Duma de guerra: Putin prepara una movilización de medio millón de rusos

VisualPolitik sostiene que el resultado de las legislativas rusas era lo de menos: lo importante es lo que revelan sobre la sucesión de Putin y sobre una posible movilización de varios cientos de miles de hombres antes de que acabe el año.

Rusia votó los días 18 y 20 de septiembre y, como estaba cantado, Rusia Unida se hizo con cerca del 60% de los votos. Hasta ahí, nada nuevo bajo el sol. Lo verdaderamente relevante, sostiene VisualPolitik en su último análisis, es lo que estos comicios dejan al descubierto: qué ocurrirá el día que Vladimir Putin ya no esté y si el Kremlin se prepara para enviar a medio millón de rusos más al frente.

Unas elecciones amañadas con la oposición borrada del mapa

El canal no se anda con paños calientes al describir el proceso. Habla de urnas abiertas antes del recuento, de votantes con un fervor democrático tan desmedido que depositan su papeleta varias veces y de una oposición laminada antes de que arrancara la campaña. El ejemplo que pone es el de la única asociación política registrada que se atrevió a pedir el fin de la guerra: quedó fuera de la carrera sin más ceremonia. Para VisualPolitik, el resultado era lo de menos, porque el porcentaje final lo decide el Kremlin de antemano.

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Pero el canal insiste en que hay más miga de la que parece. La Duma que salga de estas urnas, elegida en las primeras parlamentarias nacionales desde la invasión a gran escala de 2022, permanecerá en su escaño hasta 2031. Será la cámara que apruebe leyes de movilización, presupuestos militares y medidas de excepción durante los próximos cinco años. No se estaba eligiendo un parlamento al uso, sino el andamiaje legal de la guerra. Y un detalle que el vídeo subraya: los nombres que encabezan las listas casi nunca ocupan después el escaño. Renuncian al acta tras el recuento y la dejan a burócratas grises colocados más abajo.

Bajar el porcentaje para que la victoria no cante

Según el análisis, el Kremlin fijó un objetivo electoral por debajo del 60% precisamente para que el triunfo no resultara sospechoso. Con la aprobación de Putin en descenso (la propia encuestadora estatal reconoce que la confianza declarada pasó del 79% en enero al 71% en julio), un resultado demasiado abultado podría haber reventado el decorado. VisualPolitik rescata el caso de la Alemania oriental de 1989: unas municipales con un 98% oficial para el régimen de Honecker que acabaron funcionando como soga cuando varios activistas contaron los votos a mano y demostraron que la mentira era conocida por todo el mundo. Esa es, exactamente, la trampa que Moscú intenta esquivar.

El contexto económico tampoco invita al optimismo, y el vídeo lo repasa sin anestesia: inflación desbocada, tipos de interés en el 14% después de haber tocado el 21%, gasolina un 26% más cara en un año y racionada en dieciséis regiones por los ataques ucranianos contra las refinerías. A eso se suman aeropuertos que cierran cada dos por tres, explosiones repartidas por medio país y más de 350.000 familias que han perdido a un hombre en el frente. Con ese panorama, el descontento deja de ser silencioso.

En Rusia no existe un plan para el día después de Putin: hay un trono vacío, 140 millones de personas y el mayor arsenal nuclear del planeta esperando a ver quién gana la pelea.

— VisualPolitik

Medio millón de hombres y un toque de queda en la frontera

La inteligencia ucraniana lleva semanas avisando, según recoge el canal, de que Putin podría ordenar una movilización adicional de varios cientos de miles de rusos antes de que acabe el año, y de otros tantos en 2027. Los primeros movimientos ya se notan: toque de queda nocturno y restricciones a la movilidad en las regiones fronterizas con Estonia, una medida que muchos leen como la antesala de una operación encubierta y que, en opinión de VisualPolitik, responde a algo más prosaico: evitar que la gente intente escapar, como ya ocurrió en el pasado.

