La crisis presupuestaria de Bélgica se ha convertido en una crisis de Estado en toda regla. El primer ministro, Bart De Wever, ha presentado este lunes su dimisión ante el rey Felipe después de constatar que los cinco partidos de su coalición no aceptan el plan de ajuste con el que pretendía reconducir un déficit del 5%. Un año y medio después de llegar al Gobierno, el líder nacionalista flamenco deja el país sin presupuesto federal y con las cuentas bajo vigilancia de Bruselas.
La decisión no es un gesto táctico. De Wever compareció en el Palacio Real tras una reunión de hora y media con el jefe del Estado, que interrumpió sus vacaciones en Inglaterra —este lunes es festivo en Bélgica— para atender la urgencia. La coalición, bautizada como Arizona por la coincidencia entre los colores de sus partidos y los de la bandera de ese estado, reúne a la N-VA del propio De Wever, al liberal francófono MR, a los centristas de Les Engagés y CD&V y al centroizquierda flamenco Vooruit.
Un ajuste de 10.000 millones y un déficit del 5% bajo vigilancia europea
El objeto del desencuentro es una cifra concreta. Estos son los números que han hecho saltar la coalición:
- Déficit del 5% del PIB al cierre de 2025, muy por encima del 3% que fijan las reglas fiscales europeas.
- 10.000 millones de euros de recortes hasta 2029, el plan que De Wever defendía como mínimo indispensable.
- 8.000 millones: la contrapropuesta que MR y Les Engagés pusieron sobre la mesa, según desveló Le Soir, y que el primer ministro rechazó para evitar una rebaja de la calificación crediticia del país.
- Un punto de IVA y la congelación de la indexación de salarios y prestaciones sociales, entre las medidas más conflictivas del borrador.
Cada partido tenía su línea roja. El MR vetaba la subida del IVA. Vooruit bloqueaba cualquier recorte que tocara la sanidad, incluido el aumento del copago de las consultas médicas. Les Engagés apostaba por elevar del 10% al 15% el impuesto sobre las ganancias de capital o gravar más las transacciones bursátiles, algo que el ala liberal no estaba dispuesta a digerir. En la calle, la contestación crecía: los sindicatos ya han advertido de una huelga general en la semana del 23 de noviembre si el Ejecutivo traspasaba esas líneas rojas.
«El país no puede permitirse una crisis política prolongada.» — Felipe de Bélgica, rey, tras la reunión con Bart De Wever en el Palacio Real, 2 de noviembre de 2026
El monarca pidió a las partes que «prioricen el interés público y la voluntad de llegar a un acuerdo». Este martes abre una ronda de consultas con los líderes de la coalición y volverá a recibir a De Wever el viernes, jornada en la que podría decidir si mantiene al primer ministro en funciones o abre la vía a un nuevo intento de formación.

Lo que veo: un Gobierno puente con cinco socios y ninguna mayoría para recortar
Lo que me interesa de este episodio no es la dimisión en sí, sino el diagnóstico que deja. Bélgica no ha fracasado por falta de acuerdo técnico: los papeles con los 10.000 millones llevaban semanas escritos. Ha fracasado porque cinco partidos con electorados distintos tenían que firmar el mismo ajuste sabiendo el coste político que les espera en las urnas. Es el mismo patrón que observo en otras capitales europeas desde 2024: coaliciones amplias que tienen mayoría parlamentaria para consolidar, pero no mayoría social.
Hay una contradicción que los datos no resuelven. Los 8.000 millones de MR y Les Engagés probablemente también habrían satisfecho a Bruselas a corto plazo; la negativa de De Wever se apoya en el rating, no en la aritmética del procedimiento de déficit excesivo. Y ese argumento solo se sostiene si el resto del plan es creíble, algo difícil de defender cuando el propio Gobierno que lo negocia está en el aire. La prima de riesgo belga se juega más en las próximas 72 horas que en los próximos tres años.
Tampoco ayuda el contexto. El objetivo del 5% del PIB en Defensa, empujado por el ministro Theo Francken, y las tensiones por Israel —tres partidos reclamaban sanciones y el reconocimiento de Palestina, con el ministro de Exteriores Maxime Prévot amenazando con bloquear expedientes— ya habían desgastado la confianza interna antes del presupuesto. Cabe recordar que Bélgica alberga la sede de la OTAN y buena parte de las instituciones europeas. Su estabilidad no es un asunto doméstico menor.
El hito que sigo es el viernes 6 de noviembre. Si el rey constata que no existe mayoría alternativa, el país entrará en prórroga presupuestaria con un déficit que Bruselas ya tiene fichado. Si De Wever recibe un mandato renovado, la pregunta será cuántos de esos 8.000 millones acaba aceptando.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo en España es limitado, pero conviene no despacharlo con un encogimiento de hombros. Esto es lo que traslada al lector español:
- Euríbor e hipotecas: Bélgica no marca el Euríbor a 12 meses, pero un episodio de inestabilidad política en el corazón del euro puede enfriar las expectativas de recortes del BCE. Si el mercado retrasa una bajada prevista, el índice tarda en reflejarla y las hipotecas variables españolas notan el frenazo.
- Primas de riesgo: un ensanchamiento del spread belga frente al Bund suele arrastrar a los periféricos en las sesiones de tensión. No sería un contagio severo, pero sí un argumento más para que el BCE mantenga el discurso prudente.
- Empresas españolas: Bélgica es puerta de entrada logística al norte de Europa. Un Gobierno en funciones y un presupuesto prorrogado retrasan decisiones de inversión e infraestructura que afectan a exportadores y a compañías del IBEX con filiales en el país.
- Reglas fiscales: el caso belga es el primer test serio del marco europeo bajo presión política. Lo que Bruselas tolere a Bélgica condicionará el margen que exija a España en su propia senda de consolidación.




