El próximo gran cambio de Ethereum, el hard fork Glamsterdam, arrastraba una grieta por la que el depósito de un validador podía acabar acreditado en el saldo de un constructor de bloques. La brecha ya está tapada en las especificaciones de consenso, el documento técnico que después implementan los equipos de software de la red. Falta lo demás: que los clientes lo adopten y que alguien ponga fecha.
Junta dos mitades: Amsterdam, la parte de ejecución, y Gloas, la de consenso. Gloas introduce una separación incorporada entre quien propone los bloques y quien los ensambla. Hasta ahora los validadores, los ordenadores que bloquean 32 ETH como garantía para mantener la red, hacían las dos cosas. Con el cambio, los constructores arman la carga de transacciones y los validadores se limitan a proponer y confirmar.
El fallo apareció justo en las reglas que ordenan ese trasvase. El investigador conocido como avsetsin lo describió el 12 de octubre en un informe publicado en GitHub sobre cómo se procesan los depósitos pendientes durante la bifurcación Gloas. El supuesto: un constructor se registra primero con una clave pública; después llega un depósito para un validador asociado a esa misma clave. Con la lógica propuesta, ambos depósitos podían acabar acreditados al constructor.
La consecuencia no era cosmética. Si el depósito se clasificaba en el saldo del constructor, la dirección de retiro quedaba bajo el control de ese operador. Las credenciales de retiro, el campo que decide quién puede sacar los fondos y cómo, son la pieza que separa un rol de otro. Si esa marca se pierde, el validador no llega a crearse y el protocolo de staking que había enviado el dinero se queda sin la prueba que necesita para completar sus procedimientos.
Avsetsin revisó de forma preliminar posibles exposiciones en Lido, Origin y Rocket Pool, tres grandes servicios de staking líquido, donde el usuario deposita ETH y recibe un token que representa su posición. El investigador aclaró que sus conclusiones dependían de cómo gestionara cada protocolo los depósitos y que no demostraban ningún exploit. Ningún exploit confirmado, por tanto.
Un depósito enviado al rol equivocado no desaparece: cambia de dueño. Y en staking, cambiar de dueño es la definición exacta del fallo.
La corrección no tuvo un camino recto. El 19 de octubre, el mantenedor Justin Traglia cerró la propuesta de cambio tras hablarlo con los desarrolladores principales, con el argumento de que los equipos de clientes no la respaldaban lo suficiente. El cierre reflejaba falta de consenso, no la convicción de que el escenario descrito fuera imposible.
Cuatro días después se reabrió. El 23 de octubre el revisor potuz dio el visto bueno al enfoque, pero exigió pruebas para las combinaciones de depósitos más delicadas. Avsetsin las incorporó esa misma jornada, con casos en los que constructor y validador comparten clave pública y aun así exigen tratamientos separados. La versión final se fusionó en las especificaciones de consenso de Ethereum el 26 de octubre, con pruebas de regresión incluidas.
Hoodi espera turno: el EIP-8037 es otro asunto
La corrección coincidió en el calendario con un contratiempo distinto, y conviene no mezclarlos. El 22 de octubre la Ethereum Foundation anunció que aplazaba la activación de Glamsterdam en Hoodi, una de las redes de prueba de Ethereum, prevista para el 26 de ese mes. El motivo eran los riesgos de compatibilidad detectados en el EIP-8037, una propuesta de mejora ajena al enrutado de depósitos.
El investigador Toni Wahrstätter explicó que ese cambio podía interferir con contratos inteligentes que dan por supuestas ciertas cantidades de gas disponible durante la ejecución. Programas que hoy funcionan podían revertir de forma inesperada o abrir rutas que sus autores consideraban inalcanzables. La subida del límite de gas a 200 millones por bloque también quedó aparcada.
El ensayo anterior sí salió. Sepolia activó Glamsterdam el 6 de octubre y allí se probaron los cambios en la construcción de bloques y una mayor capacidad de procesamiento. Hoodi, en cambio, sigue sin programación y la red principal no tiene fecha confirmada. Sin fecha, otra vez.
Qué dice este episodio del ritmo real de Glamsterdam
Ethereum tiene cierta costumbre de llegar al último testnet con sustos. Pasó con The Merge de septiembre de 2022, que dejó atrás la minería y pasó la red a prueba de participación. Volvió a pasar con Dencun, en marzo de 2024, el upgrade que estrenó los blobs, espacios de datos baratos donde los rollups publican sus resúmenes. Y se repitió con Pectra en la primavera de 2025, con las cuentas inteligentes y un límite de stake por validador mucho mayor.
La diferencia ahora es la naturaleza del error. No es un problema de rendimiento, es un problema de a quién pertenece el dinero. La fusión en la especificación no es un despliegue: cada cliente de consenso tiene que implementar el cambio y pasar sus propias pruebas. Y queda el debate de fondo, porque la separación entre proponentes y constructores concentra la construcción de bloques en pocos actores especializados. Es la misma tensión que ya existe con el MEV, el valor extraíble del orden de las transacciones.
La próxima señal será una fecha para Hoodi y la confirmación en la llamada de desarrolladores. Hasta entonces, la corrección está aprobada sobre el papel. Los datos apuntan a un otoño más largo de lo que la hoja de ruta sugería, y esa es la lectura útil para quien tenga ETH en staking o esté pensando en moverlo. El código rara vez corre más que los equipos que lo revisan.



