El precio del gas natural en Europa se dispara a 97 €/MWh, máximo de cuatro años, por el frío y el riesgo en Irán

Las reservas europeas llegan al invierno al 75%, su nivel más bajo en más de una década, mientras el Brent ronda los 115 dólares. En España, un TTF por encima de 90 euros encarece el pool y retrasa la convergencia de la inflación al 2%.

El precio del gas natural en Europa ha tocado los 97 euros por megavatio hora. Es el nivel más alto desde 2022. El movimiento se ha producido este lunes en el mercado mayorista, con el TTF holandés como referencia, y combina dos vectores que llevaban meses en segundo plano: la caída de las temperaturas y el miedo a una interrupción de suministro en Oriente Medio.

He seguido la sesión con atención porque el detalle importa más que el titular. El contrato británico a un mes subía un 4% hasta 240 peniques por termia, su cota más alta desde diciembre de 2022, cuando el mercado aún digería el shock posterior a la invasión rusa de Ucrania. No es un repunte aislado de una sola plaza: es una reevaluación del riesgo de invierno en todo el continente.

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Los datos: 97 euros, reservas al 75% y un crudo en 115 dólares

Los números que explican la jornada son tres, y conviene verlos juntos.

  • 97 euros/MWh en el TTF, récord de los últimos cuatro años.
  • Almacenamiento europeo al 75% de su capacidad, frente a una media estacional cercana al 80%.
  • Brent en torno a 115 dólares por barril, tras marcar 117 el viernes y ceder cerca de un 2% este lunes.

El desfase del almacenamiento tiene explicación doble. Por un lado, las exportaciones de Catar se han ralentizado. Por otro, el consumo estival se disparó para alimentar la refrigeración, de modo que Europa afronta el invierno con menos colchón del habitual y con reservas en su nivel más bajo en más de una década. La lógica del mercado es simple: con menos gas guardado, cada grado que baja el termómetro se convierte en una compra de cobertura.

Irán, elecciones americanas y una prima de riesgo que no se deshace

El segundo vector es geopolítico. Los informes publicados este fin de semana apuntan a que Estados Unidos e Israel habrían diseñado planes para una nueva ronda de ataques contra Irán después de las elecciones de mitad de mandato americanas, previstas para noviembre. El mercado no espera a los hechos: descuenta probabilidades. Y esa probabilidad, hoy, se paga.

Cabe recordar que el crudo ya subió con fuerza el viernes al conocerse esos reportes. El Brent retrocedió después, pero sigue en torno a 115 dólares, un umbral que en la eurozona se traduce en costes de transporte, fertilizantes y química. En paralelo, el regulador energético británico ha advertido de que el Reino Unido pagará este invierno algunos de los costes más altos de Europa, lastrado por su dependencia de las importaciones y por unos almacenes entre los más pequeños del continente.

Los datos británicos sirven de espejo. El país desembolsó la cifra récord de 4.000 millones de libras en importaciones eléctricas en el año cerrado en agosto, según la oficina estadística nacional, y la mitad de ese gasto correspondió a electricidad procedente de Francia. Las facturas domésticas subirían un 16% en enero, hasta el equivalente a unas 2.000 libras anuales en una factura dual típica.

TTF holandés

Lo que veo: una Europa que compra seguridad y paga prima por ella

Esta jornada no es un episodio de volatilidad más. Es la confirmación de que el mercado europeo del gas ha cambiado de función: ya no solo fija el precio de la energía, también fija el precio del riesgo geopolítico. Entre 2022 y 2024 esa prima se justificaba por la guerra en Ucrania. Ahora el centro de gravedad se ha desplazado a Oriente Medio, con Irán como epicentro y con el calendario electoral americano como catalizador.

Hay una contradicción que los datos no resuelven. El almacenamiento al 75% no es una emergencia; es un déficit moderado frente a la media. Si el invierno es suave y el suministro catarí se normaliza, el TTF podría devolver buena parte del movimiento en pocas semanas. Pero si el frío se instala o se materializa una disrupción en el Golfo, ese mismo 75% deja de ser un colchón y pasa a ser un cronómetro. Es la diferencia entre un susto y una crisis.

Mantengo la vista en tres hitos: las elecciones de mitad de mandato americanas de noviembre, la evolución de las temperaturas en Europa central durante la primera quincena de noviembre y el próximo dato de inflación armonizada de la eurozona. Los tres alimentan la misma variable, la credibilidad de la senda de recortes del BCE.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el lector español, la traducción llega en cascada y por tres vías.

  • El Euríbor a 12 meses no bajará al ritmo previsto si la energía mantiene la inflación por encima del 2%. Cada décima de más se nota en las cuotas variables que se revisan cada trimestre.
  • La electricidad española sigue fijando precio en las horas punta con el gas como tecnología marginal; un TTF en 97 euros encarece el pool y presiona la factura de hogares y pymes antes de diciembre.
  • Cerámica, cemento, química y vidrio compiten en Europa con costes energéticos superiores a los de sus rivales americanos, mientras la siderurgia y las utilities del IBEX revisan coberturas.

Si el TTF se estabiliza por encima de 90 euros de media en el cuarto trimestre, el impacto directo para España es moderado pero real: retrasa la convergencia de la inflación y refuerza la presión sobre el BCE de cara a su reunión de diciembre.


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