Así funciona el nuevo ‘interruptor molecular’ contra la metástasis del cáncer de mama

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¿Ratones o personas? En qué punto real está la investigación

Científico trabajando con un microscopio en un laboratorio moderno.

La respuesta corta, y conviene no disimularla, es ratones, células y organoides: personas, todavía no. El estudio que sostiene este ‘interruptor molecular’ combina líneas celulares de distintos subtipos de cáncer de mama, modelos animales y organoides cultivados a partir de tumores de pacientes con HER2+, pero ningún paciente ha recibido el tratamiento. La clave no está en la cantidad de proteína RAC1 —los tumores con niveles altos tienen peor pronóstico, aunque aumentarla en ratones no bastaba para disparar la metástasis—, sino en una modificación química concreta, la SUMOilación mediada por la enzima PIAS3, que funciona como llave de encendido. Al impedirla, la diseminación al pulmón se redujo de forma drástica mientras el tumor primario apenas se alteraba.

El equipo coordinado por Sonia Castillo-Lluva, de la Universidad Complutense de Madrid, con el CSIC, la Universidad de Salamanca, el IBSAL y la Universidad de Mánchester, insiste en que los resultados son experimentales y exigen estudios adicionales antes de hablar de una terapia. El interés del hallazgo está en la selectividad: bloquear RAC1 por completo resulta tóxico porque la proteína cumple funciones básicas en células sanas, así que atacar solo su SUMOilación permitiría preservar esas tareas y cortar únicamente la ruta metastásica. El péptido diseñado con ese fin, TAT-PRASI, redujo la migración y la invasión en modelos preclínicos y en organoides de pacientes HER2+. Publicado en Signal Transduction and Targeted Therapy, el trabajo apunta a tumores HER2+ y triple negativo, pero el salto a las personas —seguridad, dosis y eficacia en ensayos clínicos— sigue sin escribir.


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