El precio de Bitcoin hoy se mueve en una zona incómoda: rebota un 2% hasta los 78.749 dólares, pero no logra recuperar los 80.000. La resistencia psicológica no es casualidad. James Butterfill, jefe de investigación de CoinShares, describe la coyuntura como un ‘cóctel inusual’ para el activo: inflación rígida a corto plazo y un programa de recompra de bonos que no está cumpliendo su objetivo.
El último informe de CoinShares, publicado el viernes, combina dos fuerzas que tiran del mercado en direcciones opuestas. Por un lado, la inflación subyacente (la que excluye alimentos y energía) subió un 0,3% en agosto, por encima de lo esperado. Ese dato refuerza la probabilidad de una Reserva Federal más estricta, lo que limita el atractivo inmediato de activos de riesgo como bitcoin.
El otro motor es el programa del Tesoro de Estados Unidos para recomprar bonos a largo plazo. Diseñado para bajar los rendimientos y aliviar el coste de financiación del país, de momento no está consiguiendo el efecto esperado. Butterfill lo resume de forma clara: si los rendimientos siguen altos, aumentará la presión sobre el secretario del Tesoro, Scott Bessent, para intervenir con un programa mucho mayor.
El cóctel inusual que frena a bitcoin
En su nota, CoinShares habla de una mezcla poco habitual. ‘El dato del IPC de hoy es negativo en el margen, porque aumenta la probabilidad de una política monetaria más restrictiva’, escribió Butterfill. Eso limita el potencial alcista inmediato de bitcoin y lo mantiene atrapado bajo los 80.000 dólares.
La herramienta FedWatch del CME Group refleja ese estado de ánimo. Los operadores asignan un 85% de probabilidad a que los tipos de interés terminen más altos tras la reunión de la Reserva Federal de la próxima semana. Bitcoin, en cambio, históricamente se siente más cómodo en entornos de tipos bajos, cuando el dinero barato circula con más facilidad.
El detalle que descoloca a los analistas es que la recompra de bonos ampliada no logra frenar los rendimientos a largo plazo. En agosto, el Tesoro anunció que duplicaría el tamaño de las recompras de deuda a largo plazo. Bitcoin encadenó una de sus mejores rachas del año. La lógica era sencilla: más compras de deuda por parte del Tesoro equivalen a más liquidez y a un dólar más débil.
La inflación frena a bitcoin hoy, pero el fracaso de la recompra de bonos puede convertirse en el mayor catalizador de los próximos meses.
Inflación rígida y una recompra de bonos que no convence

Hay un concepto que une a bitcoin y al oro en esta fase: la operación de devaluación, conocida en el sector como debasement trade. Consiste en comprar activos que sirvan de refugio cuando una moneda pierde poder adquisitivo. Si el dólar se debilita, el bitcoin y el oro suelen recoger parte de ese movimiento.
El programa de recompra actual no ha conseguido doblegar los rendimientos largos. Butterfill cree que, si esta tendencia persiste, Bessent se verá empujado a lanzar una intervención mucho más contundente, de esas que en el argot financiero se conocen como bazooka. ‘Si eso ocurre, podría convertirse en uno de los catalizadores de medio plazo más potentes para bitcoin’, apunta el informe.
En agosto, el simple anuncio de ampliar las recompras bastó para que bitcoin y el oro repuntaran. Ahora el mercado se pregunta si el Tesoro estará dispuesto a dar el siguiente paso. Para un inversor español, la clave no está solo en la próxima cita de la Reserva Federal. Está en saber si Bessent saca la artillería.
La apuesta por la devaluación vuelve al tablero
Hay que poner contexto. La última vez que la apuesta por la devaluación ganó tanta tracción fue en 2020 y 2021, cuando los bancos centrales inundaron el sistema con liquidez y bitcoin multiplicó su precio en un ciclo protagonizado por inversores que buscaban cobertura ante el dinero fácil. Aquella racha terminó en una resaca cuando la Reserva Federal subió tipos con agresividad en 2022. El escenario actual no es idéntico: la inflación subyacente sigue rígida, el déficit fiscal de Estados Unidos es elevado y la recompra de bonos no está logrando su objetivo.
Pero conviene no confundir deseo con certeza. Que el programa de recompra falle no garantiza una intervención inmediata, y la Reserva Federal podría compensar cualquier estímulo fiscal con una política monetaria más dura. No es la primera vez que el Tesoro y la Reserva Federal pugnan por imponer su prioridad, y rara vez el mercado lo resuelve con calma. El conflicto entre el Tesoro y la Fed es el verdadero riesgo y también la oportunidad.
En conjunto, el informe describe un mercado en pausa. Bitcoin aguanta los 78.000 dólares, pero no recupera los 80.000. La próxima reunión de la Reserva Federal marca el primer punto de control, y cualquier guiño sobre la deuda pública puede mover el precio más que el propio dato de inflación. No habrá una señal única. Será la combinación de ambas la que determine si el cóctel inusual se resuelve al alza o se convierte en una resaca.




