Kyle Samani lo dice sin rodeos: Solana acabará este ciclo por delante de Ethereum en capitalización de mercado. El cofundador del fondo Multicoin Capital sostiene que a SOL le basta con multiplicar por cinco su tamaño actual para completar el sorpasso, y añade un argumento incómodo para los defensores de la red de Vitalik Buterin: cada vez menos equipos eligen Ethereum para construir.
Las cifras que se manejan en la conversación publicada por Cointelegraph sitúan la capitalización de SOL en unos 58.000 millones de dólares, frente a los 293.000 millones que se atribuyen a ether. La distancia es de cinco a uno. Dicho de otro modo: para que Solana supere a Ethereum en valor de mercado, su token tendría que completar un recorrido que muchas criptomonedas no logran en una década entera.
Samani no es un observador neutral: Multicoin Capital amasó una posición temprana y relevante en Solana, y su cofundador lleva años ejerciendo de altavoz del ecosistema. Eso no invalida su tesis, pero conviene dejarlo claro antes de entrar en el fondo del asunto. Quien predice el flippening tiene cartera en el activo que predice.
Qué haría falta para que SOL supere a ETH
Un flippening —el término que el sector usa para describir el momento en que una criptomoneda adelanta a otra en capitalización— no depende solo de que el activo que sube suba. Depende también de que el que va delante se quede quieto. Ahí está la parte del argumento que más discusión genera, porque la tesis de Samani es que, más allá de la especulación, hoy casi nadie usa Ethereum en el día a día.
El razonamiento completo es el siguiente: si el capital institucional y los equipos de desarrollo se concentran en una red, la liquidez, las aplicaciones y los ingresos por comisiones también se concentran allí. Ese círculo virtuoso es el que Samani cree que ya gira a favor de Solana y en contra de Ethereum, y el que tarde o temprano terminaría reflejándose en el valor de mercado del token.
Para el inversor de a pie, la predicción tiene una lectura práctica. Si SOL multiplica por cinco su capitalización, el efecto no llegaría solo al precio: llegaría al staking (el mecanismo por el que se delegan tokens a un validador a cambio de recompensas), a la liquidez de los protocolos de finanzas descentralizadas construidos sobre la red y a la valoración de las tesorerías corporativas que acumulan el activo.
El flippening no se decide en una entrevista: se decide cuando el dinero que hoy compra ether encuentra una razón sólida para comprar SOL.
Por qué los equipos eligen Solana y no Ethereum
El argumento técnico se apoya en la facilidad de uso. Solana ordena las transacciones con un sello temporal criptográfico —lo que el sector llama Proof of History o PoH— antes incluso de votarlas, y eso le permite sostener volúmenes altos con comisiones muy bajas. Un equipo que quiere lanzar una aplicación con miles de usuarios diarios no necesita un máster en criptografía: mira cuánto cuesta cada operación, y cuánto tarda en confirmarse.
En paralelo, la red ha ido reduciendo uno de sus riesgos históricos: depender de un único programa para funcionar. Firedancer, el segundo cliente validador desarrollado desde cero por Jump Crypto en C++, se ha abierto hueco frente a Agave, el cliente de referencia mantenido por Anza. Tener dos motores independientes bajo el mismo capó significa que un fallo en uno no tiene por qué detener el conjunto.
Qué enseña el historial de flippenings que nunca llegaron
Conviene poner la predicción en su contexto. Llevamos años escuchando que ether adelantaría a bitcoin en capitalización y el sorpasso sigue sin llegar. Es el primer aviso: las predicciones de flippening envejecen mal, sobre todo cuando se apoyan en una narrativa que puede girar en cualquier momento.
Solana tiene además su propio historial. La red dejó de producir bloques en septiembre de 2021 y en febrero de 2022 por saturación, y los validadores tuvieron que reiniciarla a mano. En noviembre de 2022, el colapso de FTX —cuyo fundador había sido uno de sus mayores valedores públicos— arrastró a SOL a mínimos que hoy parecen de otra época. Nada de eso impide que el flippening ocurra, pero recuerda que esta red ya ha vivido dos vidas.
Hay también riesgos estructurales que no dependen del precio. El staking está concentrado en un número reducido de validadores grandes, lo que da a unos pocos operadores un peso desproporcionado en el consenso. Y la red sigue dependiendo de un puñado de proveedores de infraestructura —los servidores RPC que conectan las aplicaciones con la blockchain—, además de arrastrar la duda regulatoria sobre el estatus legal de SOL: si una jurisdicción relevante lo clasificara como valor negociable, los productos institucionales tendrían que replantear su encaje.
La pregunta, por tanto, no es si Samani acierta con la fecha, sino si su tesis resiste cuando el mercado deja de premiar las narrativas y empieza a exigir ingresos. El termómetro que él no controla es el dinero institucional que llega a SOL a través de vehículos cotizados: si esos productos captan el mismo peso relativo que sus equivalentes de bitcoin y ether, el sorpasso dejaría de ser una predicción de entrevista y pasaría a ser una cifra en pantalla.




