Un error metodológico subestima hasta un 50% los PFAS del agua potable de EE.UU.

El trabajo revisa 1,8 millones de mediciones de 9.991 redes y concluye que el método estándar solo captura el 44% de la concentración estimada. En los seis PFAS regulados por la EPA, la media pasaría de 2,6 a 5,2 nanogramos por litro.

El 98% de los análisis de PFAS del agua potable de EE. UU. queda por debajo del umbral de detección. Ese dato, extraído de más de 1,8 millones de mediciones en 9.991 sistemas comunitarios, es el punto de partida de un estudio de la Universidad Cristiana de Texas (TCU) publicado en Cell Reports Sustainability. La conclusión incomoda: dar por cero lo que el laboratorio no ve subestima hasta un 50% la concentración real de estas sustancias.

Las PFAS —sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas— son compuestos sintéticos que no se degradan con facilidad y que la epidemiología ha vinculado a cáncer, daños hepáticos y trastornos del desarrollo neurológico en niños. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) exige vigilar hasta 29 variedades distintas en el agua de consumo. El problema no está en el laboratorio. Está en la hoja de cálculo.

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El trabajo, dirigido por Gehendra Kharel, revisó el registro nacional público de la EPA: más de 1,8 millones de registros de medición procedentes de 9.991 sistemas comunitarios de agua, prácticamente diez mil redes distintas. Un volumen suficiente para que los promedios dejen de ser anécdotas y se conviertan en política pública.

El cero que no es cero: cómo se diluye la contaminación por PFAS

Los laboratorios trabajan con un Nivel Mínimo de Notificación (LMN). Por debajo de esa frontera, el instrumento no distingue la sustancia del ruido de fondo y la muestra se anota como no detectada. En el conjunto analizado, eso ocurrió en el 98% de los análisis individuales.

Cuando esos resultados entran en el cálculo de la media, se convierten en ceros. Y ahí aparece la distorsión: la práctica estándar solo logra capturar el 44% de la concentración promedio estimada. Más de la mitad del valor desaparece no porque no exista, sino porque el método no sabe contarlo.

Una muestra no detectada no es una muestra limpia: es una muestra que el instrumento no supo leer.

El ejemplo más claro está en los seis PFAS que la EPA regula de forma vinculante , entre ellos el PFOA y el PFOS. La media nacional oficial es de 2,6 nanogramos por litro. La modelización del equipo la sitúa en 5,2 nanogramos por litro. El doble, exactamente.

500 estimaciones probabilísticas para leer lo que el laboratorio no ve

Para no quedarse en la intuición, los investigadores construyeron un modelo computacional que generó 500 estimaciones probabilísticas para cada uno de los 25 PFAS detectados al menos una vez en el registro público. No inventan mediciones: acotan el intervalo donde el valor real puede estar y lo reparten según una distribución estadística.

La lógica recuerda al funcionamiento de una balanza de cocina que no marca nada por debajo de un gramo. Si pesas cien ingredientes y todos caen bajo ese umbral, la balanza dirá que la receta no pesa nada. Obviamente, pesa.

PFAS subestimados

En concentración, el orden de magnitud ayuda: 5,2 nanogramos por litro equivale a disolver una cucharadita de esas sustancias en casi 400 piscinas olímpicas. Suena a nada, y en términos toxicológicos muestra a muestra puede serlo. La dosis depende de cuánto se bebe, durante cuántos años y de qué mezcla se trate.

Hay un detalle técnico que amplifica el efecto. El LMN lo fijan los propios laboratorios, de modo que la frontera no depende solo del agua analizada, sino del instrumento que la analiza. Dos muestras idénticas pueden recibir tratamientos estadísticos distintos según quién las procese. Armonizar ese umbral, o al menos declararlo junto a cada promedio, sería el primer paso para comparar lo comparable.

Lo que el estudio no dice y por qué el matiz importa

Conviene frenar antes de convertirlo en alarma. Los propios autores subrayan que sus resultados no implican un riesgo asistencial inmediato en cada muestra no detectada. Lo que señalan es un problema de estadística epidemiológica: si el punto de partida ya está recortado a la mitad, cualquier evaluación de exposición que se construya encima arrastra ese sesgo.

Ahí está el valor real del trabajo, y también su límite. Es un estudio sobre datos de un solo país, con una única base pública y una metodología que estima, no mide. La modelización no sustituye a un laboratorio con mayor sensibilidad analítica. Eso sí, ofrece algo que hasta ahora faltaba: una forma reproducible de cuantificar cuánto se pierde por el camino.

Kharel lo resume con una idea que debería acompañar cualquier informe sobre contaminación difusa: etiquetar una muestra como no detectada indica únicamente que está por debajo del límite instrumental, no que el agua esté exenta de contaminantes. El nuevo marco, añade, da a las administraciones sanitarias y a las gestoras una herramienta para dibujar el mapa real de exposición, identificar áreas prioritarias de cribado y decidir mejor.

Un mapa distinto del riesgo, no un riesgo nuevo. Y una advertencia metodológica que va más allá de las PFAS: los mismos promedios construidos sobre ceros artificiales se emplean en epidemiología del aire, del suelo y de la contaminación industrial. La próxima revisión de los umbrales analíticos de la EPA y los datos de los siguientes ciclos de vigilancia dirán si este trabajo cambia la forma de contarlos.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: que tratar como cero los PFAS no detectados subestima hasta un 50% la concentración media real de estas sustancias en el agua potable, al capturar solo el 44% del promedio estimado.
  • Dónde: Estados Unidos, a partir del registro nacional público de la EPA con 1,8 millones de mediciones en 9.991 sistemas comunitarios de agua.
  • Institución responsable: Universidad Cristiana de Texas (TCU), con publicación en Cell Reports Sustainability y dirección científica de Gehendra Kharel.
  • Cuándo: 2026, con publicación en Cell Reports Sustainability; el análisis abarca el registro público nacional de la EPA.
  • Impacto a futuro: obliga a revisar cómo se calculan los promedios de contaminantes no detectados y abre la puerta a umbrales analíticos más bajos y homogéneos.

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