En Haryana, uno de los estados agrícolas más prósperos de la India, encontrar esposa se ha convertido en una carrera de obstáculos. Un desequilibrio de género alimentado durante décadas ha abierto un mercado ilegal en el que niñas y mujeres pobres son compradas, trasladadas cientos de kilómetros y obligadas a casarse. El reportaje de DW Español sigue el caso de Narguis, una de esas mujeres, para mostrar cómo funciona por dentro un sistema que convierte a las personas en mercancía.
Haryana, el estado próspero donde las mujeres escasean
La paradoja cuesta digerirla. Haryana figura entre los estados agrícolas con más riqueza del país y, sin embargo, muchos hombres de la región llevan años sin poder encontrar una mujer con quien casarse. DW Español atribuye esa escasez a un cóctel antiguo: asesinatos de niñas, abortos selectivos y una preferencia social por los hijos varones sostenida generación tras generación. El resultado es una población local con demasiados hombres y muy pocas mujeres.
Cuando el mercado interno se seca, aparece el de fuera. Las familias pagan miles de rupias para atraer mujeres procedentes de estados lejanos, y ese traslado rara vez es voluntario.
El viaje de Narguis: 1.300 kilómetros sin saber a qué iba
Narguis no sabe con exactitud qué edad tiene. Creció en una familia pobre de seis hermanos y sus padres le concertaron el matrimonio sin consultarle. En el reportaje lo cuenta sin adornos: le dijeron que tenía que casarse y, cuando dijo que no, la obligaron. Hoy vive en Haryana, a más de 1.300 kilómetros de su casa, después de que una red la trasladara de un extremo a otro del país.
Lo que no sabía era el destino que le esperaba: un hombre mayor, viudo, con dos hijos pequeños a su cargo.
‘Las traen de allí, las venden a otra persona y esta a su vez se las pasa a otro. Un sistema que ha perdido toda credibilidad.’
— DW Español
Una vida doméstica bajo control y amenaza
El día de Narguis gira en torno a las tareas de la casa: cocinar, limpiar, ocuparse de los niños. Durante la temporada de cosecha se suma al resto de mujeres para trabajar en el campo. Además, cuida de su marido, Mohamed, que está enfermo. Él tiene 45 años y, según explica el reportaje, necesitaba a alguien que se ocupara de él y de sus hijos pequeños tras la muerte de su primera esposa.
La libertad de movimiento y de decisión de Narguis es, cuanto menos, discutible. Apenas tiene control sobre la vida matrimonial que le han impuesto. Si hace algo mal, dice, la golpea. ¿Cómo qué? Usar el celular o comprarse algo. Tiene miedo de que él sospeche una infidelidad, así que prefiere no tener teléfono para evitar discusiones y peleas.
El dinero de aquel matrimonio lo recaudaron los ancianos del pueblo y otros miembros de la comunidad. Se entregó a sus padres y a un intermediario. Un familiar menciona en el vídeo una cifra concreta: 45.000 rupias.
Paro: el estigma de venir de fuera
En Haryana, a las mujeres llegadas de otras regiones se las llama ‘paro’, un término despectivo que subraya que vienen de fuera. La etiqueta no es un detalle lingüístico: marca jerarquía, sospecha y distancia. En la familia de Mohamed la historia se repite: sus cinco hermanos también están casados con mujeres de otras regiones. Su propia madre fue llevada desde Bengala Occidental hasta Haryana para contraer matrimonio por la fuerza.
En esa casa, los matrimonios entre personas de distintos estados se han convertido en una tradición generacional. Las mujeres que llegan desde lejos lo hacen por desesperación, no por voluntad propia, según las voces que recoge el reportaje.
De la costumbre a la trata: cuándo el matrimonio es esclavitud
El reportaje no habla solo de costumbre. Habla de redes de trata que mueven a las mujeres a lo largo del país. Los hombres cuyas esposas han fallecido acaban buscando a alguien de fuera, y ese mercado se retroalimenta. Las condiciones de vida de una persona ‘paro’, advierte una de las voces del vídeo, pueden llegar a ser de esclavitud.
Ese es el punto que DW Español quiere dejar claro: no estamos ante un intercambio entre iguales, sino ante una cadena en la que la mujer pasa de mano en mano sin capacidad real de decir no.
El contexto que explica la escasez
India prohibió la selección de sexo prenatal y el aborto selectivo hace décadas, pero la práctica no desapareció. La preferencia por el hijo varón, unida a la dote y a la presión social, mantiene una ratio de masculinidad desequilibrada en varios estados del norte. Haryana ha sido durante años uno de los casos más citados en los informes demográficos: la brecha entre nacimientos de niños y niñas se sostenido pese a las campañas oficiales.
Cuando ese desequilibrio se cronifica el efecto colateral es el que documenta el reportaje: los hombres que no encuentran pareja en su comunidad miran hacia regiones más pobres, donde la miseria empuja a una familia a entregar a una hija a cambio de dinero. La trata encuentra ahí su hueco.
Qué significa esto para quien lo lee desde fuera
Conviene resistir la tentación de leer estas historias como una rareza exótica. Lo que describe DW Español es un mecanismo reconocible: cuando un grupo humano se vuelve escaso y no tiene poder para decidir sobre su propia vida, alguien encuentra la manera de ponerle precio. La compraventa de esposas en India es la punta visible de un problema más amplio, el de la trata de mujeres dentro de un mismo país, que rara vez aparece en los titulares internacionales.
También conviene ser honestos con lo que el vídeo no dice. No ofrece cifras nacionales actualizadas ni un mapa completo de las redes. Cuenta lo que ve: una mujer sin edad conocida, un marido de 45 años, cinco hermanos con el mismo patrón, una madre traída a la fuerza desde Bengala Occidental. La fuerza del reportaje está en esa acumulación de detalles concretos, no en una estadística.
Y queda flotando una pregunta incómoda. Si el estado es próspero y el mercado sigue funcionando ¿a quién beneficia que estas mujeres permanezcan invisibles?
Puedes ver el vídeo completo aquí:





