La NASA y el Departamento de Energía impulsan la propulsión nuclear espacial para llegar a Marte

El acuerdo entra en vigor el 1 de noviembre y cubre la cadena completa, desde la producción de combustible hasta la integración en vuelo. Con Space Reactor-1 Freedom previsto para 2028, la propulsión nuclear deja de ser un experimento de laboratorio.

La NASA y el Departamento de Energía de Estados Unidos han sellado este jueves un pacto para desarrollar la propulsión nuclear espacial que acorte el viaje a Marte y sostenga una base lunar durante la noche selenita.

El memorando que abre la era nuclear de la NASA

El documento se titula Accelerating American Leadership in Space Nuclear Power and Propulsion y lo firmaron el administrador de la agencia, Jared Isaacman, y el secretario de Energía, Chris Wright, en el Golden Age Summit celebrado en el Instituto Donald J. Trump para la Paz, en Washington. El acuerdo, según el comunicado oficial de la NASA, entra en vigor el 1 de noviembre y fija un marco de colaboración integral entre ambos organismos.

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—Estamos entrando en la era del Nuclear NASA, que representa una transformación mayor para la exploración espacial —dijo Isaacman—. La energía nuclear nos permitirá ir más lejos, operar durante más tiempo, y desplegar naves e instrumentos más capaces que nunca.

El texto menciona tres objetivos declarados: impulsar la exploración civil, desbloquear descubrimientos científicos y afianzar el liderazgo estadounidense en un terreno que la Casa Blanca considera estratégico. Lo que el comunicado no detalla es el presupuesto, el reparto concreto de tareas entre ambas agencias ni el calendario de financiación plurianual.

Space Reactor-1 Freedom: cuando la propulsión nuclear pase a volar

El salto operativo tiene nombre y fecha. Cuando Space Reactor-1 Freedom despegue en 2028, la propulsión nuclear dejará de ser una línea de investigación de laboratorio y se convertirá en aplicación operativa de espacio profundo. Ese hito, según la NASA, allanará el camino hacia Lunar Reactor-1, el sistema de fisión en superficie llamado a mantener viva la futura base lunar.

La diferencia entre una sonda que dura meses y otra que dura años se reduce, casi siempre, a cuánta energía puede llevar a bordo.

Lunar Reactor-1 alimentará hábitats, comunicaciones, instrumentos, rovers y explotación de recursos en la superficie selenita. Juntos, SR-1 y LR-1 forman la base industrial sobre la que Washington quiere construir una presencia permanente en la Luna y, más adelante, una misión tripulada a Marte. Una orden ejecutiva firmada en diciembre de 2025 ya marcaba el objetivo de un reactor lunar listo para lanzamiento en 2030.

Ambos proyectos no viajan solos. La NASA insiste en que SR-1 y LR-1 formen la base de una cadena industrial doméstica que atraiga proveedores, fábricas de combustible y contratistas de pruebas. El objetivo declarado es que la tecnología no dependa de un único laboratorio nacional, sino de un ecosistema repartido por varios estados.

Más allá de la fisión, la agencia seguirá tirando de generadores radioisotópicos. La misión Dragonfly a Titán, la luna de Saturno, tiene previsto su lanzamiento en 2028 y volará gracias a un generador termoeléctrico multi-misión y a 24 unidades calefactoras que mantendrán a temperatura un dron del tamaño de un coche. NASA y DOE aportarán además 24 calefactores similares al rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea, que busca rastros de vida pasada o presente en Marte.

NASA Departamento de Energía

Qué cambia de verdad en la exploración del espacio profundo

La firma de un memorando no es un lanzamiento. Es un marco de trabajo que ordena quién hace qué, con qué combustible y bajo qué estándares de seguridad. Y ahí está una de las claves técnicas: la fisión en el espacio ha sido durante décadas una promesa difícil de cerrar, porque un reactor de este tipo en vuelo necesita disipar calor en el vacío, arrancar sin intervención humana y operar dentro de los márgenes que impone el lanzamiento.

Lo que cambia con el acuerdo es la escala del esfuerzo. La NASA no compra el producto terminado a un proveedor externo: comparte con el DOE el ciclo completo, desde la producción de combustible hasta la integración final. Ese modelo end-to-end existe desde hace décadas en el programa nuclear naval estadounidense, pero es nuevo en el ámbito civil y espacial. El precedente es sólido, aunque el calendario depende de un escalón crítico: que el primer reactor de vuelo se comporte como predicen los modelos.

La incertidumbre honesta cabe en una frase: no hay una segunda fuente independiente que confirme los plazos de SR-1 o LR-1 más allá del propio comunicado de la NASA. Las fechas de 2028 y 2030 son objetivos declarados, no compromisos contractuales con penalizaciones. Y en un programa plurianual que cruza varias agencias federales, cualquier cambio de prioridades presupuestarias puede desplazar el calendario sin que se modifique una sola coma del papel firmado.

Lo que me parece más interesante del anuncio no es la tecnología en sí, sino el modelo. Durante décadas, la energía nuclear en el espacio se ha tratado como un experimento que exigía una misión entera para probarse. Ahora se plantea como una infraestructura reutilizable capaz de sostener operaciones durante años. Si el enfoque cuaja, la próxima vez que una nave tarde meses en llegar a Marte no será por falta de empuje, sino por decisión de arquitectura. El siguiente hito ya tiene fecha: la entrada en vigor del memorando el 1 de noviembre.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha acordado: NASA y el Departamento de Energía firman un memorando para desarrollar conjuntamente energía y propulsión nuclear espacial.
  • Dónde: Golden Age Summit, Instituto Donald J. Trump para la Paz, Washington D. C.
  • Institución responsable: NASA y Departamento de Energía de Estados Unidos, con el respaldo de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca.
  • Cuándo: firmado el 8 de octubre de 2026; entrada en vigor el 1 de noviembre de 2026.
  • Impacto a futuro: sustituir la energía química por reactores de fisión que acorten los viajes a Marte y sostengan una base lunar permanente.

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