Las subastas de otoño en Nueva York han devuelto al mercado del arte una señal que se esperaba desde hace tres años: los compradores vuelven a pujar. Sotheby’s cerró el 7 de octubre su venta Contemporary Curated con 38,6 millones de dólares, el mejor resultado de su historia para ese formato. Christie’s y Phillips también han adjudicado por encima de las estimaciones en los lotes correctos.
Sotheby’s firma el mejor ‘Contemporary Curated’ de su historia con 38,6 millones
La sesión, comisariada por el pívot de los Knicks y seis veces All-Star de la NBA Karl-Anthony Towns junto a la modelo Jordyn Woods, incluyó la colección del arquitecto Robert A.M. Stern, fallecido el año pasado. Ese conjunto sumó 8,7 millones de dólares, por encima de su estimación alta de 5,5 millones, y encontró comprador en el 90% de los lotes.
El lote más caro fue un Flowers de Andy Warhol, adjudicado por 6,3 millones de dólares. Le siguió Return and Exit (1974), de Helen Frankenthaler, vendido por 3 millones, el doble de su estimación baja. La jornada dejó además récords de subasta para Annie Leibovitz, con 140.800 dólares, y para Fritz Scholder, con 537.600.
La venta Reflections on Pop, procedente de la colección de Roy Lichtenstein y su esposa Dorothy, alcanzó 8,5 millones de dólares —justo por encima de su estimación alta— con el 96% de las obras vendidas. La retrospectiva que el Whitney Museum dedica al maestro del pop este otoño en Nueva York coincide con la revalorización del material de procedencia impecable.
Christie’s y Phillips confirman que el comprador paga precio, no nombre
En Christie’s, la venta de arte de posguerra y contemporáneo del 1 de octubre recaudó 28 millones de dólares. El resultado fue correcto sin ser espectacular: alcanzó el 86% de la suma de las estimaciones bajas del catálogo. Aun así, hubo competencia real por el material adecuado. Coastal Farms (1997), de Wayne Thiebaud, se adjudicó por 1,86 millones, más del doble de su estimación baja de 800.000.
Una escultura roja de Donald Judd procedente de la colección de Barbara Jakobson siguió con 1,3 millones, mientras que Region and Mind (1971), de Sam Gilliam, superó el millón. Un Homage to the Square de Josef Albers se vendió por 960.000 dólares, más del doble de su estimación baja. Y más abajo en la escala, Christie’s halló margen para el descubrimiento de precio: Judy Chicago, Anni Albers y Anicka Yi firmaron récords por 486.400, 166.400 y 83.200 dólares.
Cuando el comprador premia la procedencia museística y castiga la novedad sin historial, el mercado no se recupera: se ordena.
En Phillips, la tesis es aún más nítida. Su venta de arte moderno y contemporáneo del 26 de septiembre totalizó 6,15 millones de dólares, con 133 de 166 lotes adjudicados, un 80% de éxito. Drawing After Bedroom Painting #6 (1969), de Tom Wesselmann, lideró con 348.300 dólares. Pero el dato revelador llegó de Fairfield Porter: Flowers on a Bank, estimado entre 50.000 y 70.000 dólares, se vendió por 148.350.

Arte azul frente a arte joven: la brecha que define el nuevo ciclo
Llevo años insistiendo en que el mercado del arte no sube ni baja en bloque: se bifurca. La temporada otoñal lo confirma con una nitidez que no se veía desde 2019. Mientras Thiebaud, Judd o Lichtenstein —nombres con tres décadas de mercado secundario y presencia museística constante— se adjudicaban por encima de sus estimaciones, el arte joven firmaba su propio ajuste.
La referencia más elocuente es Kundry (2018), de Avery Singer: salió con una estimación baja de 600.000 dólares, había alcanzado 2,1 millones en Sotheby’s en 2022 y este otoño se quedó en 243.200 dólares.
El mercado ha aprendido a distinguir la demanda de la novedad, y esa educación vale más que cualquier récord de una sola noche.
La comparación no es anecdótica: define dos clases de activo bajo la misma etiqueta. El arte de mercado consolidado funciona como reserva de valor, con liquidez razonable y una curva de precios documentada. El arte emergente es capital de riesgo: historial corto, dispersión amplia y demanda atada al ciclo. El inversor que confunde ambos perfiles suele descubrirlo en la peor casilla, la de la venta forzada.
Para una cartera de patrimonio elevado, la lectura de esta temporada es clara: el arte vuelve a ser asignable, pero con sesgo de calidad y un horizonte superior a cinco años. El próximo test llegará con las ventas de arte contemporáneo de noviembre en Nueva York, donde se medirá si la selectividad se consolida o era solo un efecto de catálogo.
💎 Veredicto Wealth
El arte de posguerra y contemporáneo con historial museístico vuelve a ser un refugio para preservar capital a cinco o diez años. El riesgo a vigilar es la liquidez del arte emergente, donde correcciones del 80% pueden dejar sin salida al comprador durante años.




