Openchip: ¿podrá el dinero público obrar el milagro de crear la Nvidia española?

Openchip se ha convertido en una de las grandes esperanzas española y europea de competir en el complejo mundo de los chips y semiconductores. El objetivo es titánico: diseñar una familia de procesadores y aceleradores europeos de alto rendimiento (HPC) e inteligencia artificial. Aunque para ello se ha puesto toda la carne en el asador o más bien todo el dinero público posible. Y es que la firma española ha logrado una inyección de fondos públicos que supera los 288 millones de euros hasta ahora.

En la geopolítica del siglo XXI, el poder no se mide únicamente en cabezas nucleares o reservas de petróleo, sino en nanómetros. La escasez global de semiconductores experimentada durante la pandemia y la posterior eclosión de la inteligencia artificial han dejado una lección dolorosa para el Viejo Continente: Europa ha perdido la carrera, mientras Estados Unidos domina el diseño con gigantes como Nvidia o AMD, y Asia monopoliza la fabricación a través de colosos como la taiwanesa TSMC.

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Por ello, Bruselas y los Estados miembros han abierto la caja de los caudales públicos mediante la Ley Europea de Chips (Chips Act) y los PERTE nacionales. En este contexto, Openchip se ha convertido en una de las grandes esperanzas, aunque por el momento sus cuentas revelan una metamorfosis a un gigante tecnológico, pero también que acumula poca o ninguna experiencia comercial.

Openchip, años con la cuenta de ingresos a cero

La realidad es que desde su nacimiento la compañía no ha facturado ni un solo euro por vender chips en 2022, 2023, 2024 y 2025. Aunque eso no significa que su cuenta de resultados sea negativa, de hecho, declaró un beneficio neto positivo de 650.466,88 euros al cierre de 2025. ¿Cómo se sostiene este milagro contable? La respuesta reside en la arquitectura contable permitida para las empresas de deep tech (tecnología profunda) intensivas en Investigación y Desarrollo (I+D).

OpenChip no considera los masivos salarios de sus ingenieros o las licencias de software como «gastos a fondo perdido», sino como una inversión de futuro que generará retornos. Por ello, la empresa activó contablemente casi 80 millones de euros en 2025 bajo el epígrafe de «Trabajos realizados por la empresa para su activo». Esta capitalización masiva del I+D permite neutralizar en el balance los enormes gastos de explotación.

A esta ingeniería contable se suma un segundo factor crítico: el apalancamiento fiscal. Gracias a un cambio de criterio contable adoptado en 2025, OpenChip afloró créditos fiscales por las deducciones generadas por sus actividades de I+D. Esto le permitió anotarse un ingreso extraordinario por impuesto de sociedades de cinco millones de euros en su cuenta de resultados, lo que propulsó definitivamente a la compañía a la senda de los beneficios contables, aunque su caja operativa estuviera sometida a una enorme presión.

La difícil realidad de Openchip: los beneficios contables no son beneficios reales

Si bien contablemente la compañía parece sobrevivir a su nula facturación, pero la realidad empresarial es otra. La falta de ingresos y las elevadas necesidades de capital para llevar a cabo su actividad hacen que la compañía queme caja (efectivo) de forma acelerada deteriorando la estructura financiera de la misma. 

Al fin y al cabo, diseñar semiconductores avanzados desde cero es una de las actividades más caras del mundo. Requiere la adquisición de carísima Propiedad Intelectual (IP), licencias de software de diseño electrónico (EDA), herramientas de análisis de datos y la subcontratación de procesos altamente especializados. A lo que se suma una plantilla en pleno crecimiento, ya que ha pasado de un par de empleados a cerca de 350 repartidos por Italia, Irlanda, Bélgica, Francia, Polonia y Alemania. Los gastos de personal, que en 2022 eran de unos discretos 146.802,23 euros, se han multiplicado hasta superar los 25,5 millones de euros en 2025.

Así, en 2024, tras cobrar los primeros anticipos de las ayudas europeas, OpenChip contaba con más de 93 millones de euros en efectivo y equivalentes líquidos. Apenas doce meses después, a finales de 2025, esa liquidez se había desplomado por debajo de los 20 millones. Para garantizar la viabilidad técnica y financiera del proyecto, los resortes del Estado y la Generalitat de Catalunya se han activado a su máxima capacidad. El ecosistema de apoyo público acumulado por OpenChip suma aproximadamente 288,29 millones de euros a través de diversas vías como el proyecto europeo IPCEI, el proyecto Dare, el Centro para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación o la propia Generalitat de Catalunya.

La evolución de Openchip deja dudas tanto por el inmenso monto de ayuda recibida como por no ser todavía capaz de generar ingresos. Aunque eso podría estar cambiando, de hecho, en el balance de sus últimas cuentas aparece una partida de 10 millones bajo el concepto de «Anticipos de clientes». La memoria detalla que la empresa ha firmado en 2025 su primer contrato de prestación de servicios para el desarrollo de un software a medida. Además, asegura haber recibido «una carta de intenciones de inversión de un grupo empresarial corporativo español cotizado (IBEX35) con la intención de participar en el capital de la Sociedad». Quizás el 2026 ponga a Openchip en el mapa del sector realmente.


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