La inflación de la tecnología se dispara: la memoria DRAM cuesta ya un 280% más que hace un año, según JP Morgan. El banco estadounidense detecta un cambio de régimen que empuja al alza el IPC global después de dos décadas en las que los chips abarataban todo lo que tocaban.
Claves de la operación
- El índice tecnológico de JP Morgan pasa de -2,5% a +2,5%. La firma calcula que la velocidad de crucero de los últimos tres meses ya roza el 7% anualizado.
- La memoria está vendida hasta 2027. Los grandes fabricantes de DRAM y NAND no tienen capacidad libre y JP Morgan prevé otro encarecimiento del 33% hasta mediados del próximo año.
- La tecnología ya suma una décima al IPC global. La cesta tecnológica pesa el 2,8% del índice general y el impacto acumulado podría llegar a tres décimas en 2027.
De máquina desinflacionista a motor de precios: el giro que JP Morgan ya cuantifica
La tecnología llevaba prácticamente dos décadas ejerciendo una presión estructural a la baja sobre la inflación. Ordenadores, memoria y almacenamiento ofrecían cada vez más prestaciones por un precio igual o inferior. Ese fenómeno, señalan los analistas, distorsionaba incluso las estadísticas de productividad: se producían mejores bienes por menos dinero y el PIB, que es un indicador monetario, lo notaba.
El índice de precios tecnológicos de JP Morgan ha roto esa tendencia al pasar de caer un 2,5% anual durante 2024 y 2025 a subir un 2,5% interanual en julio. La velocidad de crucero de los últimos tres meses se ha acelerado hasta el 7% anualizado. El banco espera que la inflación tecnológica siga escalando hasta alcanzar aproximadamente el 5% interanual en el primer trimestre de 2027.
El fenómeno no está localizado. El ritmo trimestral anualizado ha alcanzado el 13% en Corea del Sur y el 18% en Indonesia, mientras que se mueve entre el 5% y el 6% en Japón y la zona euro y ronda el 10% en Reino Unido y Canadá. En las economías desarrolladas ya aporta unas tres décimas a la inflación subyacente.
Detrás de esta paradoja está una tecnología de la que se espera todo lo contrario. El futuro desinflacionista de la IA todavía tiene que llegar, admiten los analistas, mientras que la factura del despliegue ya está aquí. La inteligencia artificial debería elevar la productividad y rebajar los costes laborales unitarios, pero ese día no ha llegado.
Los hiperescaladores gastan cientos de miles de millones en centros de datos y capacidad de computación, disparando al mismo tiempo la demanda de semiconductores, servidores, equipos eléctricos y trabajadores especializados. Como resume el banco, la oferta no ha seguido el ritmo y eso empuja al alza los costes. Una parte creciente de esa factura empieza a pasar de las empresas al consumidor.
La IA promete abaratar el futuro, pero construirla está encareciendo el presente a una velocidad que ningún banco central había descontado.
La memoria escasea y los fabricantes están vendidos hasta 2027
El epicentro del problema está en la memoria. La construcción de centros de datos exige enormes cantidades de procesadores avanzados y memoria DRAM de alto ancho de banda, mientras que la expansión de la infraestructura digital absorbe también almacenamiento NAND. La industria compite así por unos componentes cuya capacidad productiva no puede ampliarse a la misma velocidad.
Los principales fabricantes de memoria están completamente vendidos hasta 2027, según recoge JP Morgan. Los precios de la DRAM han aumentado un 280% durante el último año y los analistas de renta variable esperan otro incremento del 33% entre mediados de 2026 y mediados de 2027. Si las previsiones se cumplen, a finales de este año la DRAM costará más de un 400% más que en 2024. La memoria NAND tampoco escapa: el banco prevé otro encarecimiento del 21%.
La inflación recorre la cadena de suministro en el orden que cabría esperar. Primero suben los semiconductores producidos en las grandes economías asiáticas, después esos costes aparecen en los precios de importación y producción y finalmente llegan a las tiendas. Los precios estadounidenses de importación de ordenadores, periféricos y semiconductores aumentaron en julio un 31% trimestral anualizado y un 17% interanual. La inflación de los bienes de capital importados sube al 6,5%, su mayor ritmo desde finales de los años ochenta.
El aumento de los costes de los semiconductores ya llega a los precios al consumidor. Los ordenadores personales y periféricos que compra el consumidor estadounidense registran su mayor incremento fuera del episodio inflacionista de 2021 y 2022. El encarecimiento de semiconductores y hardware afectan al bolsillo del consumidor europeo por la misma vía.
El pulso entre la IA prometida y su factura presente
A la tecnología se suma el otro gran motor desinflacionista. Durante años China fue la fábrica con mano de obra aparentemente infinita, exportando precios de derribo al mundo. La debilidad de su demanda interna y la ferocidad competitiva entre fabricantes parecían garantizar más deflación. Sin embargo, los analistas advierten de que ahora actúan fuerzas diferentes.
Los precios de exportación de los semiconductores chinos se han disparado al mismo tiempo que los del resto de Asia, y el encarecimiento se extiende a sectores que China domina industrialmente, como los vehículos eléctricos, las baterías y las células solares. La inflación agregada de los precios de exportación chinos ha superado ya los máximos de la pandemia. China está ejerciendo un menor lastre sobre la inflación mundial de bienes que en los últimos años.
En España, el eco llega por dos vías. La del consumidor: la cesta tecnológica pesa cerca del 2,8% del IPC general y el 3,7% de la inflación subyacente mundial, así que el encarecimiento de móviles, ordenadores y suscripciones acabará apareciendo en la cesta de la compra. La de la industria: hace apenas cuatro años, la escasez de semiconductores obligó a parar líneas enteras en factorías como las de Stellantis en Figueruelas o Ford en Almussafes. Aquel episodio se leyó como un problema logístico pasajero; este tiene pinta de ser estructural.
El encarecimiento de la computación acabará llegando al software y las suscripciones. Hasta ahora la inflación de la IA es una historia de hardware, pero los primeros síntomas empiezan a extenderse hacia la telefonía e internet. Las empresas incorporan cada vez más funciones de inteligencia artificial que necesitan una capacidad de cómputo carísima, y alguien tendrá que pagar esa factura.
JP Morgan calcula que el impacto acumulado sobre la inflación subyacente interanual mundial podría alcanzar unas tres décimas en la primera mitad de 2027. Todo ello con el petróleo al alza, el diésel escaseando y los alimentos animándose. Marie-Anne Allier, cogestora de Carmignac, advertía hace unos días de que el próximo choque de oferta afectará justamente a la comida. La tecnología y China, los dos grandes frenos de precios, ceden a la vez.
El banco espera que esta presión siga aumentando hasta mediados de 2027 antes de moderarse gradualmente. La IA quizá termine siendo una revolución desinflacionista gracias a la productividad, pero antes de llegar a ese futuro prometido está provocando algo mucho más prosaico. Construirla se está volviendo extraordinariamente caro.




