EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? El barómetro bienal de RedBici sitúa en el 23,6% los usuarios habituales de la bici, la misma cifra que hace dos años.
- ¿Quién está detrás? La Red de Ciudades por la Bicicleta, con encuestas de Gesop y big data de Nommon en Barcelona, Zaragoza, Sevilla y Valencia.
- ¿Qué impacto tiene? El miedo al accidente y la falta de aparcamiento seguro frenan el uso; el 90% reclama plazas vigiladas en estaciones de transporte público.
El barómetro de la bicicleta de RedBici cifra en el 23,6% los usuarios habituales en España, la misma cifra que hace dos años. El 54% dice pedalear con alguna frecuencia, así que la base social existe; lo que se ha estancado es la constancia. El informe, presentado esta semana, retrata un país que ya entiende la bici como transporte y que se topa con dos obstáculos muy terrenales: el miedo al accidente y la falta de un sitio seguro donde dejarla.
El techo del 23,6%: hay base social, falta constancia
La décima edición detecta un cambio de fondo en el motivo. Las respuestas que años atrás hablaban de deporte o de contaminación dejan paso a la practicidad, y el ciclismo urbano se elige por lo que evita —atasco, aparcamiento, transbordo— más que por lo que promete. Lo confirma el parque: la bicicleta de montaña pierde peso y crecen las de ciudad y paseo, muchas ya eléctricas.
El dato que mejor explica el momento no es el porcentaje de usuarios, sino el de trayectos. Por primera vez hay big data de móviles anonimizados, analizado por Nommon: en Barcelona, tres de cada cuatro desplazamientos no llegan a cinco kilómetros y el 60% de esos trayectos son rutinarios. ‘Son los más fáciles de pasar de otro modo de transporte a la bicicleta’, resume Ruben Artime, de Nommon.
El miedo, el robo y la plaza que no existe
Casi la mitad de los ciclistas señala el riesgo de accidente como la principal dificultad para pedalear por la ciudad. El exceso de tráfico aparece justo detrás y alimenta la misma sensación de vulnerabilidad. A eso se suma un dato incómodo: el 26% se ha sentido acosado o agredido, seis puntos más que hace dos años, según Nora Abete, vicepresidenta de RedBici y concejala de Movilidad de Bilbao.
El segundo freno es logístico. Un tercio apunta el robo unido a la escasez de aparcamiento; solo el 18% tiene plazas suficientes y otro tercio no tiene ninguna cerca de casa. La paradoja aparece en las prioridades: el 90% pide aparcamiento seguro en estaciones de transporte público, por delante de carriles bici y calles pacificadas.
La ciudad ha invertido en pintar carriles y calmar calles; el cuello de botella se ha mudado al lugar donde la bici duerme ocho horas.
Barcelona estrenará en los próximos meses sus primeros aparcamientos seguros como prueba piloto, muchos años después de que el Bicibox se consolidara en el área metropolitana. Llega tarde, pero marca el giro: la bici entra en el terreno del equipamiento y deja de ser pintura en el asfalto.
El informe pone cifras a la brecha de género, que se abre justo donde debería cerrarse. Entre los 14 y los 24 años, el 61% de los chicos usa la bici frente al 43% de las chicas: 18 puntos, que casi se han duplicado en siete años. En la franja de 40 a 54 la distancia se recorta y Barcelona es la ciudad analizada con más mujeres ciclistas.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
La traducción práctica es municipal. Si nueve de cada diez ciclistas piden plazas vigiladas en intercambiadores, la próxima inversión no debería ir a un carril más, sino a módulos cerrados en estaciones de Cercanías, metro y autobús. Ahí concurren competencias: ayuntamientos, consorcios de transporte y operadores como Renfe o Adif, que controlan las estaciones.
Donde más se nota es en la primera corona de las grandes ciudades. El big data dibuja horarios distintos —Zaragoza concentra su punta al mediodía, Barcelona a las seis de la tarde—, pero un patrón común: trayectos cortos y repetidos. Sevilla y Valencia refuerzan la lectura. La Ley de Cambio Climático fijó para 2023 la obligación de tener zona de bajas emisiones (ZBE) en los municipios de más de 50.000 habitantes; el aparcamiento seguro sería el siguiente paso.
El dato que resume el barómetro no es el 23,6%, sino que tres de cada cuatro desplazamientos en Barcelona caben en menos de cinco kilómetros. El pulso político sigue, sin embargo, en el carril bici contra el coche, y ahí el informe incomoda a todos: a los ayuntamientos que hicieron bandera del carril, porque les señala un déficit menos visible y más caro; al Mitma y a las comunidades, porque la competencia sobre los intercambiadores es compartida; y a los colectivos ciclistas, porque la inseguridad se ha vuelto el mejor argumento de quien no quiere cambiar nada.
La letra pequeña invita a la prudencia: casi 5.000 encuestas, respuestas autorreportadas y datos limitados a cuatro ciudades. Carlos Ochoa, director general de Gesop, admite que la brecha de género ‘daría para un estudio propio’. La próxima edición, dentro de dos años, dirá si el techo era coyuntural o estructural. Para entonces Barcelona debería haber convertido el piloto en red y los ayuntamientos tendrán que elegir entre una tercera línea de carril o la primera plaza vigilada.




