BBVA escala la inteligencia artificial a todo el grupo: Deutsche Bank ve recorrido al alza

El banco alemán no ve un gran margen de mejora inmediato, pero sí potencial en eficiencia y captación de clientes. BBVA ha creado un modelo propio para extender la IA a todo el grupo y reforzar su transformación centrada en el cliente.

La inteligencia artificial ha dejado de ser un experimento en BBVA. El banco ha creado un modelo para escalarla a todo el grupo y la coloca en el centro de su transformación, con el cliente como eje. La valoración que llega desde Fráncfort matiza el entusiasmo: Deutsche Bank no aprecia un margen de mejora inmediato descomunal, pero sí un recorrido claro en eficiencia.

La noticia aterriza en un momento en el que la banca española compite por transformar la tecnología en ventaja comercial. Ya no basta con digitalizar procesos. Lo que se mide ahora es cuánto ahorra cada euro invertido y cuántos clientes nuevos atrae cada herramienta. Ahí es donde entra la lectura del banco alemán.

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BBVA mueve la IA del laboratorio al conjunto del grupo

El planteamiento no se limita a incorporar herramientas puntuales. BBVA ha diseñado un modelo que busca extender la inteligencia artificial a todas sus áreas y geografías, con el objetivo declarado de impulsar una transformación centrada en el cliente. La diferencia entre un proyecto aislado y un despliegue transversal es, precisamente, la distancia entre una promesa y una capacidad instalada.

Deutsche Bank reconoce ese potencial. En su lectura, la inteligencia artificial puede mejorar el negocio del banco por dos vías: la eficiencia, con menos coste por operación y procesos más rápidos, y la comercial, con mejores herramientas para captar y retener clientes. El matiz, que conviene no pasar por alto, es que esa mejora no llega sola.

Los modelos de lenguaje no reducen costes por el hecho de existir. Requieren datos ordenados, supervisión humana y una gobernanza que evite que el ahorro se convierta en un riesgo operativo. BBVA insiste en el enfoque centrado en el cliente, y ahí está la clave para que el despliegue no acabe siendo una capa cosmética sobre procesos viejos.

La inteligencia artificial solo se vuelve ventaja cuando deja de ser una demostración y entra en el coste ordinario del negocio.

Escalar también significa homogeneizar. Un mismo criterio para todas las filiales evita que cada país construya su propio silo tecnológico. Ese es el terreno donde se decide si el modelo de BBVA se convierte en una plataforma común o en una suma de pilotos mal coordinados.

Eficiencia y captación: dónde se juega el retorno

En eficiencia, el margen de mejora depende de cuánto peso tenga el coste operativo en la cuenta de resultados. La banca española lleva una década recortando red y plantilla, así que el ahorro fácil ya se ha capturado. Lo que queda es más difícil: automatizar decisiones complejas, reducir errores y acortar tiempos de respuesta en áreas que antes exigían varias manos.

En captación, la promesa es distinta. Se trata de usar la inteligencia artificial para entender mejor al cliente, anticipar sus necesidades y ofrecerle el producto adecuado en el momento adecuado. Los bancos que lo consiguen elevan la vinculación sin subir el coste comercial. Los que no, se quedan con una app más bonita y la misma tasa de conversión.

El riesgo no es menor. Un modelo que se equivoca en una recomendación financiera no solo frustra al cliente: también puede incumplir la normativa. La supervisión humana sigue siendo obligatoria en decisiones sensibles, y eso limita la velocidad a la que se puede automatizar sin romper nada.

Una ventaja que no se compra en el mercado

Visto con perspectiva, lo que está en juego no es quién tiene el modelo más potente, sino quién lo integra antes en la operativa diaria. La banca española lleva desde mediados de la década pasada compitiendo por digitalizar la relación con el cliente. BBVA fue uno de los primeros en apostar por esa vía, tal y como recoge su web oficial, y ahora intenta que la inteligencia artificial sea el siguiente escalón de la misma estrategia.

Deutsche Bank no regala el diagnóstico. Al señalar que no hay un gran margen de mejora inmediato, introduce una advertencia útil: los mercados tienden a premiar los anuncios de inteligencia artificial antes de que se traduzcan en euros contantes y sonantes. La prueba de fuego llegará cuando la eficiencia aparezca en el margen, no en la nota de prensa.

Mi lectura es que BBVA juega con ventaja en datos y escala, pero no tiene garantizado el resultado. El despliegue a todo el grupo es condición necesaria, no suficiente. Entre el anuncio y el impacto hay una distancia que solo se cierra con ejecución, y esa parte no admite atajos.

El siguiente punto de control serán los resultados del tercer trimestre, que el banco presentará en las próximas semanas. Ahí se verá si la inversión tecnológica empieza a notarse en el coste por operación o si, por ahora, sigue siendo un argumento de futuro. La pregunta que dejo abierta es sencilla: cuánto de ese recorrido que aprecia Deutsche Bank está ya en los números y cuánto queda por construir.


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