La subida de carburantes en septiembre encadena nueve semanas al alza y deja el litro de gasóleo en 1,865 euros.
El dato semanal: máximos de marzo y un depósito 25 euros más caro
Según el Boletín Petrolero de la Unión Europea, el gasóleo subió un 0,21% en la semana publicada y la gasolina un 0,52% hasta los 1,732 euros. Desde el fin de la rebaja del IVA al 10% a principios de julio, el diésel acumula un 24% de subida y la gasolina un 20,4%.
Llenar un depósito medio de 55 litros de diésel cuesta 102,57 euros, 25,13 euros más que hace un año. En gasolina, el desembolso asciende a 95,26 euros, casi 14 euros por encima del dato de septiembre de 2025.
Pese a todo, los precios españoles siguen por debajo de la media europea. La gasolina de 95 en la UE está en 1,949 euros y el diésel en 2,039 euros; en la eurozona, las medias son de 2,030 y 2,099 euros, respectivamente.
La referencia histórica no está tan lejos: en julio de 2022, la gasolina alcanzó 2,141 euros y el gasóleo 2,1 euros. Ahora no hay un escenario comparable de pánico energético, pero la tendencia es claramente alcista.
El origen del repunte se remonta al conflicto en Irán, que tensionó el crudo en julio y ha mantenido la prima de riesgo geopolítico sobre el Brent. A la incertidumbre se sumó la retirada del IVA reducido, un cóctel que explica la velocidad de las subidas.
Conviene recordar que la evolución del crudo no se traslada de inmediato al surtidor. Existe un decalaje temporal entre la cotización del Brent y los precios finales, lo que explica parte de la inercia que se observa en los boletines.
El diésel ha subido un 24% en dos meses y los datos aún no recogen la última rebaja fiscal: el margen de error en las próximas semanas es alto.
Fiscalidad y el impuesto especial: el margen que amortigua

La escalada arrancó al decaer, el pasado 29 de junio, la rebaja del IVA al 10% que formaba parte del primer paquete anticrisis de marzo. Aquel cambio devolvió presión a los surtidores y no ha cedido en nueve semanas consecutivas.
En paralelo, el Gobierno ajustó el impuesto especial de hidrocarburos. Para el gasóleo, la rebaja prevista de 5 céntimos por litro en septiembre se elevó finalmente a 20 céntimos por litro desde el 1 de septiembre, en respuesta a la fortísima subida de julio. La gasolina mantiene una rebaja de 10 céntimos por litro desde el 1 de agosto.
Antes de este ajuste, la fiscalidad de los carburantes había logrado encadenar cinco caídas y alejar el diésel del mínimo anual. La retirada de esa red de seguridad invirtió la tendencia en julio y abrió la puerta a la actual racha.
Un matiz técnico relevante: los precios del boletín corresponden a la semana del 25 al 31 de agosto, por lo que la rebaja de del IEH para el gasóleo vigente desde el 1 de septiembre no está incorporada. El dato aún no recoge esa rebaja. La próxima actualización podría moderar la serie, aunque el efecto neto sobre la inflación dependerá del crudo.
Análisis Merca2: inflación energética, BCE y qué esperar
A mi juicio, este repunte no es ruido aislado. Los carburantes son uno de los componentes más visibles del IPC y el refugio fiscal que se aplicó en julio ha perdido parte de su potencia. La subida del 24% en el diésel se traduce directamente en costes logísticos que acaban filtrándose en la cesta de bienes, y no solo en el surtidor. La inercia es real.
El Banco Central Europeo mantiene un discurso de dependencia de los datos. Con un repunte energético de esta magnitud, la lectura de inflación de agosto —que publicará el Instituto Nacional de Estadística el próximo 11 de septiembre— cobra relevancia. Una décima de más en la tasa general puede enfriar las expectativas de nuevos recortes de tipos.
En mi lectura, el mercado español de carburantes ha sido históricamente sensible a la fiscalidad diferencial con Europa. Que hoy repostemos un 11% más barato que la eurozona no es mérito del crudo; es mérito de una imposición más baja. Ese colchón puede mantenerse, pero no está blindado si el déficit público presiona al alza los impuestos especiales en 2027.
Nueve semanas de subidas no son una anomalía: son la confirmación de que la energía vuelve a ser un vector de inflación en la recta final de 2026.
El riesgo más incómodo, a mi juicio, no está en el precio actual, sino en la combinación de un crudo sostenido por la tensión geopolítica en Oriente Medio y una fiscalidad que empieza a agotar su margen. Si el Brent repunta por encima de los 90 dólares en el cuarto trimestre, el diésel español se acercará a los 2 euros con más rapidez de lo que el consenso descuenta. El margen de maniobra se estrecha.
En el plano bursátil, las refinadoras y distribuidoras españolas cotizan esta realidad con signo mixto. La subida de los precios de venta mejora los márgenes de refino, pero el efecto sobre el consumo puede restar demanda total. Repsol, como integrada vertical, suele beneficiarse del aumento del precio del crudo y de los márgenes de destilación; no obstante, la fiscalidad final sobre el diésel es un factor de incertidumbre regulatoria.
El siguiente hito concreto será la publicación de los datos semanales correspondientes a la primera semana de septiembre, que por primera vez incorporarán la rebaja de 20 céntimos en el gasóleo. Ahí se verá si la tendencia se rompe o si el componente internacional la mantiene viva.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: No hay un activo cotizado directo, pero el litro de diésel cierra la última semana disponible en 1,865 euros, un 0,21% por encima de la anterior. La gasolina se sitúa en 1,732 euros.
Clave técnica: El diésel se mantiene por debajo del soporte de 1,883 euros que marcó en marzo, pero la pendiente alcista de 9 semanas sugiere que cualquier revisión fiscal a la baja será solo un respiro si el crudo no corrige.
Apunte macro: El repunte del 24% en el diésel añade décimas a la inflación general ya en el dato de agosto. La prima de riesgo española no recoge aún este factor; si el BCE lo lee como persistente, la pausa en tipos puede alargarse más de lo previsto.




