Solana cotiza en 92,04 dólares tras ceder un 3,08% en la sesión y pone a prueba sus soportes clave en 90,88 y 88,88 dólares, con el RSI en zona de sobreventa y el precio por debajo de todas sus medias móviles salvo la de 200 sesiones.
Hay un detalle que la ficha de mercado esconde y que conviene mirar antes de sacar conclusiones. Ese 3,08% no se calcula sobre el cierre previo, que fue de 92,17 dólares: contra ese dato, la caída sería de apenas un 0,14%. El porcentaje grande sale de comparar con la apertura de 94,89 dólares, y ahí sí encaja un descenso cercano al 3%. La dirección bajista es real. La magnitud depende de con qué se compare.
Los soportes clave de SOL: primero 90,88 dólares, después la SMA-200 en 88,88
El primer soporte es el mínimo de la sesión anterior, en 90,88 dólares. Por debajo aparece la referencia que de verdad pesa en el análisis técnico —el estudio del precio y el volumen para anticipar movimientos, sin mirar fundamentales—: la media móvil simple de 200 sesiones, la SMA-200, situada en 88,88 dólares. No es un suelo garantizado. Es una zona donde observar si aparece reacción compradora.
Por arriba, la resistencia inmediata está en la VWAP intradía de 92,87 dólares —el precio medio ponderado por volumen de la sesión, es decir, el nivel al que se ha negociado realmente el grueso del papel— y después en la franja de 94,04 a 94,95 dólares, donde coinciden la SMA-5, y el máximo de ayer. La SMA-7, en 96,77, sería el siguiente escalón para hablar de mejora técnica.
La estructura de medias es inequívoca: SOL está por debajo de las medias de 5, 7, 10, 15, 20, 30, 50 y 90 sesiones. Solo aguanta por encima de la de 200. El precio queda un 68,63% por debajo del máximo histórico de 293,41 dólares, marcado el 19 de enero de 2025, y acumula un rendimiento negativo del 23,60% en 30 días.
El volumen diario informado asciende a 2.680 millones de dólares, un 2,73% por encima del promedio de 30 días, situado en 2.610 millones. La relación entre volumen y capitalización —54.320 millones— se coloca en el 4,94%, ligeramente sobre su media del 4,81%. Traducido: hay actividad algo superior a la normal, pero el volumen agregado suma compras y ventas y no distingue si alguien está acumulando o soltando lastre.
La sobreventa describe presión acumulada, no un muelle que empuje el precio hacia arriba por obligación.
Sobreventa no es suelo: qué falta para confirmar un giro
El RSI de 14 días —el índice de fuerza relativa, un oscilador que compara la velocidad de las subidas con la de las bajadas en una escala de 0 a 100— marca 24,9. El estocástico, que mide el cierre frente al rango de las últimas sesiones, se queda en 6,4. Ambos están en territorio de sobreventa. Y ambos pueden permanecer ahí semanas sin que el precio rebote.
El freno lo pone el MACD, el indicador de convergencia-divergencia de medias móviles: su línea está en -4,23 frente a una señal de -3,4, con histograma negativo de -0,832. Mientras el impulso no gire, la sobreventa es un dato descriptivo, no una señal de entrada.

Para hablar de estabilización hacen falta dos cosas: recuperar la VWAP de 92,87 y cerrar por encima del retroceso de Fibonacci del 61,8% en 92,28 dólares, calculado sobre 90 sesiones. Sería una primera mejora. Nada más que eso.
La volatilidad obliga a dimensionar posiciones con holgura. El ATR —el rango medio real de cada sesión— es de 3,70 dólares, un 4,0% del precio, y la volatilidad anualizada a 30 días alcanza el 33,4%. Falta además la mitad del mapa: no hay cifras de interés abierto (los contratos de derivados aún vivos), ni de tasas de financiamiento (el coste periódico entre posiciones largas y cortas), ni de liquidaciones. Sin esos datos, cualquier lectura del posicionamiento apalancado es especulación.
Lo que el gráfico no explica: del máximo de enero de 2025 a la zona de 92 dólares
No hay un catalizador confirmado para la sesión. El mismo 3 de noviembre, Bitcoin cotizaba en 76.854,19 dólares con una caída del 1,11%, y Ether también retrocedía. Es un contexto compatible con una presión general sobre los criptoactivos. Coincidencia no es causalidad.
Solana ya ha vivido tramos así. Las paradas de red de septiembre de 2021 y febrero de 2022 —la red dejó de producir bloques durante horas por saturación y por un fallo en el manejo de transacciones duplicadas— enseñaron al mercado que la velocidad sin estabilidad se paga en prima de riesgo. El colapso de FTX en noviembre de 2022 arrastró a SOL por debajo de los 10 dólares.
El ciclo 2023-2024 fue el reverso. Los airdrops de Jito en diciembre de 2023 y de Jupiter en enero de 2024 —repartos gratuitos de tokens entre usuarios que habían usado los protocolos— reactivaron la actividad y llevaron el token hasta los 293,41 dólares en enero de 2025. Desde entonces, el rendimiento a 52 semanas es del -41,60%.
En el plano operativo hay asuntos que merecen seguimiento: la alerta a validadores por una vulnerabilidad crítica de Linux, la corrección de una aplicación en Solana Mobile y las dudas de auditoría en registros de recompensas. Nada de eso está ligado al movimiento de hoy, pero todo son riesgos del ecosistema. A eso se suman la concentración del staking en pocos operadores y la dependencia de que Firedancer —el segundo cliente validador de la red, desarrollado por Jump Crypto— madure como alternativa real a Agave.
Del lado del uso, Securitize ha ampliado su listado de acciones tokenizadas en Solana con nombres como Uber, Disney y Exxon. Es un indicador cualitativo de que la red gana espacio en la tokenización de activos tradicionales. No es una prueba de demanda neta del token.
La lectura prudente es la de siempre: 88,88 dólares como referencia estructural, 92,87 como primer alivio y la confirmación del impulso como condición previa a cualquier tesis de rebote. Lo que falta —comisiones de red, valor total bloqueado (el TVL, la suma de activos depositados en los protocolos), transacciones y usuarios activos, consultables en el explorador Solscan— dirá más del ciclo que cualquier oscilador. Este análisis no constituye una recomendación de inversión.




