Douglas Bergeron, fundador de DGB Investments, lleva meses intentando lo que pocos inversores activistas consiguen en una compañía de muebles con casi un siglo de historia: sentar en la calle al consejero delegado. Sostiene que los problemas de Ethan Allen son reversibles y que la empresa lleva demasiado tiempo mirando hacia otro lado. Lo dijo sin rodeos en una entrevista exclusiva con Bloomberg Television, a pocos días de una cita que se ha convertido en un plebiscito sobre Farooq Kathwari.
La junta del miércoles, un plebiscito sobre Kathwari
El detonante es la junta anual de accionistas del próximo miércoles 4 de noviembre. Allí se someterá a voto la propuesta de Bergeron de sustituir al actual consejero delegado —que además preside el consejo— por un ejecutivo externo con experiencia en el gran consumo y el lujo, procedente de la órbita de Neiman Marcus, que asumiría el cargo con carácter interino. La idea, explicó el inversor en el plató de Bloomberg, es que el sustituto no herede el sillón, sino que ordene la casa mientras se busca un primer ejecutivo definitivo.
Bergeron no se conforma con cambiar al jefe. Pide una renovación total del consejo y describe los males de la compañía como fallos corregibles: decisiones que se han ido postergando durante años y que, en su lectura, no responden a un problema estructural del negocio del mueble, sino a una gestión que ha preferido la inercia. En su intervención no hubo matices: habló de una compañía con activos valiosos y una marca reconocida a la que le falta, sencillamente, gobierno corporativo.
Un consejo que, según Bergeron, no puede fichar al mejor CEO
El núcleo del argumento es la independencia del órgano de gobierno. Bergeron presentó a parte de su candidatura al consejo, encabezada por Chris Miller, antigua responsable de consultoría de retail y con experiencia en consejos de compañías cotizadas. Frente a ella, dibujó un consejo actual que, a su juicio, lleva 38 años con los mismos equilibrios de poder y que cambia de nombres sin cambiar de fondo.
Ahí llegó uno de los momentos más duros de la entrevista. El inversor calificó al consejo de absolutamente no cualificado y, tras conocerse esta semana que el Tribunal Supremo de Nueva York ha sancionado a una de sus consejeras por destruir pruebas en un litigio civil relacionado con su salida de otra compañía cotizada, elevó el tono: dijo que ahora debería considerarse directamente inhabilitado para el cargo. Asi lo defendió ante las cámaras de Bloomberg Television, sin que la empresa haya respondido públicamente a esas alegaciones.
El consejero delegado de primer nivel no va a dejar un puesto donde le va bien para venirse a este consejo. No es posible.
— Douglas Bergeron, fundador de DGB Investments
De esa idea se desprende el resto de su tesis: un consejo mediocre atrae a gestores mediocres y, por tanto, bloquea la llegada del talento que la empresa necesita para competir. La cuestión, insistió, ya no es si Kathwari se marcha, sino cuándo lo hace, si permanece en el puesto tras la junta y qué órgano será el encargado de elegir a su sucesor.
Ethan Allen contraataca con el historial de VeriFone
La compañía no se ha quedado quieta. En un comunicado difundido esa misma mañana, Ethan Allen puso el foco en la etapa de Bergeron al frente de VeriFone, la empresa de pagos que dirigió durante una década, y recordó que la SEC investigó a la firma por irregularidades contables. El texto sostiene que su historial de supervisión financiera merece escrutinio. Bloomberg Television se encargó de precisar el contexto: la SEC no imputó al directivo a título personal y las dos demandas relacionadas fueron desestimadas con prejuicio.
Preguntado por esa andanada, Bergeron respondió con cifras de su propio currículum. Recordó que compró VeriFone por 50 millones de dólares cuando la compañía perdía dinero y venía de una caída de ingresos, que estuvo 13 años al frente, que globalizó el negocio y que, a su salida, había generado cinco mil millones de dólares de valor empresarial, además de pasar de 800 a 6.000 empleados. Fue, dijo, uno de los orgullos de su carrera, y le gustaría repetir la jugada en el fabricante de muebles.
Los asesores de voto y el alcance de la limpia
El terreno donde se libra la batalla final es el de los asesores de voto, esos intermediarios que condicionan el sentido del voto de los fondos. La entrevistadora planteó que las firmas independientes respaldan un cambio de presidente y de consejero delegado, pero no una sustitución completa del consejo. Bergeron la corrigió en directo: aseguró que dos de las tres grandes firmas, entre ellas Glass Lewis, han pedido una limpia total y quieren que salgan todos.
Ese matiz importa más de lo que parece. Si los asesores solo apoyan un relevo parcial, la dirección conserva una red de seguridad; si avalan la lista completa del activista, la junta del miércoles puede convertirse en una moción de censura. Con el añadido de que la compañía no había respondido a las preguntas de Bloomberg sobre las alegaciones vertidas en la entrevista, algo que el canal se comprometió a publicar si llegaba la réplica.
Digital, omnicanal y un plan a cinco años
Más allá de la refriega accionarial, el diagnóstico operativo que plantea el inversor es fácil de resumir: Ethan Allen se ha quedado atrás en el canal digital y omnicanal, un terreno donde el mueble de gama media y alta se juega la venta desde hace años. Su equipo, según explicó, ya tiene preparado un plan para el primer día y otro a cinco años, con la idea de cerrar la brecha tecnológica sin desmantelar lo que funciona del negocio tradicional.
Conviene situar la compañía. Ethan Allen nació en 1932 y cotiza en la Bolsa de Nueva York, con un modelo verticalmente integrado que va de la fábrica a la tienda propia y a los distribuidores licenciados. Ese control de la cadena ha sido históricamente su fortaleza y, al mismo tiempo, el argumento que esgrimen quienes la acusan de lentitud. El sector, además, atraviesa un ciclo poco amable en Estados Unidos, con un mercado inmobiliario que se ha movido a trompicones y un consumidor que retrasa las compras grandes de equipamiento del hogar.
Qué se juega el accionista minoritario
Para el inversor pequeño, el pulso tiene dos lecturas. La primera es inmediata: una junta reñida suele traducirse en volatilidad y en un debate público sobre el rumbo del negocio que, hasta hace poco, se cocía a puerta cerrada. La segunda es de fondo. Si el consejo sobrevive al envite, la dirección tendrá que explicar cómo piensa recuperar el terreno perdido y si acepta o no incorporar savia nueva al órgano de gobierno.
También hay un componente de credibilidad que conviene no pasar por alto. Bergeron llega con una trayectoria de reestructuraciones y una retórica de creación de valor que suena bien en una entrevista, pero que en el mueble minorista se enfrenta a márgenes ajustados, inventarios pesados y una marca que vive de la experiencia en tienda. El contraataque de Ethan Allen, centrado en su pasado en VeriFone, anticipa el tipo de campaña que veremos hasta el miércoles: menos debate sobre estrategia y más intercambio de expedientes. El inversor, en cualquier caso, tendrá la última palabra en las urnas de la junta.
Lo que queda claro es que el activismo ha dejado de ser un fenómeno de tecnológicas y bancos para instalarse en el mobiliario. Y que una empresa familiar reconvertida en cotizada puede descubrir de golpe que su gobierno corporativo es tan parte del negocio como sus sofás. La pregunta, ahora, es si el consejo de Ethan Allen sobrevive al miércoles o si el miércoles se lleva por delante al consejo. La respuesta la darán los accionistas.
Puedes ver la entrevista completa aquí:





