El gran consumo creció un 2,7% en valor en septiembre y un 2,2% en volumen, según el barómetro de Circana. El avance se sostiene ya en la demanda y no en los precios: la inflación solo aportó medio punto.
El dato que cambia la lectura: crece la demanda, no el precio
Septiembre rompe el patrón de los dos últimos años. El valor del mercado avanzó un 2,7%, pero de ese crecimiento solo medio punto porcentual procede de la subida de precios. El resto, 2,2 puntos, lo pone la demanda. En septiembre de 2025 la fotografía era la contraria: los precios aportaban 2,5 puntos y el volumen apenas empujaba.
A efectos prácticos, esto significa que las familias compran más unidades y no solo pagan más por las mismas. El mercado acumula en los nueve primeros meses del año un avance del 3,9% en valor y del 2,6% en demanda, según el Barómetro del Gran Consumo que elabora Circana. Es la diferencia entre una cesta que engorda por inflación y una cesta que engorda porque entra más producto en el carro.
El matiz importante es el contexto. El IPC subió un 4,9% en el periodo y la alimentación lo hizo un 2,7%, así que el consumidor ha absorbido una presión de precios notable y aun así no ha recortado volumen. El riesgo sigue en la energía y los carburantes, que pueden tensar el presupuesto de los hogares en los próximos meses.
Aquí manda el volumen.
Una cesta que crece por demanda y no por precio es la mejor noticia posible para el bolsillo: el mismo dinero compra más producto.
Frescos y perfumería tiran del carro; la cerveza se queda atrás
Por categorías, la alimentación creció un 2,6% en valor y los productos frescos un 3%. Dentro de los frescos, la carne avanzó un 5,3% y las frutas un 6%, dos ritmos muy por encima de la media del sector y que explican buena parte del crecimiento total del mercado.

Las bebidas subieron un 2,7%, pero con comportamientos opuestos según el tipo de producto. El agua creció un 11% y los refrescos un 8,4%, mientras que la cerveza retrocedió un 1,2% y el vino un 0,9%. No es un detalle menor: en las categorías con marca de fabricante fuerte, el comprador tiende a mantener la enseña y ajustar la cantidad o el formato.
El departamento más dinámico fue perfumería, con un 5,7% en valor y una demanda que creció un 5,9%. En el extremo opuesto, higiene y droguería se quedó en un 0,1% y limpieza en un 0,3%, pese a mantener signo positivo.
📊 La comparativa de un vistazo
| Categoría | Crecimiento en valor | Dato clave |
|---|---|---|
| Alimentación | 2,6% | Por debajo de la media del sector |
| Frescos | 3% | Frutas +6% y carne +5,3% |
| Bebidas | 2,7% | Aguas +11%; cervezas -1,2% |
| Perfumería | 5,7% | La demanda crece un 5,9% |
| Higiene y limpieza | 0,1% y 0,3% | Los departamentos más planos |
La marca blanca roza el 52%: quién paga la cuenta
La marca de distribuidor aglutina ya el 51,9% del valor del mercado, según el mismo barómetro. La cuota asciende al 61% en alimentación y al 64,4% en droguería y limpieza. Son cifras que dejan de ser una tendencia para convertirse en la estructura misma del mercado español.
Las marcas de fabricante resisten donde el producto tiene más componente de enseña: 66,4% de cuota en bebidas y 68,8% en perfumería e higiene. A ver, esto no significa que la marca blanca haya perdido empuje en esas categorías; significa que el surtido de fabricante sigue siendo el eje de la decisión en refrescos, cervezas o cosmética.
Para la compra semanal, el dato se traduce en una idea sencilla. Si la demanda crece más que el precio en la mayoría de categorías, la guerra de precios entre cadenas tiene menos margen para bajar el ticket y más para mover surtido y formatos. Lo que de verdad cambia el ticket no es el folleto: es la cuota de marca blanca que cada hogar tenga interiorizada.
Análisis: por qué este crecimiento es más frágil de lo que parece
La resistencia del consumo no es euforia. Sandra Latorre, directora de Client Insights de Circana España, destaca que el mercado sigue creciendo principalmente desde la demanda y no desde el precio, aunque advierte de una actitud prudente y selectiva en los hogares. Esa prudencia se ve en las cifras: la cesta crece, pero lo hace concentrada en frescos, agua y perfumería, no en el conjunto del surtido.
Hay tres señales que invitan a no lanzar campanas. Primera: el sector compara contra un septiembre de 2025 en el que los precios hacían casi todo el trabajo, así que el 2,7% en valor no es comparable sin mirar la composición. Segunda: la energía y los carburantes siguen siendo el riesgo que puede romper el equilibrio entre volumen y precio. Tercera: los departamentos no alimentarios apenas se mueven, y ahí es donde el hogar recorta primero, cuando el presupuesto se tensa.
La lectura honesta es que el consumo sostiene la cesta por volumen, no por capacidad de gasto. Si la inflación alimentaria repunta por encima del 2,7% actual, el margen para seguir comprando más unidades se agota rápido.
Para el comprador, la consecuencia práctica tiene que ver con el calendario. Los meses de octubre y noviembre definirán si el año cierra con un crecimiento del 3,9% en valor y del 2,6% en demanda o si el cuarto trimestre corrige la tendencia. Con el consumo tan dependiente del volumen, cada décima de precio acaba pesando el doble.
Menos folleto, más etiqueta.
🛒 El Veredicto de Compra
- Compara el precio por kilo: con los frescos subiendo un 3% y las frutas un 6%, el PVP por unidad separa la subida real del simple efecto de formato.
- Revisa tu cuota de marca blanca: ya pesa el 51,9% del mercado y el 61% de la alimentación; elegir en qué categorías cambiar de enseña mueve más el ticket que el folleto.
- No confundas volumen con bajada: que la demanda crezca un 2,2% no significa precios más bajos; el IPC de la alimentación sigue en el 2,7%.




