y no dedicárselo a gente que no merece la pena, establece una tarifa por urgencia. Dile al cliente que tu tarifa normal es X y que si lo necesita con urgencia será X+30%. Si de verdad es urgente no tendrá problema en pagarte de más, lo que hará que te compense el esfuerzo. Si es una falsa urgencia, reculará inmediatamente y te dirá que puede esperar unos días más para la entrega.
El indeseado

Acabamos con un perfil de cliente que nadie quiere y que todo autónomo en alguna ocasión acaba sufriendo. Suma lo peor de todas las características que hemos visto hasta ahora, así que cuando tu relación con él termina, lo normal es que sientas un gran alivio y que esperes no volver a verlo nunca más.
Este cliente aúna en su personalidad todo lo malo: no se deja aconsejar, tiene siempre una falsa sensación de urgencia, pide cambios que no tienen ningún sentido, te llama a cualquier hora o incluso quiere reunirse contigo cada dos por tres, se retrasa en los pagos y además no tiene problemas en criticarte públicamente en cuanto le llevas la contraria.























































