La sexta temporada de WAH vuelve a Madrid  

Durante mucho tiempo, asistir a un espectáculo significó aceptar unas reglas muy concretas: comprar una entrada, ocupar una butaca, mirar hacia un escenario y esperar a que terminara la función. El modelo sigue funcionando, naturalmente, pero cada vez convive con propuestas que entienden el ocio de otra manera. WAH es una de ellas. 

El proyecto regresa a Madrid el 17 de septiembre con su sexta temporada y vuelve a plantear una pregunta que tiene más interés del que parece: ¿qué ocurre cuando un espectáculo deja de ser solamente un espectáculo? 

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La respuesta de WAH ocupa más de 5.000 metros cuadrados en El Espacio WAH en IFEMA y se desarrolla durante aproximadamente cinco horas. La propuesta combina gastronomía internacional, música en directo, tecnología, teatro, performances y una fiesta final. Hay un Food Hall, un teatro y una zona de aftershow. Incluso existe una tienda propia. Es decir, todo aquello que normalmente se encuentra repartido entre diferentes lugares de una ciudad se concentra en un único espacio. 

WAH septiembre
Fuente: WAH

La estructura en tres actos es la clave para entender el proyecto 

El primero sucede en el Food Hall. Allí 14 estaciones gastronómicas ofrecen comida inspirada en los cinco continentes. La oferta va del sushi a la cocina mexicana, pasando por comida americana s y tapas españolas. Pero la comida no aparece como un complemento destinado a resolver la cena del espectador. Convive con actuaciones y forma parte de la propia experiencia. 

Ese detalle dice mucho sobre el tipo de entretenimiento que representa WAH. Ya no se trata necesariamente de decidir entre ir a comer o cenar o acudir a un concierto. La propuesta intenta que ambas cosas sucedan simultáneamente, dentro de una experiencia diseñada para que el público no tenga que abandonar el recinto. 

Después llega el WAH Theatre. Allí más de 40 artistas participan en una producción que mezcla música y tecnología y que recupera grandes canciones de la historia de la música. Rock, pop, ópera, flamenco y electrónica aparecen dentro de un recorrido que busca conectar géneros y generaciones. 

La fórmula tiene algo de espectáculo de Las Vegas, algo de musical de Broadway y algo de concierto de grandes éxitos. Pero WAH añade un ingrediente más: una narrativa. 

En su universo de ficción, la música ha sido prohibida por la Nación Omega. Frente a ese régimen surge la resistencia WAH, que trata de recuperar las canciones silenciadas. El público se convierte en integrante de esa resistencia. 

No estamos ante una dramaturgia especialmente compleja. Su función es otra: proporcionar un relato capaz de unir elementos que, de otro modo, podrían parecer desconectados. La gastronomía, los músicos, las luces, la tecnología y la celebración pasan a formar parte de una misma aventura. 

La tecnología, además, no ocupa un lugar secundario. WAH utiliza sonido envolvente de 360 grados y una pantalla LED de 240 metros cuadrados. El objetivo es evidente: construir una experiencia sensorial que no dependa únicamente de lo que sucede delante del espectador. 

Esto resulta especialmente significativo en un momento en el que la cultura del espectáculo compite con un ecosistema audiovisual acostumbrado a ofrecer imágenes permanentes, inmersión y estímulos instantáneos. El teatro tradicional tiene la ventaja de la presencia física; WAH añade a esa presencia una escala tecnológica capaz de competir con el lenguaje visual del entretenimiento contemporáneo. 

El espectáculo no pretende pasar inadvertido: quiere ocupar el espacio y, durante unas horas, convertirse en el centro de atención. 

La tercera parte, La Catedral, lleva esa lógica hasta sus últimas consecuencias. Cuando termina el show principal, la experiencia continúa con DJs, performances y ambiente festivo. El concepto de aftershow elimina otra de las fronteras habituales: aquella que separa la función de la experiencia  

Y ahí aparece una de las claves culturales del fenómeno WAH. El proyecto no vende exclusivamente una obra artística. Vende tiempo. Una experiencia completa. Un recorrido. La posibilidad de que el espectador permanezca dentro de un universo durante varias horas. 

WAH estrena nueva temporada en septiembre Merca2
Fuente: WAH

Ese modelo explica también su atractivo turístico. Los visitantes de una ciudad buscan cada vez más experiencias que puedan incorporar a su memoria del viaje. No se trata solamente de ver lugares, sino de poder contar después lo que ocurrió en ellos. 

WAH ha conseguido entrar en ese circuito. Su reconocimiento Travellers’ Choice de Tripadvisor, que lo sitúa entre el 10 % de las mejores experiencias del mundo según las opiniones de los viajeros, es una señal de que el espectáculo ha trascendido el ámbito del público madrileño. 

Las cifras de trayectoria son igualmente reveladoras. Más de 1.200 funciones y más de 550.000 espectadores sitúan a WAH en una posición que obliga a dejar de hablar de él como una simple propuesta experimental o pasajera. Su sexta temporada demuestra que ha encontrado un público dispuesto a comprar precisamente aquello que ofrece: una experiencia de entretenimiento de gran formato. 

También resulta significativo que sea un proyecto concebido, creado y producido en España. En un mercado cultural donde buena parte de los grandes espectáculos internacionales llegan asociados a franquicias, musicales o formatos importados, WAH pretende construir desde Madrid una marca propia. Su ambición no es únicamente llenar un espacio de IFEMA, sino convertirse en una referencia del entretenimiento producido en España. 

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Espectáculo WAH
Fuente: WAH

La existencia de diferentes modalidades de entrada refuerza, además, esa idea de experiencia personalizable. Desde una tribuna hasta mesas próximas al escenario, opciones VIP y palcos privados, el espectador puede elegir cuánto quiere implicarse en el formato. La propia web distingue entre categorías que incluyen diferentes grados de acceso, ubicación y servicios gastronómicos. 

WAH se presenta como una experiencia colectiva, todos forman parte de la resistencia, todos participan de la fiesta, pero también permite construir experiencias diferentes según el precio de la entrada. Es una característica habitual de la industria del entretenimiento y, al mismo tiempo, una muestra de cómo los grandes formatos culturales contemporáneos mezclan espectáculo y consumo

Quizá por eso WAH sea más interesante como fenómeno que como simple categoría. Es difícil llamarlo concierto, porque hay mucho más que música. No es exactamente un musical, porque la experiencia empieza mucho antes del teatro. Tampoco es un restaurante, ni una discoteca, ni un parque temático. 

Es una combinación de todos esos lenguajes, y esa mezcla explica su permanencia. 

La sexta temporada llega a Madrid con el mismo principio que ha guiado el proyecto desde el comienzo: convertir una noche cualquiera en algo que el espectador pueda recordar como un acontecimiento. En una ciudad que cada vez vende más su cultura a través de experiencias, WAH ha entendido que el futuro del entretenimiento quizá no consista en elegir entre espectáculo, gastronomía y ocio. 

Consista, precisamente, en no tener que elegir. 


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