El South International Series Festival de Cádiz reúne cada año a profesionales de la ficción para analizar el momento que atraviesa la industria audiovisual. Entre las voces que han pasado por esta cuarta edición está la de Lorena Iglesias, creadora de ‘Millennial Mal’, una serie que representa precisamente una de las apuestas más alejadas de los formatos convencionales. Varios meses después de su estreno en Filmin, la ficción continúa encontrando espectadores con una propuesta que mezcla sátira, un estilo de comedia estadounidense de ambiente universitario, precariedad, humor surrealista y chistes sobre los mundos millenial y feminista.
La serie parte de una premisa tan disparatada como reconocible: una bibliotecaria que ha superado los 40 años se queda sin trabajo y consigue una beca, pero para acceder a ella debe hacerse pasar por una mujer menor de 30. A partir de esa situación, Iglesias construye una parodia del universo millennial que también se permite bromear sobre el feminismo y las contradicciones de una generación marcada por las expectativas sociales y la necesidad de encajar.
La propuesta se aleja de los códigos más habituales de la ficción y eso también explica las dificultades que atravesó hasta llegar a la pantalla. Iglesias reconoce que sacar adelante una serie así no fue sencillo. «Es muy difícil. Tardamos seis años», resume. Durante ese tiempo, el proyecto tuvo que atravesar distintas fases y adaptarse a una realidad que cambiaba a toda velocidad. La serie estaba tan anclada en la actualidad que algunos de sus planteamientos y situaciones necesitaban revisarse. «Tuvimos que reescribir los guiones porque se nos quedaban viejo», explica.
Series alternativas
La creadora defiende, precisamente, la necesidad de que haya espacio para proyectos que no respondan a las fórmulas más previsibles. «Creo que tiene que haber series autorales que se salgan de los cánones», sostiene. En su opinión, el mercado está cada vez más saturado y necesita propuestas capaces de diferenciarse. Aunque una ficción nazca con una identidad muy definida y pueda dirigirse inicialmente a un público concreto, eso no significa que tenga que quedarse encerrada en un nicho. También puede encontrar espectadores de perfiles y edades diferentes.
«Puede llegar a más público», apunta sobre esa posibilidad. La experiencia de la serie le ha permitido comprobar que las reacciones no responden necesariamente a una única generación ni a una sensibilidad determinada. Hay espectadores a los que les entusiasma y otros a los que no les convence, algo que considera inevitable cuando se trabaja con una propuesta tan particular. «Nunca vas a llegar a todo el mundo», viene a resumir su planteamiento.
En Filmin encontró una plataforma dispuesta a respaldar esa personalidad. El servicio, que también ha apostado por producciones como ‘Autodefensa’ o la recién estrenada ‘Segunda temporada’, ha construido parte de su catálogo alrededor de ficciones con una identidad propia y propuestas alejadas de los grandes formatos generalistas. Iglesias explica que el equipo percibió desde el principio que la línea editorial de la plataforma encajaba con el proyecto.

¿Supuso eso mayor libertad creativa? La creadora, directora y protagonista distingue entre tener margen para desarrollar una idea y poder hacerlo sin apoyos. Filmin permitió que la serie conservara su personalidad, pero el recorrido habría sido mucho más complicado sin la implicación de otras empresas. En particular, destaca el papel de Tornasol y la productora lusa Ukbar, que apostaron por el proyecto durante las distintas fases del proceso.
«No solo apostaron por la serie pensando en si iba a venderse o no», explica. También acompañaron al equipo en el camino y participaron en la promoción. Para Iglesias, esa implicación fue importante porque permitió que todos sintieran que formaban parte de un mismo proyecto. «Sentíamos unidad, que estábamos todos en el mismo barco», recuerda.
Las redes sociales
El universo de ‘Millennial Mal’ nace, además, de una mirada satírica sobre la presión que atraviesa la vida cotidiana. La serie se ríe de las convenciones sociales y de la obligación de responder a determinados modelos de éxito. En ese sentido, Iglesias conecta el imaginario millennial con una cultura en la que las redes sociales han reforzado la necesidad de proyectar una imagen atractiva: aparentar más juventud, dinero o reconocimiento del que se tiene. La distancia entre lo que uno es y lo que muestra se convierte así en otro de los terrenos sobre los que trabaja la comedia.
La ficción también juega con los códigos de las producciones estadounidenses protagonizadas por jóvenes. Iglesias reconoce que le gusta ‘Girls’, pero ha apostado por su propia mirada para poner en marcha la serie de Filmin. Su intención era llevar ese universo hacia un humor más ácido y satírico, con situaciones absurdas y una mirada menos complaciente sobre las expectativas de la generación a la que retrata.
Desde su estreno, Iglesias asegura que recibe mensajes de espectadores de distintas edades y con valoraciones muy diferentes. «Me escriben todos los días para decirme que les ha gustado», cuenta. Esa respuesta le ha permitido comprobar que una serie con una personalidad muy marcada puede encontrar una audiencia más amplia de la que cabría esperar por su planteamiento inicial.
Para la creadora, la diversidad de opiniones forma parte de la naturaleza de una propuesta que no busca acomodarse a todos los gustos. En un mercado con cada vez más estrenos y una competencia constante por captar la atención, reivindica precisamente ese espacio para las voces propias. Y ‘Millennial Mal’ tiene una muy necesaria.




