El próximo gran upgrade de Ethereum, Glamsterdam, se ha topado con un frenazo en la penúltima parada antes de la red principal. Los desarrolladores core han aplazado su activación en la testnet Hoodi tras detectar ocho riesgos en contratos inteligentes que ya funcionan en mainnet y que podrían romperse con los cambios de gas del paquete.
La decisión se adoptó en la última llamada de desarrolladores core (ACDE) y la confirmó la Ethereum Foundation en una nota pública. Hoodi no se tocará hasta que esos ocho puntos estén resueltos. De momento, no hay fecha nueva.
Qué ha pasado: el fork de Hoodi se aplaza y Glamsterdam se queda en el taller
El detonante tiene fecha: 13 de octubre. Ese día, la auditora ChainSecurity entregó un informe en el que advertía de que dos propuestas del paquete Glamsterdam, las EIP-8037 y EIP-8038, cambian la forma en que la red cobra el gas, la comisión que se paga por ejecutar cada operación. El problema no es el coste en sí, sino que muchos contratos asumen de antemano cuánto va a costar una operación concreta y actúan en consecuencia cuando una llamada externa falla.
Si ese supuesto cambia, el contrato no falla de forma elegante: falla mal. Reacciona tarde, deja estado a medias o abre la puerta a que alguien explote la diferencia. De ahí que la Fundación hablara de ‘investigación adicional sobre las interacciones de la EIP-8037 con los contratos inteligentes de mainnet’.
La Ethereum Foundation publicó los ocho invariantes afectados —las condiciones que se dan por ciertas y que el upgrade podría invalidar— en un repositorio público, con ejemplos y instrucciones para que los equipos revisen su propio código y su infraestructura externa. Alex Stokes, desarrollador core, lo resumió así: ‘Core developers decided to delay the upcoming Hoodi hard fork on today’s ACDE call.’
Conviene aclarar qué es Hoodi para quien llegue nuevo. Ethereum tiene varias redes de prueba donde se ensaya cada cambio antes de llevarlo a la red principal. Hoodi es la que hace las veces de ensayo general con público: si algo se rompe ahí, se rompe barato.
Un fork que rompe contratos sale mucho más caro que un fork que llega tres semanas tarde.
Dos EIPs, ocho invariantes y un límite de gas que se queda sin tocar
El aviso no solo desactiva el fork. La nota retiró tres cosas de golpe: la activación de la capa de ejecución de Amsterdam, la de la capa de consenso de Gloas y el calendario que iba a subir el límite de gas de Hoodi hasta 200 millones en el mismo epoch. El ensayo general no se cancela, se desmonta y se vuelve a montar.
La propia Fundación enmarcó el movimiento como una reversión de configuración, no como un retroceso de cadena. El historial de Hoodi queda intacto. Dicho de otro modo: no se borra nada de lo ya probado, solo se retira la pieza que iba a entrar.

Mientras Hoodi espera, Glamsterdam sigue vivo en Sepolia desde el 6 de octubre. La activación en la otra testnet estaba prevista para el 26 de octubre y no llegó a producirse. Esa es la parte que conviene no perder de vista: el upgrade no está roto, está retenido. Según los datos disponibles a 6 de noviembre, no se había anunciado una fecha alternativa.
El paquete que se está probando es ambicioso. Glamsterdam incluye la separación proposer-builder incorporada al propio protocolo (ePBS), que reorganiza quién construye los bloques y quién los propone; listas de acceso por bloque, que permiten paralelizar la ejecución; y una revisión de los precios de gas para que reflejen mejor el coste real de ejecutar. Todo eso toca el corazón de cómo se cobra y se ordena el trabajo en la red.
Ocho supuestos, un precedente y una decisión que aún no está tomada
Ethereum ya ha vivido frenazos parecidos y casi siempre ha salido bien parado. Shanghai, en abril de 2023, llegó con meses de retraso sobre el calendario inicial y habilitó la retirada del ether bloqueado en staking, el primer paso para que los validadores pudieran salir. Dencun, en marzo de 2024, introdujo los blobs —espacios de datos baratos para los rollups— y fue lo que de verdad abarató las transacciones en capas 2. Pectra, más reciente, subió el límite de stake por validador y abrió la puerta a las cuentas inteligentes.
En los tres casos, el patrón fue el mismo: mejor un retraso en testnet que un incidente en mainnet. La diferencia ahora es el tipo de riesgo. Shanghai y Dencun tocaban mecánica de consenso y disponibilidad de datos, terreno conocido. Glamsterdam toca la contabilidad del gas, y ahí vive todo el dinero de DeFi. Un contrato que calcula mal el gas no pierde rendimiento: pierde fondos.
Ahí está la contradicción que conviene nombrar. Ethereum presume, con razón, de cambiar el motor del avión en pleno vuelo. Pero cuanto más dinero hay depositado en la capa de aplicación —decenas de miles de millones en protocolos de préstamo, exchanges descentralizados, y derivados—, más caro sale cada supuesto que se da por bueno. Los ocho invariantes son exactamente eso: ocho formas en las que un contrato puede estar asumiendo algo que el protocolo está a punto de dejar de cumplir.
Queda una pregunta abierta y no es menor: si los ocho puntos se resuelven con documentación y avisos a los equipos, o si obligan a retocar las propias EIP-8037 y EIP-8038 antes de seguir. La primera opción retrasa Hoodi unas semanas. La segunda devuelve el paquete al taller y empuja Glamsterdam hacia la segunda mitad del ciclo. En paralelo, el siguiente upgrade de la cola, Hegota, sigue avanzando.
Para el holder de ether, el retraso de Hoodi no cambia nada hoy. Para quien tiene dinero en un protocolo que depende de cálculos de gas, sí: es una invitación a mirar si su contrato favorito está entre los ocho. Y para quien sigue el roadmap como señal de inversión, la fecha que importa no es la de Hoodi, sino la de mainnet. Esa todavía no existe.



