El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha sancionado al exchange iraní BitBank por facilitar transferencias en bitcoin a la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), el cuerpo militar de élite del régimen de Teherán. La decisión forma parte de Operation Economic Outcast, la campaña económica con la que la administración de Donald Trump persigue a Irán y a todos los actores que le ayudan a esquivar las penalizaciones internacionales.
No es una sanción menor. Washington lleva décadas castigando económicamente a Irán, pero este año el país ha intensificado el uso de criptomonedas, bitcoin incluido, para sortear ese cerco. La designación apunta directamente a la infraestructura que lo hace posible.
‘Las designaciones de hoy dejan meridianamente claro que los intentos de financiar al régimen iraní usando criptomonedas no están fuera del alcance de la OFAC’, ha señalado el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en el comunicado de la operación. ‘Si apoyas al régimen iraní, el Departamento del Tesoro te sancionará’.
Qué ha designado exactamente el Tesoro
La sanción no se limita a BitBank. El Tesoro ha designado también al financiero iraní Babak Zanjani, a la empresa desarrolladora de software Pishtaz Simorgh Electronic Trade Company y a tres colaboradores suyos: Hossein Ali Zaker Hossein, Mohammad Mahdi Zaker Hossein y Seyed Adel Heidari. El objetivo declarado es golpear ‘la arquitectura que Zanjani construyó para blanquear fondos’.
Según el Tesoro, desde junio la Autoridad de Servicios Marítimos Hormuz Safe de Irán ha utilizado BitBank para mover bitcoin hacia el régimen. El exchange no sería un intermediario casual, sino una pieza dentro de un sistema más amplio de financiación con activos digitales.
Congelar una stablecoin es cerrar una cuenta bancaria; perseguir bitcoin es rastrear efectivo repartido por medio mundo sin un banco que responda.
Por qué Irán prefiere bitcoin frente a las stablecoins
Hay una razón técnica detrás de esta deriva hacia bitcoin. En julio, Estados Unidos anunció que había congelado criptomonedas vinculadas al régimen iraní, en su mayoría en forma de USDT, la stablecoin emitida por Tether. Una stablecoin es una moneda digital diseñada para mantener un valor estable, normalmente anclado al dólar, y cuenta con un emisor central que puede bloquear las carteras cuando lo decide.
Bitcoin, en cambio, no tiene un emisor único ni una autoridad capaz de congelar fondos. Esa es justamente la característica que lo convierte en una herramienta atractiva para quien quiere mover dinero fuera del radar financiero tradicional. La OFAC ya advirtió en julio de que Irán estaba aceptando pagos en bitcoin de barcos que atraviesan el estrecho de Ormuz para eludir las sanciones.
Qué significa esto para el inversor y para el mercado
Para el inversor español que nunca ha tenido relación con Irán, esta sanción puede parecer lejana. No lo es del todo. Las designaciones de la OFAC generan un efecto en cadena: cualquier exchange, banco o custodio que mantenga vínculos con las entidades señaladas se expone a ser sancionado también. Eso empuja al sector a extremar sus controles de identidad y a rastrear el origen de cada transferencia.
El precedente más cercano está en las sanciones contra mezcladores de criptomonedas como Tornado Cash, un servicio que servía para ocultar el origen de las operaciones y que quedó bloqueado para los usuarios estadounidenses. La tendencia se repite ahora con Irán y antes con Rusia: el bitcoin deja de ser un espacio sin reglas y se convierte en un terreno donde los reguladores compiten por demostrar que pueden seguirle la pista.
Ahí está la contradicción de fondo. El mismo bitcoin que las sanciones no pueden congelar es también un libro de contabilidad público donde cada movimiento queda registrado para siempre. Es difícil esconderse y, a la vez, imposible apagarlo pulsando un botón. Esa dualidad explica por qué Irán lo elige, pero también por qué Washington confía en poder perseguirlo.
Para el usuario medio, el impacto es indirecto pero real. Los exchanges que operan en Europa refuerzan sus procesos de verificación, revisan más transacciones, y bloquean operaciones que puedan estar contaminadas. Una transferencia hacia una cartera sospechosa puede quedar atrapada durante días. No es alarmismo: es la consecuencia lógica de que el dinero digital sea cada vez más rastreable.
Conviene recordar que este no es un episodio aislado. En los últimos años, la OFAC ha ido ampliando su lista de direcciones, exchanges y servicios vinculados a países sancionados, desde Corea del Norte hasta Rusia, pasando por carteles del narcotráfico. Cada designación añade una capa más de presión sobre los intermediarios, que son quienes acaban pagando el precio en forma de auditorías, licencias y cumplimiento normativo.
En paralelo, Irán ha ido tejiendo alternativas: este año puso en marcha un servicio de seguros respaldado por bitcoin para sus compañías navieras, una fórmula que busca mantener el comercio exterior pese a las restricciones bancarias. Es el mismo patrón que ya se observa en el estrecho de Ormuz, donde los barcos pagan en activos digitales para no depender del sistema financiero tradicional.
La pregunta abierta es si esta estrategia funcionará. La OFAC ha dejado claro que seguirá señalando no solo al ecosistema iraní, sino a los actores internacionales que lo facilitan, y las designaciones son acumulativas. Habrá que ver cuántas plataformas más entran en la lista en los próximos meses y hasta qué punto el cerco cambia el comportamiento de un mercado que, por definición, no tiene dueño.




