La riqueza de las familias españolas marca un nuevo récord de 2,81 billones de euros. El dato, correspondiente al cierre del segundo trimestre, es el más alto jamás registrado y confirma una tendencia que lleva varios ejercicios al alza. La clave no está solo en el volumen bruto: también en la deuda, que adelgaza en términos relativos.
El patrimonio de los hogares creció en torno a un 13% interanual, según las cifras difundidas esta semana. Es el mayor nivel de la serie y deja la foto de unas familias más ricas en papel que hace un año. Cada vez más ahorro se canaliza hacia productos de inversión en lugar de quedarse quieto en la cuenta.
El otro dato relevante está en el pasivo. Las familias aumentaron sus deudas en 10.000 millones de euros, un repunte que queda diluido por el crecimiento de la economía. Su peso sobre el PIB cae a mínimos desde 1999, el nivel más bajo en 27 años.
El detalle importa porque la cifra de riqueza, sola, engaña. Hay que mirar de dónde viene y hacia dónde va. Si sube porque los activos se revalorizan, es frágil; si sube porque las familias ahorran más cada mes, es sólida. En el caso español están ocurriendo las dos cosas a la vez, aunque con pesos distintos.
Récord de patrimonio con la deuda más baja en 27 años
La combinación es poco habitual. Un patrimonio que sube y una deuda relativa que baja dibujan un balance saneado, pero conviene matizar de qué hablamos. Buena parte de esa riqueza vive en activos financieros cuyo valor depende del mercado.
Ahí asoma la primera contradicción. La estadística mide lo que las familias tienen y lo que deben, no lo que pueden gastar mañana sin deshacer posiciones. Un patrimonio que crece por revalorización no es lo mismo que uno que crece por ahorro nuevo, y esa diferencia pesa cuando el ciclo cambia de signo. El Banco de España publica estas cuentas cada trimestre y deja la foto, no la película.
Un patrimonio récord sostenido sobre activos de mercado es una buena noticia que depende, cada trimestre, de que el mercado siga acompañando.
El ahorro se muda del depósito al fondo de inversión
El segundo cambio es de comportamiento. Las familias españolas apuestan cada vez más por los fondos de inversión y menos por los depósitos tradicionales, una tendencia que se consolida trimestre a trimestre. El dinero busca rentabilidad donde el banco ya no la ofrece.
No es una novedad de este trimestre, pero sí un movimiento que gana peso. Los depósitos siguen siendo el colchón de seguridad de la mayoría, mientras los fondos capturan el ahorro de horizonte más largo. Para la banca, el efecto tiene doble filo: suma comisiones, pero pierde el pasivo barato si el cliente se lo lleva a una gestora ajena. Las entidades lo saben y llevan meses reorientando su oferta hacia productos de inversión propia.
La estampa contrasta con la de hace una década, cuando el ahorro español dormía casi en su totalidad en cuentas y plazos fijos. El trasvase hacia los los fondos responde a dos fuerzas conocidas: la remuneración del depósito se quedó corta y la cultura inversora fue calando, sobre todo entre los hogares más jóvenes y con mayor renta. Las gestoras lo aprovecharon para ampliar catálogo y captar clientes que antes no pisaban un fondo.
Qué puede torcer la foto: mercado, hipotecas y empleo
Merece la pena separar riqueza de bienestar. Que el patrimonio agregado bata récords no significa que las familias vivan mejor. La riqueza está muy desigualmente repartida: los hogares con más activos financieros son los que más se benefician de la revalorización, mientras los que solo cargan una hipoteca no ven mejora alguna en su bolsillo. El récord agregado esconde esa asimetría, y conviene recordarlo cada vez que se celebra una cifra de este tipo.
Hay también una lectura de país. Una economía con hogares más ricos y menos endeudados tiene más margen para aguantar un bache. El sistema financiero se enfrenta a un balance doméstico más limpio que el que arrastraba en la burbuja inmobiliaria, cuando la deuda de las familias marcaba máximos históricos sobre el PIB. Esa comparación, más que la cifra de 2,81 billones, es la que cambia el punto de partida.
El riesgo de la foto actual es su dependencia del mercado. Si las bolsas y los fondos corrigen, la riqueza retrocede sin que la deuda lo haga al mismo ritmo. La mayor parte del pasivo de los hogares sigue siendo hipotecario y su coste va atado al euríbor. Un repunte del paro tensionaría las dos caras del balance a la vez: menos ingresos y más dificultad para pagar lo que se debe.
Lo que parece sólido es el cambio de mentalidad financiera. Del ladrillo y el depósito se pasa, poco a poco, al fondo y al plan de pensiones. Es un trasvase que interesa a gestoras y bancos, y que expone al ahorrador medio a un riesgo que antes no tenía. El próximo dato de cuentas financieras, previsto para finales de año, dirá si el récord aguanta o se queda en el pico de un solo trimestre.




