El drama de la cesta de la compra: 8 productos cotidianos que se han convertido en un objeto de lujo

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Langostinos congelados: el antiguo básico de congelador cuesta hoy como marisco de restaurante

Vista superior de gambas frescas sobre hielo, mostrando delicias del mar sobre fondo blanco.

El langostino congelado fue durante décadas el atajo democrático hacia el marisco en Nochebuena: un capricho que cabía en cualquier congelador y en casi cualquier presupuesto, el truco de las mesas modestas para disimular un menú de restaurante sin pagarlo. Esa etapa parece haberse cerrado. En un folleto de supermercado de 2007 rescatado estas navidades en redes sociales, la caja de langostinos cocidos costaba 3,99 euros; a finales de 2024, las grandes cadenas ya pedían entre 9,39 euros el kilo en El Corte Inglés y 11,58 en Mercadona, lo que sitúa el formato clásico de 800 gramos entre los 7,51 y los 9,26 euros. Quien quiera repetir este año el aperitivo de siempre tendrá que rascarse el bolsillo como si encargara la ración en una marisquería, porque la distancia que separaba el producto de congelador del marisco de carta se ha estrechado hasta casi desaparecer.

Detrás de esa escalada no hay solo inflación general: la práctica totalidad del langostino que llega ultracongelado a las neveras españolas es vannamei criado en piscifactorías de Ecuador o India, y ese mercado global lleva meses en tensión. La oferta ecuatoriana se ha resentido por los aguajes, que reducen las cosechas, y por el recorte de aranceles de Estados Unidos al langostino de ese país, que desvía producto hacia el mercado americano, mientras la demanda europea sigue creciendo. El resultado se vio en la cesta navideña de la OCU de 2025, la más cara de la serie histórica: el langostino congelado rondó los 11,19 euros el kilo de media y aún se encareció un 4% en el último mes antes de Nochebuena, en un diciembre en que todo el surtido festivo subió un 10,3%. El antiguo comodín económico, el recurso de última hora para salvar una cena con apariencia de lujo, ha pasado a facturarse como el propio lujo que imitaba.


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