Lavrov, la entrevista programática y el Plan Lavrov

El otro hilo del vídeo arranca con una escena aparentemente anodina. El 29 de julio, Serguéi Lavrov concedió a TASS una entrevista de más de 4.000 palabras pilotada por el propio director general de la agencia. El ministro de Exteriores, 76 años, habló de su infancia, del divorcio de sus padres, de las sandías que robaba de un almacén y de los veranos bajando ríos siberianos en balsa. ¿Por qué importa? Porque en la jerga del Kremlin una entrevista así, tan larga y personal, se considera programática: sirve para fijar parámetros políticos. Y el propio Putin nunca ha concedido nada parecido a TASS.

De ahí surge la hipótesis que el canal pone sobre la mesa, atribuida al periodista Konstantín Eggert, ex jefe de la oficina moscovita de la BBC: ese empeño en maquillar a Lavrov como hombre cercano y afable sería el indicio de una reorganización inminente en la cúpula del poder. El objetivo no sería Lavrov, demasiado mayor para aspirar a nada, sino la silla de primer ministro. El artículo 92 de la Constitución rusa establece que si el presidente muere, dimite o queda incapacitado, es el jefe de Gobierno quien asume la jefatura del Estado de forma interina. Quien ocupe ese sillón se convierte, durante una ventana temporal crítica, en el hombre más poderoso de Rusia.

Mishustin, la pieza que se sacrifica

La cadena que describe el vídeo es la siguiente. Rusia Unida gana con holgura. Esa victoria sirve de pretexto para destituir a Mijail Mishustin, un tecnócrata de 60 años que llegó al cargo en 2020 sin que nadie supiera muy bien quién era, y sentar a Lavrov en su lugar. Mishustin carga entonces con todos los males del país, de la inflación a la falta de combustible, y se convierte en la pieza sacrificada para salvar el sistema. Después, en un plazo razonable, Putin colocaría en el gabinete al sucesor que él mismo designe, garantizando así la continuidad del régimen.

¿Y no es peligroso para un líder tan receloso dar notoriedad a otra persona? El canal apunta a una razón que considera clave: con los años, Putin se ha obsesionado cada vez más con su lugar en los libros de historia, y la propia invasión de Ucrania tuvo mucho que ver con esa obsesión. Si un mal sucesor puede arruinar por completo un legado, preparar el relevo deja de ser una amenaza y pasa a ser una necesidad. Lavrov encaja porque no tiene equipo propio, ni poder regional, ni respaldo militar. Aunque, como recuerda VisualPolitik, hablamos de Rusia, donde las guerras de poder entre bastidores han sido una constante histórica.

Qué significa esto para el lector

Conviene separar el dato de la interpretación. Los resultados electorales, la composición de la Duma y el calendario legislativo hasta 2031 son hechos verificables. El Plan Lavrov es una hipótesis periodística, construida sobre indicios, que el propio canal presenta como teoría y no como certeza. Dicho esto, la lectura de fondo es difícil de discutir: la arquitectura institucional rusa se está reorganizando alrededor de una guerra que no termina y de un líder que cumple 74 años.

Para el lector europeo, la consecuencia práctica es doble. Por un lado, una Duma diseñada para aprobar movilizaciones y presupuestos militares significa que la guerra de Ucrania no tiene visos de agotarse por falta de marcos legales. Por otro, si la pelea por la sucesión ya ha empezado, cualquier movimiento en Moscú durante los próximos meses merece más atención de la que suele prestarse a un parlamento decorativo. Basicamente, lo que se decide en esas urnas no se decide en las urnas.

La pregunta queda flotando: ¿aguanta el sistema ruso una movilización de medio millón de hombres más sin que se le rompa algo por dentro? VisualPolitik no da una respuesta cerrada, y quizá sea lo más honesto. Lo que sí deja claro es que estas elecciones, las más aburridas sobre el papel, pueden ser las más importantes en años.


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