El plan de semiconductores de India ya tiene fábricas en marcha, no solo anuncios. He repasado el rastro industrial que ha dejado Nueva Delhi desde 2021 y lo que más llama la atención no es el dinero comprometido, sino dónde aterriza: en el ensamblado, el test y el empaquetado, la parte menos vistosa de la cadena de chips.
En Sanand, en el estado occidental de Gujarat, el filipino Nanie Torres lleva casi dos años aplicando tres décadas de experiencia en fabricación de chips. Es director general de operaciones de Kaynes Semiconductor, una de las primeras plantas comerciales de empaquetado del país, que arrancó la producción en marzo. Torres forma parte del grupo de veteranos fichados en Malasia y Filipinas para no empezar de cero.
Las cifras oficiales son contundentes: desde 2021 el gobierno ha aprobado 12 proyectos de fabricación con más de 1,64 billones de rupias —unos 17.000 millones de dólares— de inversión prevista. Cinco ya están en producción comercial; los siete restantes se construyen o están en fase de arranque.
Cinco plantas operativas y una fábrica de obleas que se retrasa a 2028
- Cinco plantas en producción comercial, todas en fases finales: Micron, Kaynes y CG Semi en Sanand, Suchi Semicon en Surat y CDIL en Mohali (Punjab).
- La primera fábrica de obleas de silicio se retrasa de finales de 2026 a mediados de 2028.
- Semicon 2.0, aprobado en julio, moviliza 1,27 billones de rupias y pone el foco en el ecosistema, no en las instalaciones.
- India importó chips por valor de 2,3 billones de rupias en 2024, según el think tank oficial NITI Aayog.
El ministro de Electrónica y Tecnologías de la Información, Ashwini Vaishnaw, lo resumió así: el objetivo «no se limita a establecer instalaciones individuales de fabricación, sino a construir un ecosistema completo alrededor de ellas».
Ahí está la dificultad. Una fábrica de obleas puede necesitar unos 50 gases distintos para transformar el material semiconductor en chips, según Diganta Sarma, responsable de estrategia de Inox Air Products. La compañía produce una docena en India y aspira a añadir diez más. El resto seguirá llegando de productores extranjeros.
«No tenemos que repetir los 30 años que otros tardaron en llegar hasta aquí. Podemos traer a gente que ya lo ha hecho, aprender del ecosistema existente y saltar hacia delante.» — Raghu Panicker, consejero delegado de Kaynes Semiconductor, Semicon India 2026
Del ‘China+1’ al ‘India Plus Many’: el ecosistema manda
El estadounidense Lam Research ha anunciado su primera planta india, con más de 100.000 millones de rupias, para fabricar componentes de silicio especializados que hoy se compran en Estados Unidos, Corea del Sur, China y Malasia.
Tata Electronics firmó este mes acuerdos con proveedores japoneses como Fujifilm y Sumitomo Chemical para materiales críticos. La singapurense ASMPT mantiene ventas y servicio en India, pero fabrica en Singapur y Malasia; su director de marketing, Kenneth Koh, avisa de que sin ecosistema local «todo lo demás habrá que importarlo».
La geopolítica añade otra capa. El diseñador indio Axiro Semiconductor evita fundiciones y plantas de empaquetado chinas para clientes sensibles, pero su consejero delegado, Naveen Yanduru, reconoce que las materias primas de sus proveedores sí proceden de China. Para Ajit Manocha, presidente de SEMI, «reducir el riesgo significa solo crear redundancia en el sistema».
La apuesta india: ser difícil de sustituir, no autosuficiente
Lo que veo aquí no es un intento de replicar Taiwán o Corea del Sur, sino algo más modesto y más listo: ocupar los tramos con menor barrera de entrada —empaquetado avanzado, materiales, repuestos— y volverse difícil de reemplazar. El propio Manocha lo plantea como una cuestión de palanca: «ahí te vuelves indispensable, y eso te da poder de negociación».
El retraso de la primera fábrica de obleas hasta mediados de 2028 recuerda que el cuello de botella no es el capital, sino el conocimiento no escrito de un proceso. India lo importa vía fichajes en Filipinas y Malasia: eficaz a corto plazo, frágil a medio.
Hay una contradicción que los datos no resuelven. India quiere diversificar sin desacoplarse, pero cada restricción exportadora —los controles chinos sobre materiales críticos en 2023 y 2024, el terremoto que paralizó producción en Japón en julio— empuja a sus clientes hacia la redundancia, no hacia la sustitución. El hito a seguir es la puesta en marcha de esa primera planta de obleas.
🌐 El efecto dominó en Occidente
Para Europa, el movimiento indio es más una oportunidad comercial que una amenaza inmediata. Los proveedores europeos de gases industriales, metrología y componentes de precisión tienen en el ecosistema indio una ventana que hasta ahora no existía.
- España: como segundo fabricante europeo de automóviles, cada planta de ensamblado y test que arranca en Asia reduce la exposición a un cuello de botella único en Taiwán o Malasia.
- Mercados: las bolsas asiáticas apenas reaccionan a corto plazo; el impacto llega vía pedidos de equipos y materiales a proveedores occidentales.
- BCE y Euríbor: una cadena de chips más redundante tiene un sesgo desinflacionista leve sobre los bienes duraderos, sin alterar el calendario de tipos.
El impacto directo en España es limitado. Lo relevante es la dirección: si India consolida su papel en el back-end global, Europa gana un proveedor alternativo donde hoy depende de muy pocos nombres.


