La amenaza Óscar Puente de cerrar la línea Madrid-Barcelona remata un año negro para Ouigo, Iryo y Renfe

El accidente en Urda no solo representa una tragedia difícil de digerir, sino que genera un problema añadido para Ouigo, Renfe e Iryo, justo cuando se disponían a afrontar uno de los periodos más determinantes para su cuenta de resultados. Tras el periodo estival, la campaña navideña constituye habitualmente el segundo hito de mayor volumen de tráfico en los desplazamientos de larga distancia, un dinamismo que beneficia tanto a la alta velocidad como al transporte por carretera y al modo aéreo. Sin embargo, tras el impacto que el accidente previo de Adamuz provocó en los índices de ocupación durante el resto del ejercicio, este último trimestre se perfila especialmente complejo para el sector.

A ello se suma una coyuntura operativa delicada. Renfe tuvo que afrontar una jornada de huelga en sus servicios el pasado jueves 29 de octubre, mientras que Ouigo se vio obligada a cancelar la totalidad de sus circulaciones programadas para el viernes 30 de octubre y el martes 2 de noviembre. Por el momento, solo Iryo ha quedado al margen de los paros, si bien las exigencias dirigidas a Adif —como entidad responsable de la infraestructura— amenazan con extender las movilizaciones al colectivo de maquinistas del resto de operadores.

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Óscar Puente amenaza con cerrar la vía más importante del país

Paralelamente, las manifestaciones del ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, han introducido mayor incertidumbre al no descartar un cierre temporal prolongado del corredor de mayor tráfico del país —el que conecta Madrid y Barcelona— con el fin de adaptar la superestructura de la vía a los trenes de 350 km/h adjudicados por Renfe a la firma alemana Siemens. Se trata de una medida que penalizaría a las dos operadoras privadas y que, al mismo tiempo, servirá para argumentar el despliegue de la nueva filial de autobuses que proyecta constituir Renfe para dar cobertura a los trayectos donde no pueda operar por vía férrea.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, clausura la gala de los Premios Fundación Caminos, en el Teatro Real, a 9 de mayo de 2025, en Madrid (España). Fuente: Agencias
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, clausura la gala de los Premios Fundación Caminos, en el Teatro Real, a 9 de mayo de 2025, en Madrid (España). Fuente: Agencias

En cuanto al corredor andaluz, la circulación permanece suspendida tras el siniestro. Las labores de reparación derivadas de la colisión por alcance registrada el pasado miércoles 28 de octubre obligarán a mantener la vía fuera de servicio durante un periodo prolongado. Aunque no existe una fecha oficial para la reapertura completa del tramo, la operadora pública ha bloqueado la venta de billetes hasta los primeros días de diciembre, una medida en línea con el precedente de Adamuz, que conllevó una parálisis de 30 días.

Un año complejo para Ouigo, Iryo y Renfe

La interrupción del tráfico y los siniestros recientes completan un ejercicio 2026 de notable complejidad para los tres operadores. El accidente de Adamuz no solo derivó en el cierre temporal de uno de los ejes ferroviarios principales del país, sino que deterioró la confianza del usuario en la seguridad del sistema e impulsó a Adif a implantar limitaciones temporales de velocidad en toda la red que aún continúan vigentes. A diferencia de aquel descarrilamiento, atribuido al estado de la infraestructura, este nuevo accidente se ha visto condicionado por incidencias en el sistema de protección LZB.

Esta situación se produce en un contexto en el que las dos compañías privadas, Ouigo e Iryo, continúan sin alcanzar el punto de equilibrio (break even), acumulando ejercicios en números rojos dentro de lo que siguen considerando su fase de inversión y consolidación. La contracción en los niveles de ocupación de la red —reflejada en los informes mensuales que publica la CNMC— resulta especialmente acusada para sus balances, más aún si se confirma la decisión del Ministerio de paralizar la arteria principal del negocio para adaptar la infraestructura a velocidades que su material rodante actual no puede desarrollar.

Pantalla con viajes cancelados de Renfe en la huelga de febrero. Fuente: Agencias
Pantalla con viajes cancelados de Renfe en la huelga de febrero. Fuente: Agencias

Tampoco resulta un ejercicio del todo holgado para Renfe. Aunque la compañía pública ha retornado a la senda de los beneficios tras varios ejercicios en negativo, los márgenes continúan siendo estrechos. Asimismo, la operadora ha asumido el impacto reputacional de los dos accidentes, al tiempo que la caída generalizada de ocupación afecta también a sus composiciones, dada la tendencia del usuario a asociar conceptualmente la totalidad del servicio de alta velocidad con la marca AVE.

Problemas sin solución clara

Las dificultades que afrontan los operadores privados no presentan una solución inmediata a corto plazo. Buena parte de estos condicionantes no responden a deficiencias en su gestión operativa o en sus estrategias comerciales, sino a problemas estructurales acumulados en la red. El accidente de Urda ha dejado al descubierto las demoras en la transición del sistema de seguridad desde el veterano LZB hacia el estándar europeo ERTMS/ETCS.

Por otra parte, la posibilidad de un cierre prolongado —de hasta dos años, según las previsiones contempladas por el Ministerio— para la remodelación de la línea Madrid-Barcelona privaría a las compañías de su corredor más rentable. La parálisis de este eje representa un perjuicio severo, al haber actuado como pulmón financiero en momentos de menor demanda en otras rutas y al conectar dos núcleos urbanos con un elevado flujo interanual de viajes por motivos profesionales, culturales y de ocio.

Con todo, el escenario exacto para los próximos meses está por definir. La situación del sistema ferroviario es delicada y, si bien la liberalización ha cumplido el objetivo de dinamizar la demanda y reducir el precio de los billetes, Ouigo e Iryo se ven obligadas a atravesar este periodo de inestabilidad condicionado por factores ajenos a su capacidad de decisión.


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