Roubini descarta una burbuja IA y ve los bonos de EE.UU. estables

El economista Nouriel Roubini atribuye el repunte de la deuda estadounidense al auge inversor tecnológico y descarta una burbuja en la inteligencia artificial. Sus claves sobre empleo, Fed y Japón, en ocho minutos.

Hay días en que los mercados piden explicaciones y otros en los que un solo economista las ordena en ocho minutos. Nouriel Roubini, en su última intervención en Bloomberg Television, descartó que la inteligencia artificial esté formando una burbuja y atribuyó el repunte de los bonos estadounidenses a un auge de la inversión que, en su opinión, refleja más crecimiento real que miedo a la deuda.

El repunte de los bonos responde al auge inversor

El economista explicó que existen tres razones por las que las rentabilidades pueden subir. La primera, las expectativas de inflación, no parece ser el motor: en Estados Unidos siguen ancladas en torno al 2%. La segunda, la preocupación fiscal, pesa más, pero el déficit estadounidense se ha estabilizado cerca del 6% del PIB y, con un crecimiento más alto, debería corregirse con el tiempo. La tercera razón, y la que para Roubini domina, es el boom de capital ligado a la inteligencia artificial y a las tecnologías del futuro.

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Ese repunte del rendimiento real, sostiene, no es una señal de fragilidad. Al contrario: cuando hay apetito por el riesgo, el crecimiento se acelera, las bolsas suben y los bonos se encarecen. En 2021 el rendimiento a cinco años rondaba el 1%; hoy se acerca al 5%. Y las acciones estadounidenses han ofrecido retornos de doble dígito durante cinco años seguidos. Para Roubini, el mercado puede absorber ese encarecimiento precisamente porque atraviesa un ciclo de inversión, no de excesos puntuales.

Un cambio secular que va más allá de Estados Unidos

Roubini reconoce que el movimiento de los bonos no es exclusivo de Washington. Afecta también a Reino Unido y a Japón, y tiene un componente secular. Estados Unidos, Europa y Japón han salido de aquel gran estancamiento de tipos cercanos a cero, y ahora conviven con una inflación próxima al 2% en todo el mundo. Lo relevante, a su juicio, es que el repunte inversor tampoco es solo estadounidense.

En muchas partes de Asia la inversión crece en relación con el PIB. Y el gasto en defensa, que Roubini define como otra forma de inversión en resiliencia y seguridad, empuja los rendimientos reales al alza. No lo plantea como un problema: parte de ese movimiento refleja que la economía global se está fortaleciendo gracias a la innovación.

Empleo: una restricción de oferta, no de demanda

Preguntado por el informe de empleo que se publica esta semana, el economista anticipa cifras probablemente aceptables. La desaceleración del crecimiento del empleo en Estados Unidos, insiste, proviene de la falta de oferta laboral. El envejecimiento de la población, las restricciones migratorias y las deportaciones masivas han reducido la fuerza de trabajo. No es, por tanto, una historia de demanda debilitada.

Hay quien ve una burbuja en la inteligencia artificial; no es mi visión. Creo que se trata de un aumento secular del crecimiento potencial, aunque pueden producirse correcciones.

— Nouriel Roubini

Roubini subraya que el mercado laboral está cerca del pleno empleo. Y coloca la variable decisiva para la Reserva Federal en los informes de inflación que están por llegar, no en el dato de empleo. Si el banco central se mueve en septiembre, argumenta, no será por el mercado de trabajo.

Por qué Roubini descarta una burbuja de IA

El temor a que la inteligencia artificial esté inflando una burbuja no forma parte de su escenario base. A corto plazo, recuerda, este auge exige más mano de obra: la construcción de centros de datos y la expansión del gasto en capital aumentan la demanda de trabajadores. El desplazamiento laboral, si llega, es una preocupación de medio y largo plazo.

Roubini va más lejos y pide ampliar el foco. La inteligencia artificial no es la única tecnología del futuro. Menciona la robótica, los semiconductores, la biomedicina, la exploración espacial, la computación cuántica, la energía de fusión y los nuevos materiales. Cada una de esas industrias se beneficia de los avances de la IA, y juntas explican que el crecimiento pueda sostenerse en el tiempo.

Las ganancias de productividad, advierte, no aparecen de inmediato. Existe un desfase entre el momento en que se invierte y el momento en que se ven los resultados. Su lectura es que esos frutos se materializarán en los próximos años.

Japón y el yen, el otro foco del análisis

El economista se mostró razonablemente optimista con Japón a medio plazo. El país atraviesa una transformación estructural de su economía y participa de forma relevante en varias de esas tecnologías del futuro: inteligencia artificial, robótica, computación cuántica y tecnología de defensa. Para Roubini, Japón, Corea del Sur y Taiwán lideran esa carrera en Asia, por detrás de Estados Unidos y China.

En cuanto al yen, su debilidad responde al diferencial de tipos entre Estados Unidos y Japón. Mientras la Reserva Federal mantenga una política más restrictiva, la moneda japonesa tenderá a debilitarse. Si el banco central estadounidense sube tipos en septiembre y vuelve a hacerlo en octubre, como contempla Roubini, el yen podría estabilizarse y fortalecerse gradualmente a medio plazo.

Lo que cambia para el inversor

Las intervenciones del secretario del Tesoro estadounidense para contener los rendimientos tienen, a juicio de Roubini, un efecto marginal. Duplicar las recompras de deuda puede arañar unos pocos puntos básicos, pero no altera los motores de fondo: la preocupación fiscal o, en su opinión más determinante, el auge de la inversión. Mientras los rendimientos sigan impulsados por el crecimiento, conviven tipos más altos, más inversión y retornos bursátiles positivos.

El economista reconoce riesgos geopolíticos abiertos, desde la tregua entre Estados Unidos y China hasta la situación de Rusia y Ucrania, pasando por el estrecho de Ormuz. Pero su impacto en materias primas, energía y alimentos ha sido moderado hasta ahora. Su escenario base descarta una escalada al menos hasta las elecciones de mitad de mandato estadounidense.

Una lectura que invita a mirar más allá del ruido

La tesis de Roubini tiene consecuencias prácticas para quien observa los mercados. Si los tipos suben porque la economía se expande, el mensaje cambia: no es un castigo a la deuda, sino el precio de una transformación tecnológica. Eso no elimina el riesgo de correcciones puntuales en la inteligencia artificial, pero situa la conversación en el crecimiento potencial y no en la burbuja.

La gran incógnita sigue siendo la inflación. Si los próximos datos sorprenden al alza, la Reserva Federal tendrá menos margen para convivir con el auge inversor. Si se mantienen cerca del 2%, la narrativa de Roubini gana fuerza. Por ahora los mercados parecen dispuestos a creer en el crecimiento; la pregunta es cuánto tiempo aguantarán sin una corrección que ponga a prueba esa confianza.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.

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