John Ternus asume su puesto como nuevo CEO de Apple en uno de los momentos más delicados de su historia reciente. El hasta ahora responsable de hardware hereda una compañía con cifras de récord –ingresos de 416.161 millones de dólares en el ejercicio 2025– pero también con frentes abiertos que ya no pueden atribuirse a la gestión de Tim Cook. El relevo llega cuando el iPhone muestra signos de madurez, la inteligencia artificial generativa ha evidenciado un retraso estratégico y los reguladores de ambos lados del Atlántico han puesto a Apple en el punto de mira.
Esta lista no ordena los desafíos por urgencia ni por gravedad, sino que recorre los frentes que determinarán si Ternus logra consolidar su propio liderazgo. El criterio ha sido seleccionar aquellos retos que combinan impacto inmediato en el negocio, herencia estratégica de la etapa Cook y presión externa creciente… un triángulo que define buena parte de lo que Apple decidirá en los próximos años.
4Reequilibrar la dependencia de China en cadena de suministro y mercado
El problema que hereda John Ternus no es nuevo, pero ha alcanzado un punto crítico. Tim Cook construyó sobre China la cadena de suministro más eficiente de la industria: más del 80% de sus 200 principales proveedores tienen fábricas en el país y allí se ensambla la mayor parte de los 220-230 millones de iPhone que se producen cada año. La diversificación, acelerada por los aranceles de Washington, se ha quedado a medias: India ya ensambla unos 55 millones de unidades, el 25% del total, un 53% más que en 2024, e incluso los modelos Pro y Pro Max del iPhone 17. Pero la descentralización afecta sobre todo al ensamblaje final: los componentes y buena parte de los proveedores de primer nivel siguen en China, un país que además mantiene ventajas estructurales de coste difíciles de replicar. El nuevo consejero delegado tendrá que decidir hasta dónde trasladar realmente la fabricación de chips y piezas sin disparar los precios ni romper una red logística que sigue siendo la más barata del planeta.
La otra cara del equilibrio es comercial y quizá más delicada. China no es solo la fábrica de Apple: en el ejercicio fiscal 2025, la Gran China aportó 64.300 millones de dólares de ingresos, el tercer mayor mercado de la compañía, una cifra comparable a toda la facturación anual de Boeing. Tras tres años de caídas por la competencia de Huawei y Xiaomi y las restricciones de Pekín al uso de iPhone en organismos públicos, el iPhone 17 ha revertido la tendencia: las ventas trimestrales en la región pasaron de 18.500 a 25.000 millones de dólares y Apple ya es el segundo fabricante del país, con un 19% de cuota. El reto de Ternus es ejecutar la estrategia “China+1” sin provocar una reacción comercial o política; su primer gesto, abrir una cuenta en Weibo con un saludo bilingüe, delata esa tensión. Y Apple Intelligence sigue sin recibir luz verde regulatoria en China, lo que debilita su oferta frente a unos rivales locales cada vez más agresivos: reequilibrar significa reducir la dependencia fabril sin dar por perdido un mercado que no puede permitirse ceder.



