Los herederos de Elvis demandan a Anthropic por 36 millones de euros por entrenar su IA con sus canciones

La demanda, presentada en un tribunal de California, alega que la empresa usó Claude para eludir las protecciones de derechos de autor. El caso llega nueve meses después de que Universal Music exigiera 3.000 millones a la misma compañía.

Los herederos de Elvis demandan a Anthropic por 41 millones de dólares por entrenar su IA con sus canciones. La cifra, que equivale a 36,5 millones de euros, es la última escaramuza de una guerra legal que ya enfrenta a la industria musical con las grandes tecnológicas de la inteligencia artificial generativa.

La demanda se presentó el pasado viernes en la Corte de Distrito del Norte de California, según recoge The New York Times. Los herederos del Rey del Rock no buscan un acuerdo rápido: quieren llevar el caso a juicio y han calculado al céntimo el valor de cada tema utilizado sin permiso.

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Claves de la operación

  • 274 canciones sin ningún tipo de licencia. Los herederos alegan que Anthropic alimentó sus modelos con temas como ‘All Shook Up’, ‘Can’t Help Falling in Love’ y ‘Return to Sender’ sin autorización expresa.
  • Un precedente de 3.000 millones de dólares. En enero de 2026, Universal Music Group ya demandó a Anthropic por esa cifra, la mayor reclamación por copyright contra una empresa de IA hasta la fecha.
  • El frente regulatorio que llega desde Europa. La AI Act obliga a los grandes modelos a declarar las fuentes de su entrenamiento, una exigencia que amplía el riesgo legal de la compañía en el mercado comunitario.

El pulso judicial que pone precio a la música robada

El importe no es una cifra redonda al azar. Los 36,5 millones de euros se traducen, según los cálculos de los demandantes, en 133.830 euros por cada una de las 274 canciones usadas sin permiso, un ejercicio quirúrgico que busca sentar doctrina sobre cómo se indemniza la creatividad ajena cuando acaba dentro de un modelo de lenguaje.

La acusación va más allá del uso indebido. También sostiene que Anthropic empleó a su chatbot Claude para eludir las medidas de protección de la música y para eliminar o alterar la información sobre la gestión de los derechos de autor. En otras palabras: no solo habría consumido el catálogo, sino que habría borrado las huellas de su origen.

El texto describe la estrategia de la tecnológica como un modelo de negocio construido ‘sobre la infracción de derechos de autor a una escala nunca vista’. Anthropic, por su parte, ha expresado su disconformidad con las acusaciones y ha asegurado que se defenderá por la vía legal.

La frontera entre entrenar una IA y saquear un catálogo musical se mide ya en euros por canción y en tribunales de California.

La estela de Universal: el coste de aprender con bibliotecas ajenas

Este no es el primer frente judicial de la compañía. En enero de 2026, Universal Music Group presentó una demanda de 3.000 millones de dólares, cerca de 2.677 millones de euros, en la que acusó a Anthropic de desarrollar Claude a partir de ‘bibliotecas pirateadas’ de canciones. El caso de Elvis llega nueve meses después y refuerza la misma tesis: el entrenamiento masivo de IA no puede sostenerse sobre obras protegidas. El goteo de litigios complica la defensa de la tecnológica, que sostiene que su uso de las obras entra dentro de un supuesto amparo legal.

Hay una diferencia relevante entre ambos casos. Universal Music representa a la gran industria discográfica, mientras que los herederos de Elvis actúan como titulares individuales de un patrimonio cultural. Que un estate familiar y un gigante coincidan en el mismo tribunal amplía el cerco: ya no es solo una disputa entre corporaciones, sino entre la memoria de un artista y la máquina que aprende de ella.

Para el sector, la cuestión trasciende a una sola empresa. La mayoría de las reclamaciones apunta a un mismo problema: el coste real de los datos que alimentan los modelos generativos. Si los tribunales empiezan a fijar compensaciones por canción, el negocio de la IA deberá internalizar un gasto que hasta ahora no figuraba en sus balances.

Anthropic y el dilema de la IA que aprende de lo ajeno

La presión no se limita a Estados Unidos. En Europa, la AI Act exige a los proveedores de modelos de propósito general publicar un resumen suficientemente detallado del contenido usado para entrenar sus sistemas, una obligación que en España supervisa la Agencia Española de Supervisión de la IA. La vía judicial norteamericana y la normativa comunitaria empujan en la misma dirección: transparencia sobre qué se ingiere y a qué precio.

El sector musical español lleva décadas peleando esta batalla. Desde las campañas de la SGAE contra la piratería digital, hasta los litigios por descargas ilegales, la industria ha aprendido que la tecnología avanza más rápido que la ley. Ahora el pulso se libra en otra escala: no contra un usuario que comparte un archivo, sino contra una empresa valorada en miles de millones que convierte ese archivo en producto.

Observamos un riesgo claro para Anthropic y para el resto de laboratorios de IA. Si la justicia fija un precio por canción, el coste de entrenar modelos podría multiplicarse en los catálogos con mayor protección legal. El primer cálculo de esta demanda —133.830 euros por tema como advertencia de escala— funciona como aviso: si el criterio se extiende a bibliotecas enteras, la factura podría ser incompatible con los márgenes actuales del negocio.

La próxima cita relevante será la respuesta formal de Anthropic en el tribunal californiano y, en paralelo, el avance del caso de Universal Music. Ambas piezas determinarán si la IA generativa puede seguir entrenándose con el acervo cultural sin pagar peaje o si, por el contrario, el copyright se convierte en la primera gran frontera económica de esta tecnología.


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