El informe global de LCOE de Wood Mackenzie sitúa el almacenamiento energético por delante del gas: una batería de cuatro horas ya cuesta menos de instalar que una turbina de ciclo abierto en los 43 mercados analizados.
El punto de inflexión: la batería de 4 horas adelanta a la turbina de gas
La consultora ha modelado dos tecnologías en 43 mercados —baterías con cuatro horas de autonomía y turbinas de gas de ciclo abierto— y el resultado no admite matices: en ninguno de esos mercados la turbina sale más barata de construir. El dato aparece en el último informe global sobre el coste nivelado de la energía (LCOE) de Wood Mackenzie, una de las referencias que el sector eléctrico utiliza para decidir qué tecnología construye y con qué respaldo.
Vamos a los datos.
El LCOE reparte la inversión total de una instalación y sus costes de operación entre toda la electricidad que entregará a lo largo de su vida útil. Es la vara con la que las utilities comparan una planta solar, un parque eólico, una turbina de gas o una batería antes de firmar la ingeniería. Que una batería de cuatro horas adelante a una turbina de ciclo abierto en coste de instalación implica que el respaldo del sistema eléctrico ya no tiene por qué ser fósil por defecto: la tecnología que arranca rápido para cubrir los picos de demanda es, por primera vez, competitiva en coste frente al gas.
El informe añade un segundo dato relevante para el mapa global: en Oriente Medio y África la solar a escala utility ya lidera en coste entre las tecnologías analizadas. Eso refuerza la tesis de que la combinación de solar más almacenamiento en baterías se está convirtiendo en la opción por defecto en los mercados con buena radiación y red todavía por construir.
Durante décadas el gas fue el respaldo barato del sistema eléctrico; esa primacía acaba de pasar a las baterías en los 43 mercados analizados.
La letra pequeña del LCOE: qué mide y qué se queda fuera
Aquí está la letra pequeña, y conviene leerla antes de celebrar nada. Que una batería de cuatro horas sea más barata de instalar que una turbina de ciclo abierto no equivale a decir que el gas vaya a desaparecer del sistema. Una batería de cuatro horas cubre el pico diario, no una semana de invierno sin viento ni sol. No resuelve la firmeza estacional, ni la seguridad de suministro en un año hidrológico seco, ni la demanda de un proceso industrial que necesita calor de alta temperatura. Lo que sí hace es desplazar la tecnología de arranque rápido que durante décadas ha fijado el precio en las horas caras del mercado mayorista y ha sostenido la rentabilidad del respaldo fósil del sistema eléctrico.
La comparación se establece además contra la turbina de ciclo abierto, la más sencilla y también la menos eficiente de la familia del gas. El ciclo combinado, con rendimientos muy superiores y funcionamiento en base, conserva su lógica económica cuando opera miles de horas al año. El golpe lo recibe el peaker: la planta que se enciende pocas horas, con costes de instalación altos y factores de utilización bajos. Ese segmento es el que la batería deja sin argumento en los 43 mercados analizados.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Mercados analizados: 43, en los que Wood Mackenzie ha comparado baterías de cuatro horas y turbinas de gas de ciclo abierto.
- Coste de instalación: la batería de cuatro horas sale más barata que la turbina de ciclo abierto en todos ellos.
- Diferencia por mercado: la fuente no detalla la horquilla de coste ni el importe de inversión por tecnología.
- CO2 evitado y equivalencias: no cuantificados en el informe; el dato disponible es de coste, no de emisiones.

El efecto dominó: del PPA corporativo a la subasta de capacidad
La consecuencia no se queda en la mesa del ingeniero. Cuando el respaldo barato deja de ser el gas, cambia la estructura de los proyectos que llegan al mercado. Los promotores empiezan a vender solar más batería como un bloque único, no como una planta fotovoltaica con una instalación aparte. La mayoría de los compradores de PPA corporativos firma contratos de más horas al día y con un perfil más firme. Y las subastas de capacidad, que retribuyen disponibilidad, tienen que recalibrar qué tecnología consideran firme y durante cuánto tiempo.
En España, el PNIEC sitúa el almacenamiento como palanca imprescindible para integrar la renovable que entra en el sistema, y las convocatorias del MITECO han ido incorporando hibridación y capacidad de respaldo en sus diseños. En el marco europeo, el paquete Fit for 55 y la Taxonomía Verde clasifican el almacenamiento como actividad habilitadora de la descarbonización, lo que abre la puerta a financiación etiquetada y a bonos verdes que financian precisamente este tipo de activo.
El respaldo del sistema deja de ser un problema de combustible y pasa a ser un problema de capital: quien compre la batería más barata, gana horas de mercado.
El precedente que anticipa la próxima década
Ya ha ocurrido dos veces. La solar fotovoltaica cruzó en coste a las tecnologías fósiles y, desde entonces, cada año de fabricación a escala ha bajado el precio del vatio instalado. La eólica hizo lo mismo con los parques terrestres. El almacenamiento es el tercer cruce, y llega con una diferencia: su curva de aprendizaje depende de la producción global de celdas, una industria que ha multiplicado capacidad en pocos años. La AIE y la IRENA llevan tiempo documentando esta tendencia en sus informes de costes, y el dato de Wood Mackenzie la confirma en 43 mercados a la vez.
Conviene, eso sí, no confundir el coste de instalación con una sustitución completa. El gas seguirá cubriendo huecos que la batería no alcanza y la red necesitará refuerzos, conexión y permisos para absorber todo el almacenamiento que la economía pide. La transición no se decide en una hoja de cálculo, pero empieza ahí. Un promotor que hoy tenga que elegir entre una turbina de ciclo abierto y una batería de cuatro horas ya tiene la respuesta delante: la segunda cuesta menos y no emite. La letra pequeña manda.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: cada turbina de ciclo abierto que no se construye evita las emisiones asociadas a una planta diseñada para operar entre 30 y 40 años.
- Modelo que cambia: el respaldo eléctrico deja de elegirse por el precio del combustible y pasa a decidirse por el coste del capital y de la batería.
- Para las próximas generaciones: un respaldo limpio y competitivo en 43 mercados reduce la dependencia del gas importado y rebaja la presión sobre el precio en las horas punta.




