BitMine supera 6 millones de ETH: ya controla casi el 5% del suministro de Ethereum

La compañía que preside Tom Lee pasó de minar bitcoin a construir la mayor tesorería de ether del mundo cotizado. Su acción completa un cruce de medias al alza mientras el mercado vigila qué hará con casi una de cada veinte monedas en circulación.

BitMine ha superado los 6 millones de ether en su balance, cerca del 4,9% de todo el suministro en circulación de Ethereum. La compañía, que pasó de minar bitcoin a levantar la mayor tesorería corporativa de ETH del mercado, ve además cómo su acción en el Nasdaq, el ticker BMNR, forma un golden cross.

La cifra sitúa a la compañía en un terreno poco habitual para una empresa cotizada. No es un fondo con clientes ni un vehículo pasivo: compra ether con caja propia y lo trata como reserva de valor. La sociedad está presidida por Tom Lee, una de las voces más reconocibles del sector en los últimos años.

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Según los datos que recoge el medio especializado FXStreet, BitMine controla ya el 4,9% del suministro de ether en circulación. Con una emisión cercana a los 122 millones de monedas, esa proporción equivale a más de seis millones de ETH, una cantidad que ningún ETF al contado mantiene hoy en su balance.

Qué significa controlar 6 millones de ETH

Ethereum dejó atrás la minería en septiembre de 2022 y pasó a un sistema de prueba de participación: los validadores bloquean monedas como garantía y, a cambio, aseguran la red y cobran recompensas. Desde entonces el suministro crece a un ritmo muy inferior al de bitcoin y en algunos periodos ha retrocedido, por una emisión más contenida y por las comisiones que se queman con cada transacción.

Que una empresa acumule cerca de un 5% de ese total admite dos lecturas. La primera es la oferta disponible: cada moneda que entra en un balance y no se mueve reduce el float, el ether que circula de verdad en los mercados. La segunda es el peso relativo: quien controla esa cantidad se convierte en un actor al que la red mira de reojo, aunque no tenga ningún poder de decisión sobre el protocolo.

Además, el ether depositado en staking, el mecanismo por el que se bloquean 32 ETH para validar la red, ronda ya más de una cuarta parte del total emitido, y buena parte pasa por un puñado de proveedores. Y a esa concentración se suma ahora la de las tesorerías corporativas, un fenómeno que hace tres años sencillamente no existía.

Cada ether que entra en un balance corporativo deja de estar disponible en el mercado. Con seis millones de monedas, esa resta ya se nota.

El golden cross de BMNR: qué dice el gráfico y qué no

El segundo titular del día es técnico. La acción de BitMine ha formado un golden cross, el cruce de la media móvil de 50 sesiones por encima de la de 200. Es un patrón clásico, y su lectura es sencilla: el precio medio de corto plazo supera al de largo plazo, lo que suele interpretarse como un cambio de impulso al alza. La definición completa está en la entrada sobre medias móviles.

Conviene no exagerar. Las medias móviles son indicadores retardados: describen lo que ya ha ocurrido, no lo que va a ocurrir. El cruce certifica una tendencia en marcha más que anunciar una nueva. En una compañía cuyo balance es, en esencia, ether, ese matiz vale dinero.

tesorería ETH

Una ballena del 5%: los riesgos de la mayor tesorería de ETH

La comparación con Strategy, la antigua MicroStrategy, es inevitable. Aquella empresa convirtió en 2020 un negocio de software en un vehículo de exposición a bitcoin y multiplicó su capitalización y su volatilidad. En 2025, una oleada de cotizadas copió el modelo con ether, BitMine entre ellas. El patrón es el mismo, y también lo son sus costuras.

La primera es el precio de la acción frente al valor de sus ether. Cuando ese múltiplo cotiza con prima, la empresa puede emitir acciones, comprar más ETH y repetir la jugada: la máquina funciona mientras el mercado pague de más por el envoltorio. Cuando la prima se convierte en descuento, el mecanismo se atasca, porque cada acción nueva diluye al accionista en lugar de ampliar su exposición.

La segunda costura es la liquidez. Un ETF puede crear y reembolsar participaciones, y ajustar su tamaño al dinero que entra o sale; una sociedad cotizada no tiene ese resorte. Si necesita caja para sus gastos operativos y el mercado no le compra acciones nuevas a buen precio, la vía natural es vender ether. Con seis millones de monedas, una venta relevante se nota en el libro de órdenes.

Hay un detalle más que el entusiasta suele pasar por alto. La concentración del suministro no es neutral: buena parte del ether en staking está en manos de unos pocos operadores y ahora una empresa privada suma otro 5%. Eso no rompe nada, pero convierte a un grupo reducido de actores en piezas sensibles del mercado. Ni Lido ni BitMine deciden las reglas de Ethereum; sí influyen, en cambio, en el precio de corto plazo.

Lo que toca mirar a partir de ahora tiene fecha. La compañía presentará previsiblemente sus resultados del tercer trimestre en noviembre, y ahí se verá si mantuvo el ritmo de compra en un trimestre que termina precisamente hoy. Los paneles públicos que siguen el suministro, como el explorador Etherscan, permiten comprobar si las monedas siguen saliendo de los exchanges o si el flujo se ha dado la vuelta.

BitMine ha demostrado que una empresa puede levantar miles de millones y comprar ether a discreción. Lo que no está demostrado es lo contrario: que sepa gestionar una corrección severa del activo que sostiene su balance. Ese examen, y no el cruce de medias, definirá su historia.


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