El mercado de la IA se ha partido en dos. Mientras OpenAI trabaja con la previsión de cerrar el año con unos 70.000 millones de dólares de ingresos anualizados, la que iba a ser una de las mayores salidas a bolsa de la historia de Australia se ha caído antes de llegar al parqué. En Bloomberg Television lo tienen claro: no son dos noticias distintas, son la misma con distinto envoltorio.
OpenAI y la guerra de las cifras anualizadas
Charlie Wells, periodista de Bloomberg, explicó en The Pulse que OpenAI espera alcanzar o superar los 70.000 millones de dólares de ingresos anualizados antes de que acabe el año. La cifra rondaba los 50.000 millones al cierre de septiembre, y la compañía negocia una ronda de más de 30.000 millones con una valoración de 1,4 billones de dólares. Números que en cualquier otro sector sonarían a ciencia ficción.
El problema no es el crecimiento, sino cómo se mide. El ingreso anualizado es una métrica que las tecnológicas adoran porque proyecta impulso, y cada compañía la calcula a su manera. OpenAI no lo hace igual que Anthropic, y esa diferencia de criterio bastó para sacudir ayer a las acciones tecnológicas de Wall Street. Wells lo describió como una confusión que se sumó a un cóctel ya nervioso: rendimientos elevados y una competencia feroz por el capital.
Firmus: la OPI que no encontró compradores
El caso de Firmus es más elocuente. La compañía de centros de datos respaldada por Nvidia, que se presenta como constructora de factorías de IA, aspiraba a una valoración de 30.000 millones de dólares y a colocarse entre las mayores salidas a bolsa jamás vistas en Australia. No lo consiguió: los inversores empezaron a mirar los libros con lupa y el proceso se desinfló.
Wells subrayó que el episodio retrata una polarización creciente. Hay quien ya no da por hecha la capacidad de estas empresas para convertir expectativas en facturación y justificar el capital que necesitan. Y hay quien sigue comprando el relato sin pestañear. La pregunta de fondo, si Firmus puede sostener lo que promete, quedó sin respuesta, y la compañía ha optado por buscar financiación alternativa. Según Bloomberg, ya estaría despertando interés.
Lo que estamos viendo es una división: inversores que todavía creen en la historia de la IA y otros que han empezado a dudar lo suficiente como para que una salida a bolsa de esta escala se desmorone.
— Charlie Wells, Bloomberg Television
SoftBank busca hasta 100.000 millones en el Golfo
En la otra acera está SoftBank. Según las informaciones recogidas por Bloomberg, el conglomerado japonés quiere levantar hasta 100.000 millones de dólares entre inversores de Oriente Medio, con conversaciones iniciales ya en marcha con fondos de Emiratos Árabes Unidos. La estrategia que Masayoshi Son tiene en mente resulta reveladora: comprar compañías y aplicarles inteligencia artificial y robótica para hacerlas más eficientes.
Es, precisamente, uno de los casos de uso que sostienen la narrativa del sector. Si la IA sirve para exprimir márgenes en negocios tradicionales, el retorno deja de depender de promesas futuristas y se ancla en resultados. De ahí que el movimiento de SoftBank se lea como una señal más de que el dinero grande sigue apostando, aunque lo haga con estructuras cada vez más sofisticadas.
Mastercard ve la stablecoin como oportunidad
Michael Miebach, consejero delegado de Mastercard, pasó por el programa para explicar por qué su empresa está entre las más de cien que respaldan una nueva stablecoin anclada al dólar. Su tesis es sencilla: las monedas digitales son otra forma de mover valor, no un enemigo a batir. El ecosistema financiero del futuro, dijo, combinará tarjetas, stablecoins y vías de pago que todavía no tienen nombre.
Miebach insistió en que la compañía no las percibe como amenaza sino como negocio: gana dinero cuando mueve valor por cuenta de otro. Y añadió un argumento que los bancos escuchan con atención: la capa de protección al consumidor, la confianza, sigue siendo el activo diferencial. En sus reuniones en Londres, aseguró, la conversación sobre stablecoins aparece en todas y cada una de las citas con entidades y grandes comercios. Los pagos transfronterizos son hoy el caso de uso más inmediato, y la tokenización de depósitos bancarios o de mercados de renta variable, el siguiente. Mastercard presentó además un beneficio trimestral un 21% superior y alianzas globales como la firmada con Riyadh Air, con un impacto de Oriente Medio menos severo de lo que esperaba.
Qué significa esto para el inversor
Para quien invierte o simplemente sigue el sector, el mensaje del programa es incómodo. La IA ya no es un bloque monolítico: avanza a dos velocidades. Por un lado, compañías como OpenAI o SoftBank siguen encontrando capital casi sin fricción. Por otro, proyectos que hace seis meses se habrían colocado sin preguntas ahora tienen que demostrar su modelo de negocio antes de recibir un solo dólar. Esa asimetría tiene consecuencias prácticas: más volatilidad en bolsa, primas de riesgo más dispares y una criba silenciosa entre empresas que facturan de verdad y empresas que solo proyectan facturar. La confusión sobre cómo se calculan los ingresos anualizados no ayuda, y conviene recordar que estas cifras no pasan por el filtro de una auditoría como las de una compañía cotizada. Cuando los numeros no acompañan, el relato se aguanta menos tiempo.
La pregunta que queda flotando es sencilla y no tiene respuesta fácil: ¿estamos ante un ajuste de expectativas o ante el principio de una corrección más profunda? Bloomberg Television no da un veredicto, pero deja las piezas sobre la mesa. Y las piezas, hoy, apuntan en direcciones opuestas.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.





