Las Meta VR Glasses costarán 1.299 dólares y llegarán en primavera de 2027. Meta ha cerrado su evento anual Connect con una familia completa de wearables que devuelve a la compañía de Mark Zuckerberg al centro de la pugna por el próximo dispositivo de masas: gafas de realidad virtual en formato ligero, una nueva generación de gafas inteligentes sin pantalla y la capa de IA que atravesará todo su ecosistema.
Claves de la operación
- 1.299 dólares y primavera de 2027. El precio de las VR Glasses deja una distancia de más de 2.000 dólares frente al Vision Pro de Apple, que arrancó en 3.499 dólares, y traslada la primera batalla al coste de entrada.
- Muse AI articula toda la oferta. La nueva capa de inteligencia artificial conecta las gafas con pantalla, las de audio y las opciones sin cámara, de modo que el valor del hardware pasa a medirse por el software que arrastra.
- El primer modelo sin cámara de Meta. La compañía responde a la presión regulatoria europea y a las dudas sobre privacidad que venían frenando la adopción de las gafas inteligentes en varios mercados, incluido el español.
El precio de 1.299 dólares tensa la cuerda con Apple y todo el sector
Meta ha decidido competir por abajo. Los 1.299 dólares de las VR Glasses se sitúan muy por debajo de los 3.499 dólares con los que Apple puso a la venta su Vision Pro, y dejan a la compañía en una franja intermedia frente a alternativas como las de Xreal o RayNeo. La diferencia no es cosmética: obliga a renunciar a margen por unidad y a compensar con volumen, servicios y publicidad.
El movimiento encaja con la estrategia que la empresa lleva años desplegando en hardware. Primero se compra cuota, después se monetiza el ecosistema. Las Ray-Ban Meta han funcionado mejor de lo previsto en ventas, lo que ha reforzado internamente la idea de que el mercado premia los formatos discretos frente a los visores aparatosos.
Ese aprendizaje resulta determinante para leer las VR Glasses. El dispositivo no es un headset convencional: Meta ha trasladado buena parte del cómputo a un módulo externo que se conecta por cable —el conocido como puck— y ha adelgazado el chasis hasta acercarlo al de unas gafas de sol. El diseño resuelve de un golpe dos de los grandes lastres de la categoría, el peso, y la autonomía, aunque obliga al usuario a cargar con un elemento adicional.
El modelo sin cámara sortea el escollo regulatorio europeo
La novedad más relevante para el mercado europeo no lleva visor ni pantalla: es el primer modelo de gafas inteligentes de Meta sin cámara. La decisión responde a un problema que la compañía conoce bien. La Agencia Española de Protección de Datos ya ha sancionado a Meta en varias ocasiones, y el debate sobre la grabación de terceros sin consentimiento ha frenado la adopción de gafas con cámara en varios países del continente.
Sin sensor de imagen, el producto esquiva buena parte de esa fricción. Muse AI, en cambio, se convierte en el vector de valor: la capa de inteligencia artificial que asiste al usuario con traducción, resúmenes o búsquedas por voz sigue siendo el argumento con el que Meta quiere justificar la compra.
Meta no vende unas gafas. Vende la puerta de entrada a un ecosistema de IA que necesita ojos y oídos repartidos por todas partes.
El detalle importa porque el sector lleva años buscando el formato ganador. Las gafas de audio y las gafas con pantalla han convivido sin que ninguna se imponga con claridad, y los visores de realidad virtual han quedado atrapados en un uso profesional o de nicho. Las VR Glasses intentan ocupar exactamente ese espacio intermedio, con la ventaja de que no exigen renunciar al móvil para funcionar.
El fabricante ha presentado el modelo sin cámara como una pieza más de su catálogo, sin concretar todavía su precio ni su fecha exacta de comercialización. Ese silencio deja abierta la pregunta de si será una referencia independiente o una simple variante de la misma familia, y de si acabará pesando en la decisión de compra de los usuarios más preocupados por la privacidad.
El riesgo que acumula Reality Labs tras una década de pérdidas
Ninguna de estas apuestas se entiende sin el contexto financiero de la compañía. Reality Labs acumula pérdidas operativas de miles de millones en los últimos ejercicios, según reflejan los propios informes trimestrales de Meta. El grupo puede permitírselo porque su negocio publicitario sigue financiando el experimento, pero la paciencia del accionista no es infinita.
El calendario pesa. La primavera de 2027 como fecha de lanzamiento deja más de año y medio de desarrollo por delante, un plazo en el que Apple puede mover ficha, Samsung puede acelerar con su propio visor y alguna startup puede sorprender con un formato más barato. Meta se juega fijar el estándar antes de que otros lo definan.
En esta redacción no vemos las VR Glasses como un producto aislado, sino como una pieza de una estrategia más amplia en la que Muse AI es el verdadero activo. Si la IA que acompaña al dispositivo convence, el hardware se convierte en una excusa para vender suscripciones y servicios. Si no lo hace, quedará como un artilugio caro más dentro del catálogo. La próxima cita clave será la presentación de resultados trimestrales, donde el mercado preguntará cuánto ha costado realmente esta carrera.




