La sierra de Madrid cabe en un fin de semana. A poco más de una hora de la capital, entre la A-1 y la carretera de la sierra, se concentran conjuntos medievales, monasterios, bosques de roble y crestas de granito. El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, declarado en 2013, protege buena parte de ese paisaje, pero la nómina de pueblos con encanto que lo rodean es más amplia y variada de lo que sugiere su cercanía: pizarra negra, murallas, torres y valles glaciares.
El criterio de esta selección combina patrimonio, paisaje y facilidad de acceso. No es un ranking cerrado: hay pueblos fuera de la lista que merecen una visita, y también alguno que entra solo por un edificio. Hemos primado los que conservan su trama urbana, su arquitectura tradicional y algún elemento singular, ya sea un recinto amurallado, un monasterio o una reserva de la biosfera. Cuatro de los cinco están en la Sierra Norte y el valle del Lozoya; el quinto mira a La Pedriza. Todos se recorren a pie en una mañana.
3Rascafría, bosques y monasterio en el corazón del valle del Lozoya
Rascafría justifica por sí sola la escapada. En su término se alza el Monasterio de Santa María de El Paular, fundado en 1390 por mandato de Juan I de Castilla y considerado el primer cenobio cartujo de Castilla. Declarado Bien de Interés Cultural desde 1876, combina elementos góticos, renacentistas y barrocos, con un retablo mayor tallado en alabastro y la serie de pinturas de Vicente Carducho en el claustro. Lo habitan monjes benedictinos, que mantienen una hospedería y venden dulces artesanales. Enfrente, el Puente del Perdón —reconstruido en el siglo XVIII sobre otro anterior del XIV— cierra la estampa: la leyenda cuenta que aquí se apelaba la sentencia de los reos camino de la horca.
El casco urbano conserva la arquitectura serrana de piedra, madera y teja oscura, con la Plaza de los Porches, la iglesia de San Andrés y el ayuntamiento neomudéjar. Pero el gran reclamo está fuera: el pueblo se asienta en pleno valle del Lozoya, dentro del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, a los pies de Peñalara (2.428 metros) y a poco más de una hora de Madrid. De ahí parte la ruta del Bosque Finlandés, con abedules, chopos y abetos en torno a un pequeño lago y una cabaña que fue sauna, a la que se llega cruzando el Puente del Perdón y el Camino del Papel, el que usaban los monjes hasta el Molino de Los Batanes, donde se imprimió la primera edición de El Quijote en 1605. Completan el fin de semana las Cascadas del Purgatorio, a unos 6,5 kilómetros, y Las Presillas, pozas naturales de agua gélida bajo Peñalara.


