La Fundación Solana ha presentado Solana DvP, un programa de código abierto con el que las entidades financieras pueden liquidar una compraventa de activos en segundos, en lugar de los uno o dos días que exige hoy la maquinaria de los mercados tradicionales. El desarrollo ha contado con aportaciones de JPMorgan, que ha trasladado al equipo cómo funcionan por dentro los procesos de liquidación de valores.
El anuncio se conoció esta semana y la fundación ya busca socios de diseño para probar el programa antes de su lanzamiento en producción. No hay fecha pública para ese estreno.
Conviene empezar por lo básico. Liquidar una operación es el momento en el que el comprador paga y el vendedor entrega el título. En bolsa, esas dos patas no viajan juntas: pasan por cámaras de compensación, depositarios, y custodios, y el proceso se lleva entre uno y dos días. Durante ese hueco, el capital queda inmovilizado y aparece el riesgo de que una parte cumpla y la otra no.
La liquidación contra pago, conocida en el sector como DvP por sus siglas en inglés, es el mecanismo que ata ambas patas: o se completan las dos o no se completa ninguna. Suena obvio, pero llevarlo a la práctica en un entorno digital compartido es justo lo que faltaba.
Solana DvP lo resuelve con un contrato de depósito en garantía aislado, lo que en la jerga se llama escrow, y con plazos de ejecución obligatorios. Si las condiciones no se cumplen en el tiempo fijado, la operación no se cierra. La fundación asegura que el programa ha pasado auditorías externas y que está listo para operar con fondos reales.
Comprimir la liquidación de dos días a un par de segundos no ahorra tiempo: elimina la ventana en la que una de las partes puede quedarse sin activo y sin dinero.
Qué es Solana DvP y cómo comprime los plazos
El programa se publica bajo licencia MIT, es decir, cualquiera puede usarlo, modificarlo y construir encima sin pedir permiso. Está pensado para que un banco, un custodio o un exchange actúe como agente de liquidación, y no queda atado a un proveedor único: dos instituciones distintas pueden operar dentro del mismo marco abierto.
En cuanto a los activos, es compatible con los dos estándares de tokens de la red, SPL Token y Token-2022. Este último incorpora funciones dirigidas a emisores regulados, como el delegado permanente (la capacidad de recuperar o mover un token en supuestos tasados), los tokens pausables o los transfer hooks, que permiten añadir reglas propias a cada transferencia. Traducido al lenguaje corriente: el estándar está preparado para bonos, fondos o participaciones que hoy viven en bases de datos privadas y que alguien quiere trasladar a una cadena pública sin perder el control sobre ellas.
La fundación también ha anunciado que añadirá funciones de privacidad para que las operaciones puedan liquidarse de forma confidencial. Es una pieza importante, porque ningún banco quiere que su libro de órdenes sea público. Todo el código está disponible en la web oficial de la Fundación Solana.
El papel de JPMorgan y quién se sienta a la mesa
La aportación del banco estadounidense se centró en cómo se liquidan hoy los valores en los mercados mayoristas. Rhodel D’Souza, responsable de activos digitales de mercados en J.P. Morgan, señaló que un estándar compartido para la liquidación contra pago podría permitir a los participantes institucionales operar a escala sin añadir riesgo de liquidación ni exposición entre contrapartes.
Catherine Gu, responsable de producto de activos digitales en la Fundación Solana, defendió que la liquidación atómica elimina riesgos de contraparte heredados de las finanzas convencionales y describió el programa como un estándar abierto sobre infraestructura pública que permite finalidad en pocos segundos.
La fundación invita ahora a socios de diseño y primeros participantes. Después vendrá una fase de pruebas con instituciones reales antes de la adopción amplia. Nadie ha confirmado todavía qué entidades han levantado la mano.

Qué falta por resolver antes de cantar victoria
La tokenización no es nueva. Llevamos desde 2021 viendo fondos del mercado monetario y bonos emitidos en cadenas públicas, y Bruselas prueba desde hace años figuras parecidas con su marco piloto para infraestructuras de mercado basadas en tecnología de registro distribuido. JPMorgan tampoco llega virgen a esta conversación: mantiene su propia infraestructura de depósitos tokenizados y pagos en cadena desde hace tiempo. La novedad aquí no es la idea, sino el envoltorio: un estándar reutilizable en lugar de un contrato a medida por cada operación.
Ese detalle explica por qué el anuncio importa más de lo que parece. En los últimos años, cada banco que ha movido activos a una cadena ha construido su propia pieza, con sus propias reglas y sus propios auditores. El resultado es un archipiélago de soluciones que no hablan entre sí. Un estándar común, aunque sea incipiente, ataca justo ese problema.
Aun así, conviene bajar el tono. El programa está listo para fondos reales, sí, pero sigue en fase previa a producción, sin socios confirmados y sin que JPMorgan haya comprometido su uso. La propia Solana arrastra además un historial de interrupciones de red que no ayuda cuando se habla de liquidar operaciones financieras, y la parte legal sigue siendo el cuello de botella: que un bono exista en una cadena no significa que un juez o un supervisor lo reconozca como el título auténtico.
El sector lleva años prometiendo que la liquidación instantánea llegará. Esta vez hay código, auditorías y un banco grande en la letra pequeña. Los bancos grandes llevan desde 2021 hablando de esto.
La próxima señal que merece la pena seguir es sencilla: qué entidad firma como socio de diseño y en qué fecha se abre el programa en producción. Ahí se sabrá si esto es infraestructura real o una demostración muy bien presentada.





