El huracán Polo pasó de depresión tropical a categoría 5 en menos de 24 horas frente a la costa pacífica de México. El instrumento MODIS, a bordo del satélite Aqua de la NASA, captó el 23 de septiembre de 2026 la imagen de un ciclón que dejó a los meteorólogos buscando adjetivos para describirlo.
Noventa nudos en veinticuatro horas
Polo no existía como tormenta con nombre hace apenas una semana. A mediados de septiembre de 2026, una perturbación tropical se organizó frente al litoral mexicano del Pacífico; el día 20 reunió la estructura suficiente para ser declarada depresión tropical y al día siguiente ya era tormenta tropical. A partir de ahí, el sistema entró en la fase que la comunidad científica denomina intensificación explosiva, una expresión técnica que se queda corta para lo que ocurrió después.
Los números explican el asombro. Entre el 21 y el 22 de septiembre, la velocidad máxima sostenida del huracán Polo subió 90 nudos, esto es, 167 kilómetros por hora, en apenas una jornada. El umbral técnico para hablar de intensificación explosiva está en 60 nudos en 24 horas; Polo lo rebasó con holgura y tocó techo de categoría 5. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, poco dado a los epítetos, calificó el episodio de ‘truly remarkable’ —verdaderamente notable— en sus discusiones de pronóstico. Los vuelos del avión cazahuracanes de la NOAA midieron el 22 de septiembre vientos de casi 285 kilómetros por hora, lo que convertiría a Polo en el tercer ciclón más intenso jamás registrado en el Pacífico oriental por viento sostenido y en el más veloz en pasar de depresión tropical a categoría 5, siempre según los analistas que recoge el Observatorio de la Tierra de la NASA.
Cuando MODIS tomó la imagen el 23 de septiembre por la tarde, Polo giraba frente a la costa de Guerrero, al suroeste de Acapulco, con vientos de 230 kilómetros por hora y categoría 4. Había cedido algo de fuerza tras un ciclo de reemplazo del ojo, ese mecanismo por el que un huracán reorganiza su núcleo, baja un escalón y vuelve a subir. ‘Las imágenes de satélite de Polo son muy impresionantes, con un ojo grande y bien definido y un patrón de salida extenso’, señaló Kristen Corbosiero, científica atmosférica de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany, que trabaja en un proyecto de la NASA sobre ventilación de ciclones tropicales.
El océano, una despensa de energía a 32 grados

Polo encontró un entorno que Gary Partyka, científico atmosférico de la Oficina de Modelado y Asimilación Global del centro Goddard de la NASA, describió como ‘casi perfecto’: cizalladura débil, mucha humedad, inestabilidad en altura, y un mar más cálido de lo habitual. Los datos del proyecto MUR SST del Laboratorio de Propulsión a Chorro combinan mediciones de satélites de la NASA, la NOAA y misiones internacionales con observaciones de barcos y boyas. El resultado correspondiente al 23 de septiembre de 2026 muestra aguas superficiales de hasta 32 grados Celsius, entre dos y tres grados por encima de lo normal para esas fechas. Como referencia, un huracán necesita que el agua supere los 27,8 °C para alimentarse, y buena parte de la región estaba por encima de ese umbral.
La temperatura superficial no lo explica todo. Corbosiero añadió que el calor almacenado en capas profundas del océano contribuyó a sostener al sistema. Cuando un huracán remueve el agua a su paso, suele arrastrar hacia arriba agua fría que frena su desarrollo; en este caso la estela fría tras Polo era mínima y los modelos mostraban un contenido de calor oceánico elevado a profundidades considerables. Es combustible de largo recorrido. Al 24 de septiembre, la energía ciclónica acumulada de la cuenca del Pacífico oriental casi duplicaba la media, según los datos de la Universidad Estatal de Colorado.
Un huracán que gana 167 kilómetros por hora de viento en un solo día no es una anomalía menor: es la atmósfera operando cerca de su límite.
Cuánto hay de El Niño y cuánto de ruido estadístico
Aquí conviene frenar. Ni Partyka ni Corbosiero atribuyen la intensificación explosiva de Polo directamente a las temperaturas superficiales anómalamente cálidas que El Niño deja en el Pacífico central y oriental. Varios huracanes de esta cuenca se han intensificado con la misma violencia durante fases de La Niña o en condiciones neutras: Otis en 2023 y Patricia en 2015, ambos de categoría 5, son los precedentes que cita la investigadora. Eso sí, la actividad total de ciclones en el Pacífico oriental sí tiende a aumentar con El Niño por cambios en la circulación oceánica y atmosférica a gran escala, y eso es lo que ha sucedido en 2026.
La propia clasificación del fenómeno es una línea de investigación abierta. Un trabajo de Stern y colaboradores publicado este año en Monthly Weather Review propone distinguir entre la intensificación rápida ordinaria y la extrema, porque no se comportan igual ni responden a los mismos ingredientes ambientales. Esa distinción no es un capricho académico: los modelos de pronóstico manejan de forma muy distinta un sistema que sube 30 nudos en un día y otro que sube 90. Aprender a anticipar el segundo es hoy uno de los grandes objetivos de la meteorología tropical.
Mi lectura es que el caso de Polo será material de estudio durante años, pero también que conviene manejarlo con pinzas. Las etiquetas de ‘tercer ciclón más intenso’ y ‘el más rápido en llegar a categoría 5’ proceden de comparaciones preliminares entre analistas y pueden moverse cuando se complete la reanálisis posterior a la temporada, un proceso habitual en el que se revisan los datos crudos con instrumentos más afinados. Las anomalías de temperatura del mar, además, se calculan contra una referencia de 2003 a 2014, no contra un promedio centenario. Son matices que no rebajan el hallazgo, pero lo sitúan donde corresponde.
La parte inmediata es la que afecta a la gente. Los pronosticadores esperan que Polo permanezca sobre el Pacífico hasta la próxima semana, cuando podría curvar hacia el noreste y acercarse a Baja California, con el consiguiente riesgo de lluvias torrenciales en el noroeste de México. Quien quiera seguir la evolución en tiempo casi real tiene a mano el navegador Worldview de la NASA y las herramientas del proyecto SPoRT, que publican datos satelitales sin apenas retardo. La temporada, en cualquier caso, no ha terminado.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: las imágenes del instrumento MODIS del satélite Aqua documentan la intensificación explosiva del huracán Polo, con un aumento de 90 nudos de viento en 24 horas hasta alcanzar la categoría 5.
- Dónde: Pacífico oriental, frente a la costa del estado mexicano de Guerrero, al suroeste de Acapulco.
- Institución responsable: NASA Earth Observatory, con datos de MODIS (satélite Aqua), del proyecto MUR SST del JPL y del Centro Nacional de Huracanes de la NOAA.
- Cuándo: el sistema se organizó a mediados de septiembre de 2026; la imagen de MODIS se captó el 23 de septiembre de 2026.
- Impacto a futuro: el episodio refuerza la necesidad de predecir mejor la intensificación extrema, el factor que más complica la alerta temprana en zonas costeras.




