5Encender y apagar sale más caro que mantener: la inercia térmica de tu casa
La inercia térmica existe: una vivienda no se enfría de golpe. Muros, suelos, techos y muebles acumulan calor y lo liberan poco a poco, de modo que, tras apagar la calefacción, la temperatura interior cae de forma progresiva, y cuanto mejor es el aislamiento, más lento es el descenso. El problema está en el uso que se hace de esa idea: de ella nace la creencia de que encender y apagar sale más caro que mantener, porque al arrancar de nuevo el sistema tendría que «vencer» el frío acumulado en las paredes. La física apunta en sentido contrario. Con la calefacción encendida, la casa pierde energía de forma continua por fachada, ventanas y cubierta, y ese goteo crece cuanto mayor es la diferencia entre el interior y el exterior. Al apagarla, el gasto se corta, y lo ahorrado durante esas horas supera lo que cuesta recuperar la temperatura: el Ministerio para la Transición Ecológica cifra en un 10-20% el ahorro por apagarla al salir de casa.
El matiz depende de la casa y del sistema. En viviendas mal aisladas, y cerca de la mitad del parque español se construyó antes de 1980, el aire se enfría rápido, pero también se recalienta rápido, así que apagar compensa. Lo contrario ocurre con suelos radiantes, aerotermia o bombas de calor, que rinden mejor en ciclos largos y estables: ahí los apagados de pocas horas no rentan, porque obligan a forzar a máxima potencia para recuperar paredes y soleras frías. Según la OCU, mantener 21 °C toda la noche es un 64% más caro que apagar la caldera, y el IDAE recuerda que cada grado de más dispara el consumo en torno a un 7%. La pauta eficiente pasa por 19-21 °C de día y 15-17 °C de noche, con un termostato programable —ahorra entre un 8% y un 13%— que encienda media hora antes de llegar. Dar por bueno el mito y dejar el sistema en marcha sin nadie en casa es, precisamente, lo que convierte este punto en uno de los errores caros de la lista.



