China activa el control de salidas: podrá vetar a sus ciudadanos por seguridad nacional y tecnología

Pekín amplía el control de salidas por seguridad nacional y tecnología. DW Español analiza qué cambia para empresas, académicos y la carrera por la inteligencia artificial.

China activa desde esta semana un nuevo control de salidas. El país podrá vetar la salida de ciudadanos implicados en actividades que Pekín considere dañinas para la seguridad nacional o para la exportación de tecnología. DW Español dedicó un análisis de 23 minutos al alcance de esta norma, con la investigadora Ana Solís y el economista Ezequiel.

Un reglamento general que desborda la seguridad militar

Según Ana Solís, docente de la Universidad de las Fuerzas Armadas en Hamburgo, la medida amplía de forma notable el margen de ciudadanos afectados. Antes las restricciones apuntaban sobre todo a militares y altos cargos; ahora el texto de 19 artículos es deliberadamente general y se aplica también a ciudadanos chinos fuera del territorio. La investigadora sostiene que, más que una novedad absoluta, la norma legaliza prácticas que ya existían bajo el paraguas de la ley de seguridad nacional de 2017.

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La sospecha como criterio: visados, aeropuertos y extranjeros

Uno de los puntos más sensibles es la discrecionalidad. La investigadora explicó que el artículo 4 deja margen para actuar bajo simple sospecha, sin necesidad de pasar por tribunales. En la práctica, dijo, las autoridades de control pueden detener a una persona en el aeropuerto o directamente no otorgarle la visa. Eso genera incertidumbre no solo para ciudadanos chinos, sino también para los extranjeros que hacen negocios en China.

Los perfiles expuestos se han multiplicado. Empresarios, ingenieros, académicos y activistas pueden quedar alcanzados por conceptos como seguridad industrial o tecnológica. Solís recordó que muchas tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial tienen uso dual, civil y militar, lo que amplía el grupo de personas bajo vigilancia.

Con todo, la académica matizó que el talento chino no necesariamente huirá del país. La incertidumbre, argumentó, puede empujar a los profesionales a quedarse, porque salir no los libera del todo: sus familiares permanecen en China.

Estamos ante una nueva guerra fría, y aquella vieja carrera espacial es hoy la carrera por la inteligencia artificial.

— Ezequiel, economista de DW Español

Segunda guerra fría y capitalismo a la china

El economista Ezequiel conectó la norma con la competencia entre Estados Unidos y China. A su juicio, se repite el patrón de la guerra fría, pero la disputa espacial de entonces ha sido sustituida por la inteligencia artificial. Recordó que la semana pasada las grandes tecnológicas estadounidenses pidieron regulación, lo que, en su lectura, no responde solo a preocupaciones de seguridad, sino a la presión del gasto para mantenerse por delante de China.

Ezequiel también describió el modelo económico chino como ‘capitalismo a la china’: no libre. Puso como ejemplo la industria automotriz europea, que durante décadas enseñó a fabricar autos a socios chinos mediante alianzas al 50 %, hasta que China se volvió competitiva. Mencionó además el puerto peruano de Chancay y la polémica por la planta de Ford en España como señales de que China no comparte tecnología ni abre su mercado de forma simétrica.

En su análisis, el economista advirtió que el espionaje no es solo cosa de películas. Citó casos de contrabando de chips Blackwell de Nvidia hacia China y el riesgo de que talentos con acceso a desarrollos clave vendan conocimiento al rival. También señaló que la CIA vigila a las empresas de inteligencia artificial chinas. Para él, la movilidad del talento y del conocimiento se ha convertido en una pieza central de la disputa.

Taiwán, semiconductores y dependencia global

La norma preocupa especialmente en Taiwán. Ezequiel explicó que, según la posición de Pekín, a los ciudadanos taiwaneses se les aplica la ley china cuando viajan al continente, por lo que podrían quedar sujetos a estas restricciones. La isla produce entre el 70 % y el 80 % de los semiconductores más avanzados que utiliza la inteligencia artificial, un dato que convierte a Taiwán en un punto crítico de la cadena global.

Para Ezequiel, en esta carrera hay tres patas: el conocimiento, la energía y los semiconductores. La energía explica, a su juicio, parte de las tensiones en Oriente Medio y América Latina; los chips, en cambio, explican la extrema dependencia del mundo respecto a Taiwán. Cualquier disrupción ahí, dijo, podría provocar un colapso tecnológico global.

Qué lectura deja para empresas e inversores

Más allá de China, la conversación refleja un cambio de era. La ampliación del concepto de seguridad nacional no es exclusiva de Pekín, advirtió Solís: también en Estados Unidos se extiende a lo cibernético, lo espacial y lo económico. Eso convierte la geoeconomía en herramienta de disputa y deja poco margen para zonas grises.

Las empresas occidentales con exposición a China deberían, según el análisis, prepararse para más controles. La norma no detalla cada supuesto, y esa ambigüedad es precisamente su fuerza. Los ejecutivos extranjeros que viajan con frecuencia a China pueden enfrentar revisiones migratorias más duras, y los equipos con talento tecnológico dual estarán bajo lupa.

Mientras tanto la carrera por la inteligencia artificial sigue. Estados Unidos mantiene ventaja, pero China compite con modelos más baratos y con una apuesta estatal por reducir su dependencia. Ezequiel recordó que ambos países arrastran niveles de deuda asfixiante y ven en la IA una posible fuente de productividad que alivie a sus gobiernos. Por eso ninguno quiere ceder.

La medida china no es aislada, pero sí más amplia y explícita que las restricciones existentes en otros países. La pregunta para los próximos meses no es si habrá más controles, sino cómo responderán las empresas y los profesionales que viven entre dos mundos. Quizá la movilidad del talento deje de ser una ventaja para convertirse en un riesgo.


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