El hielo de Groenlandia volvió a encogerse. Entre septiembre de 2025 y agosto de 2026, la isla perdió unas 135.000 millones de toneladas de hielo más de las que ganó, según el balance anual que firman el Instituto Meteorológico Danés (DMI) y el Polar Portal. Es el trigésimo año consecutivo con saldo negativo.
La cifra tiene matices y conviene decirlos pronto. El año 2025-26 no fue extremo: el verano arrancó frío en el sur, las nevadas de junio dejaron una capa blanca y brillante que devolvió radiación al espacio y el deshielo se retrasó nueve días respecto a la media. Aun así, la cuenta final quedó en rojo.
Una cosa es un verano cálido y otra muy distinta es que la dirección de la flecha no cambie en tres décadas. El último ejercicio con ganancia neta de hielo fue 1996.
Un balance de superficie alto que no tapa el agujero
Para medir la salud de un manto de hielo, los glaciólogos usan dos contabilidades distintas. La primera es el balance de masa superficial: la diferencia entre la nieve que se deposita y el hielo que se funde en la superficie. En el ciclo que va del 1 de septiembre al 31 de agosto, Groenlandia cerró con 519.000 millones de toneladas, el sexto valor más alto de una serie de 46 años y unos 178.000 millones por encima de la media de 1981-2010. Sobre el papel, un buen año.
La segunda contabilidad es la que manda. El balance de masa total suma a la fusión superficial los icebergs que se desprenden y el hielo que se derrite allí donde los glaciares tocan el mar templado. Con todo dentro, el resultado es negativo. Una estimación alternativa, que combina otro modelo climático con estaciones meteorológicas automáticas, satélites, datos GPS y vuelos de observación, eleva la merma hasta los 173.000 millones de toneladas.
Treinta inviernos de nieve no bastan para compensar treinta veranos de pérdida, y esa asimetría ya es el clima de la isla.
Cómo se pesa una isla de hielo
Esa horquilla entre 135.000 y 173.000 millones no es un descuido de cálculo, sino una medida honesta de la incertidumbre. Nadie conoce con precisión milimétrica el espesor del hielo en cada punto, ni la velocidad a la que fluye, ni cuánta agua se cuela por la base. Los científicos usan enfoques distintos para cubrir ese hueco y el resultado es un rango, no un número sagrado.
La cronología del año ayuda a entender por qué. El invierno y la primavera fueron inusualmente secos en la mitad sur: unos 40.000 millones de toneladas menos de nieve de lo normal, una ausencia que en glaciología no es buena noticia, porque la capa gruesa de nieve funciona como escudo térmico al inicio del verano. La temporada de fusión arrancó el 5 de junio, nueve días más tarde que la media. Y a finales de junio llegó el calor.
Durante los primeros veinte días de julio, el deshielo superó con holgura la media. El pico se alcanzó el 22 de julio, cuando la fusión cubrió el 74,9% de la isla: casi tres cuartas partes de un territorio que cuadruplica la superficie de España. El récord absoluto sigue siendo julio de 2025, con un 81,2%.
El patrón atmosférico también jugó a favor de la isla. Las olas de calor del verano europeo dibujaron una corriente en chorro con forma de omega y Groenlandia quedó en el lado fresco de esa curva. Con el patrón desplazado media longitud de onda, el deshielo habría batido registros.

Treinta años, el umbral que separa el tiempo del clima
Hay una razón estadística detrás del número redondo. Los climatólogos necesitan series de unos treinta años para separar la huella humana de la variabilidad natural: el ruido de fondo de las corrientes, los ciclos oceánicos y los vaivenes del Ártico. Groenlandia acaba de completar esa ventana. Y en esas tres décadas la señal ha ido siempre en la misma dirección. Hacia abajo.
El año tampoco fue tranquilo en los bordes. El 4 de agosto, un iceberg tabular de más de 76 kilómetros cuadrados y unos 150 metros de espesor se desgajó de la lengua flotante del glaciar Petermann, en el noroeste. El agua congelada en ese bloque bastaría para anegar el Gran Londres bajo 6,65 metros de agua. Fue la mayor pérdida de hielo flotante en Petermann desde 2012 y el mayor desprendimiento de un glaciar ártico desde 2020. Y no será el último: se esperan dos islas de hielo más, de unos 94 y 84 kilómetros cuadrados, que junto al bloque de agosto retirarían cerca del 22% del hielo flotante que le queda.
Ese hielo ya flotaba, así que su rotura no eleva el nivel del mar de forma directa. Pero Petermann es uno de los frenos naturales que retienen el hielo del interior. Cuando la lengua se retira, el glaciar acelera. De hecho, el desprendimiento y el retroceso de los frentes glaciares explican ya cerca de dos tercios de toda la pérdida de hielo de la isla.
Sobre la solidez del dato: el método es el mismo que el DMI y el Polar Portal emplean desde hace años, y los registros satelitales son consistentes entre sí. La parte discutible no es la tendencia, sino el decimal. El desacuerdo entre modelos sobre el año concreto es real y no debería convertirse en titular. Lo que sí está fuera de duda es la serie completa de tres décadas, y su lectura de futuro.
Porque Groenlandia es hoy la mayor fuente de subida del nivel del mar de origen glaciar, y a la vez un ensayo general de lo que puede ocurrir en la Antártida, donde los procesos de fusión que aquí llevan décadas documentados empiezan a replicarse. El próximo examen llega el 31 de agosto de 2027, cuando se cierre el ciclo 2026-27. Entre medias, el Polar Portal publica mapas diarios de superficie helada y los satélites Sentinel-1 seguirán vigilando las grietas de Petermann.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Groenlandia perdió unas 135.000 millones de toneladas netas de hielo entre septiembre de 2025 y agosto de 2026, su trigésimo año consecutivo en negativo.
- Dónde: manto de hielo de Groenlandia, con especial atención al glaciar Petermann, en el noroeste de la isla.
- Institución responsable: Instituto Meteorológico Danés (DMI) y Polar Portal, con datos de modelos climáticos, satélites Sentinel-1 y estaciones meteorológicas automáticas.
- Cuándo: ciclo glaciológico 2025-26, cerrado el 31 de agosto de 2026; el gran desprendimiento de Petermann se produjo el 4 de agosto de 2026.
- Impacto a futuro: consolida a Groenlandia como principal fuente glaciar de subida del nivel del mar y anticipa lo que puede ocurrir en la Antártida.




