La guerra comercial del coñac deja al sector francés con 90 millones de botellas menos vendidas que en 2023. La vendimia se cierra estos días en la región de Charente y los productores han dejado de mirar al cielo para mirar a Bruselas. La industria, que exporta el 98% de lo que produce, reclama a la Comisión Europea un mecanismo de solidaridad que compense a los sectores que pagan la factura de la política comercial comunitaria.
Las cifras las maneja el propio sector: las ventas han pasado de 230 millones de botellas a 140 millones desde 2023. Detrás del desplome hay dos mercados, no uno. China absorbe en torno al 25% de las exportaciones; Estados Unidos, aproximadamente la mitad. Ninguno se ha cerrado por razones de producto. Es la geopolítica.
De 230 a 140 millones de botellas: el mapa del desplome
- China: Pekín impuso en 2024 derechos provisionales de hasta el 34,8%, días después de que Bruselas aplicara aranceles de hasta el 35,3% a los coches eléctricos chinos. Confirmó después las medidas, pero eximió a los grandes productores que aceptaron vender por encima de precios mínimos no publicados. El pulso se dirime también en los paneles de la OMC.
- Estados Unidos: el acuerdo de Turnberry (Escocia) de julio de 2025 fijó un arancel del 15% para la mayoría de las exportaciones europeas, sin excepción para el coñac. El Reino Unido logró en mayo la retirada del arancel al whisky escocés; el irlandés lo consiguió a mediados de septiembre.
- 70.000 empleos directos e indirectos dependen del coñac en Francia, además de unas 260 casas de comercio, toneleros y transportistas.
- Entre el 30% y el 40% de caída de la cosecha en términos económicos por la sequía: un ajuste involuntario de la oferta.
Las cuatro grandes casas —Rémy Martin, Hennessy, Martell y Courvoisier— ya recortaron pedidos a los viticultores tras la cancelación de contratos.
El director del Bureau National Interprofessionnel du Cognac describe el origen del problema con una precisión que incomoda en Bruselas.
«Hemos sido daño colateral de la guerra comercial que empezó en 2023 entre Bruselas y Pekín por los coches eléctricos chinos, un producto simbólico para el mercado europeo.» — Raphaël Delpech, director del BNIC, en declaraciones a Euronews, septiembre de 2026
La segunda parte del golpe no es china, sino estadounidense, y añade una incertidumbre más difícil de gestionar que el propio arancel.
El precedente que Bruselas no quiere repetir

Lo que me parece relevante no es el porcentaje, sino la asimetría. El coñac arrastra aranceles desde la disputa Boeing-Airbus, los vio suspendidos con la Administración de Joe Biden y volvió a caer en la red en abril de 2025, cuando Donald Trump lanzó sus aranceles generalizados. La industria ha escrito a Ursula von der Leyen y ha hablado con las direcciones de Comercio y Agricultura. También ha escuchado a Emmanuel Macron prometer compensaciones que aún no han llegado.
«. La UE decidió proteger su automoción con aranceles a los eléctricos chinos y, con ello, expuso a un sector que vende fuera y sostiene decenas de miles de empleos en un territorio con pocas alternativas productivas. Sin un mecanismo de compensación, el mensaje que reciben los agricultores europeos es que asumirán en solitario los costes de decisiones tomadas en Bruselas.
Hay un riesgo que los datos no resuelven: el de la sustitución de hábito. Cuando un importador chino o estadounidense retira una referencia de la estantería, coloca otra. Recuperar ese hueco depende del consumidor y no solo del arancel: el propio BNIC admite que la recuperación llegará por Estados Unidos y que China será mucho más complicada.
Conviene seguir dos hitos. El primero, si Washington incluye el coñac en la lista de exenciones al 15% que quedó abierta en julio de 2026, cuando los eurodiputados aprobaron retirar los aranceles europeos pendientes de Turnberry. El segundo, el alcance del arranque de viñedos: de las 96.000 hectáreas de la denominación solo se han pedido ayudas para 560.
🌍 El impacto en España y Europa
El efecto sobre el Euríbor es limitado: no hay una decisión de tipos detrás de este conflicto, sino aranceles. Aun así, el caso tiene tres derivadas para el lector español.
- Agroalimentario exportador: el vino y los espirituosos españoles con destino a Estados Unidos soportan el mismo arancel del 15% de Turnberry, y el brandy de Jerez compite por el mismo consumidor asiático que el coñac. Cada exención que Bruselas negocie —o deje de negociar— se traduce en cuota de mercado.
- Precedente de compensaciones: si la Comisión diseña un mecanismo de solidaridad para los sectores dañados por represalias, otros sectores agroalimentarios europeos tendrán argumentos para reclamarlo, y la factura acabará discutiéndose en el marco presupuestario de la PAC.
- Financiación y empresas: el mensaje para el tejido exportador español es que la política comercial europea genera riesgos de concentración por mercado. Las grandes compañías de bebidas diversifican; las bodegas familiares tienen menos margen.
El BCE no tiene margen de actuación aquí, pero el caso alimenta un debate que sí le afecta: el de una Europa que decide aranceles con una mano y promete compensaciones con la otra.





